La Sala de Redacción, taller del periodista*

Víctor Toro Cárdenas, presidente de la Fundación Para el Periodismo, nos recuerda el intenso debate que agitó al gremio periodístico en coincidencia con el surgimiento de las primeras escuelas de periodismo a nivel universitario. ¿El periodismo es una ciencia o es un oficio?

Yo, como muchos colegas, soy de los que piensa que el periodismo es un  oficio y que, como tal, se aprende en un taller. Y el taller del periodista no es otro que la sala de redacción. Yo pertenezco a una generación de periodistas que se formó en esa escuela, en la escuela de la cobertura diaria.

En esa época, estamos hablando de los años 50 y 60 del siglo pasado, cuando la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica ni siquiera existía en proyecto, lo más cercano a la “formación académica” –si podemos llamarla de ese modo– a la que podía aspirar un joven boliviano, era el curso de periodismo “por correspondencia” que se ofrecía desde algún país latinoamericano.

Hasta entonces, las escuelas de los periodistas eran las salas de redacción de los periódicos y de algunos medios en particular, como la Agencia de Noticias Fides (ANF) o el diario Presencia, donde maestros como el padre José Gramunt o Huáscar Cajías impartían su cátedra con un lápiz rojo en la mano y un amplio bagaje de normas estilísticas que habían ido acumulando en la memoria a fuerza de corregir originales.

Bolivia no era la excepción. Ocurría lo mismo en otros países, como nos cuenta el maestro Gabriel García Márquez en su texto clásico El mejor oficio del mundo, en el que evoca sus clases prácticas en las redacciones de El Universal y El Heraldo, donde se graduó como “reportero raso”, y sobre todo en las tertulias de los cafetines y las cantinas de Cartagena y Barranquilla.

No es difícil supone que los “manuales de estilo” surgieron precisamente de la práctica diaria de esos editores curtidos en la experiencia, en sus “cátedras ambulatorias y apasionadas”, como las llama García Márquez, ante la necesidad de unificar criterios mediante reglas precisas, a fin de dar coherencia a los relatos periodísticos.

Es la explicación también para la proliferación de manuales y libros de estilo, tanto que llevó a Ernest Hemingway, maestro de varias generaciones de periodistas, a dar un consejo hoy todavía vigente: “Las fórmulas periodísticas –dijo– han sido probadas, aprobadas y santificadas. Todas  en conjunto se reducen a ciento diez reglas, de las cuales solo dos son válidas. Regla número uno: usar frases cortas; regla número dos: emplear un estilo directo, sin rodeos”.

Alguna vez le preguntaron al amigo Paulovich  (Alfonso Prudencio Claure) si el periodista nace o se hace. “¡Se deshace!”, respondió sin asomo de duda, tal vez pensando en que no existe nada más letal  para cualquier pretensión literaria que las normas básicas del lenguaje periodístico: claro, preciso, conciso y directo.

Es cierto que la vocación es fundamental, llevar “la tintan en la sangre”, pero también, como dije al principio, creo que el periodismo es un oficio y, como todo oficio, requiere de técnicas y herramientas para ejercerlo con la maestría y la solvencia  de cualquier artesano.

Muchos sostienen que el periodismo es un arte y algunos, como el veterano corresponsal de guerra español Manuel Manu  Leguineche, afirman que incluso “periodismo y literatura son orillas del mismo río”. En todo caso, yo creo firmemente que el periodista “se hace” y que no tiene otra “musa” que la realidad, a la que interpreta y recrea a la hora de contar historias en cualquiera de los géneros.

Y esto explica la utilidad de una publicación como Sala de Redacción, que alude, precisamente, al “taller” donde se forman los verdaderos periodistas. No es, como advierte Víctor Toro, un manual al estilo clásico, sino una “guía práctica”, como precisa el subtítulo de la obra.

“Sus autores” –nos dice Víctor Toro– no intentan dar lecciones de periodismo, sino orientar a periodistas y estudiantes de periodismo sobre cómo narrar de mejor manera la historia de cada día”, desde diversos puntos de vista, no solamente desde  “la necesidad de escribir bien”, sino de hacerlo a partir de  la práctica de principios fundamentales, como lo9s derechos humanos, la ética y la democracia.

Así, Isabel Mercado, verdadera arquitecta de la obra que presentamos, no recuerda la importancia de no olvidar principios elementales del lenguaje, la materia prima del periodismo, que nos suele jugar muy malas pasadas a todos los periodistas, novatos y veteranos. Se dice que los médicos entierran sus errores, que los abogados los encarcelan y que los periodistas los publicamos. Pues bien, conviene conseguir los consejos de Isabel, al menos hasta que la Real Academia de la Lengua tome en serio la propuesta de García Márquez de simplificar las reglas gramaticales.

Isabel también nos recuerda –yo diría que más bien nos enseña– cómo escribir sin aburrir al lector sobre economía y negocios, cómo contar las historias que afectan a la vida cotidiana y a los bolsillos de los ciudadanos, pero sobre todo nos enseña, en el marco de sus especialidad, cómo evitar el sensacionalismo, el estereotipo y la discriminación. En resumen, cómo escribir respetando los derechos humanos y la dignidad de las personas.

Renán Estenssoro, director ejecutivo de la Fundación, nos tiende una mano para evitar la vergüenza de la franca ignorancia o las imprecisiones a la hora de abordar temas jurídicos. Uno de los principios del periodismo es: “Si dudas o no sabes, no lo escribas”, pero, a partir de ahora, podemos decir, al menos en los temas jurídicos: “Si dudas o no sabes, consulta con Renán”. Todo ello, además, teniendo en cuenta que el periodista debe ser claro pero al mismo tiempo preciso, un equilibrio que suele ser difícil a la hora de escribir sobre temas especializados.

Alberto Bailey nos dice que la ética es la brújula que orienta el accionar del periodista y pasa revista a los principios de autorregulación que sostiene la calidad y credibilidad del trabajo periodístico, en tanto que Carlos Mesa, en su doble condición de periodista e historiador, nos describe diez momentos clave de la historia de Bolivia, un pequeño gran resumen de lo que debería conocer todo periodista que quiera escribir sobre la realidad boliviana.

Yo me inicié como periodista en 1964. Un amigo jesuita me dijo que el padre Gramunt necesitaba un redactor para el informativo del mediodía. Cuando llegué a Fides, Gramunt me preguntó: “¿Sabes escribir?  ”Depende”, le respondí para ganar tiempo. A continuación me dictó  algunos datos sobre un hecho cualquiera y me pidió que redactara con ellos una noticia. Así lo hice en una vieja máquina de escribir Olivetti. Cuando terminé, Gramunt leyó detenidamente mi texto, hizo varias correcciones con su lápiz rojo y me dio algunas indicaciones sobre la estructura de una noticia. Fue mi primera lección de periodismo. Años después, cuanto ingresé a la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica, a cuya primera promoción pertenezco, me enteré que la explicación del padre Gramunt correspondía a la “pirámide invertida”.

Recordé esta primera experiencia al leer Sala de Redacción y me dije a mi mismo: cómo me hubiese gustado tener un texto como éste cuando me inicié hace 48 años en la vieja redacción de la Agencia Fides del Colegio San Calixto.

*Texto leído en la presentación del manual Sala de Redacción – Guía práctica de periodismo y derechos humanos, editado por la Fundación Para el Periodismo. La Paz, 13 de septiembre de 2012).

Un periodismo del día después, con la frescura del día de hoy

Un colega boliviano dijo alguna vez que organizar una empresa periodística en Bolivia era como intentar construir un Concorde en un garaje. Yo creo que es algo más difícil. Y no estoy hablando solo de de dificultades materiales o económicas, suficientes para desanimar a cualquier Quijote, sino de otras que, aunque más sutiles –y a veces no tanto–, convierten el empeño en una carrera de obstáculos.

Cuando pienso en la redacción de un diario boliviano imagino un gran bazar, donde reporteros y redactores, entre golpes de tecla, se esfuerza en proteger la cristalería –así de frágiles son nuestras libertades– del tropel de intocables y poderosos que ven en cada periodista un enemigo y en cada medio la causa de todos sus males.

Pero, además, estamos viviendo tiempos de cambio, una época de crisis y revolución de los medios, en la que la prensa se ve obligada a buscar un perfil para abrirse paso y ganar un espacio de un mercado competitivo.

En este contexto, no es mérito menor el que ha logrado Página Siete en su primer año de vida.

No soy de los que piensan que la “prensa de papel” está perdiendo la batalla ante los medios digitales. No creo, por lo tanto, que el periódico esté en una fase terminal y que tenga sus días contados.

La televisión no mató a la radio, tampoco Internet dará cuenta de los medios impresos, aunque éstos, claro está, tendrán que adaptarse a los nuevos tiempos, como de hecho se han venido adaptando durante décadas de avance tecnológico.

En lo que sí creo es en el periodismo, en los contenidos que dan vida a todos los soportes, tradicionales y digitales, y en los periodistas que los elaboran, los profesionales que escudriñan la realidad y dan testimonio cotidiano de los hechos.

Los avances tecnológicos son un reto monumental para la prensa escrita, pero también son una oportunidad. Nos han enseñado que no hay nada más viejo que un diario, con mayor razón en los tiempos actuales, cuando el lector se enfrenta a un periódico con un bagaje informativo completo, proporcionado no solo por la radio y la televisión, como ocurría hasta hace pocos años, sino también por un amplio abanino de medios online y redes sociales.

Pero, como dijo el maestro Gabriel García Márquez, “la mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor”. Y ese es el gran reto del “periodismo de papel” del siglo XXI: escribir el diario del día después con la frescura del día de hoy, un diario que permita al lector recuperar el placer de la lectura a la hora del café matutino y le aporte la credibilidad que no encontrará en la volatilidad online.

Cuando un periodista joven me pregunta cómo trabajaban “los periodistas de antes”, cuando no existía internet, cuando el e-mail y el twitter eran ciencia ficción, yo simplemente respondo: “Salíamos a buscar la noticia a la calle, que es donde suele estar. Es decir, hacíamos periodismo”.

Página Siete está recorriendo ese camino, recuperando la tradición del buen periodismo, el periodismo de fondo y de las buenas historias, las historias que interesan a la gente, contadas con talento. Un periodismo que, no importa el formato o el soporte que utilice como vehículo, sea tradicional o multimedia, buscará siempre informar y formar, pero también deleitar.Página Siete – 24 de abril de 2011.

“Gato Salazar”, de la guerrilla del “Che” a la insurgencia zapatista

Por Ángel Tórres

La carrera profesional del periodista boliviano Juan Carlos Salazar del Barrio, popularmente conocido y llamado de “Gato Salazar” (debido a sus ojos verduzcos), si personalmente lo enaltece, su gremio y el país también quedan en alto.

Oriundo de Tupiza, se contó entre los 70 y más informadores del exilio de 1971, consecuente a la toma del poder político y económico de la nación por el entonces coronel Hugo Banzer para ejercicio en dictadura de siete años, tras derrocar al gobierno populista del general Juan José Torres. Salazar era corresponsal de DPA, gremialmente secretario de Libertad de Prensa de la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia.

Su paradigmática carrera comienza en La Paz, en 1964, como reportero de radio Fides y la culmina en Madrid, en 2010, como jefe del Servicio Internacional en Español de la Deutshe Presse-Agentur (DPA) tras de haber prestado servicios como corresponsal y jefe durante 40 años, sucesivamente en Bolivia, Argentina, México-Centroamérica y Cuba (Concurrente), naturalmente que con una digna jubilación; año en que, por coincidencia, la revista “100 Latinos-Madrid”, resalta su nombre, nacionalidad y profesión como ejemplo de vida y éxito.

Su personalidad y su formación

Nace en Tupiza, Potosí, el 24 de diciembre de 1945; sus padres: Carlos Eduardo Salazar y Elba del Barrio, varios hermanos.

Su simpático apodo felino de “Gato” le viene desde las aulas, en resalte de sus ojos verduzcos y franca disposición a participar entusiasta, de eventos cívicos y culturales, deportivos y sociales que, aparte de agradarle, le sirve cual tarjeta de presentación social.

Dotado de una clara inteligencia, idónea formación profesional y de carisma o áurea -entendida como facultad o don nato de atraer y hasta seducir a las personas- sea por su voluntarismo e iniciativa o su palabra, nada le resulta arduo para abrirse paso en la vida; como periodista, a tiempo completo, coloquialmente, “alma vida y corazón”.

Establecida su familia en La Paz dese los años 50, recibe una disciplinada instrucción y educación. Cursa la primaria en el colegio La Salle (1952-57), su secundaria en el colegio San Calixto, de La Paz y en el Sagrado Corazón, de Sucre (1958-63). Bachiller en Humanidades por la Universidad Mayor San Francisco Xavier (1964).

Nuevamente en La Paz, en 1970 obtiene el título de Técnico en Medios de Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana. En 1976, en ausencia, es titulado Periodista en Provisión Nacional por el sistema de Universidad-Boliviana-Consejo Nacional de Educación Superior.

La Deutsche Presse

Deutshe Presse-Agentur, en castellano Agencia Alemana de Prensa, es uno de los gigantes mass-media del mundo que, merced al talento y competitividad de sus ejecutivos, redactores, personal de apoyo e inmediatez en el uso de los avances de las tecnologías de comunicación electrónica, se coloca a la altura y más de las grandes agencias como Reuters, UPI, AFP, AP ó EFE. Informa en cuatro idiomas: alemán, inglés, español y árabe.

No se trata de un ente estatal, sino de una Sociedad de Responsabilidad Limitada, creada en Hamburgo, en 1949, por acuerdo de propietarios de diarios y firmas editoras, de radioemisoras y de estaciones de televisión, en una forma de supracooperativa, inicialmente para satisfacer el mercado noticioso de la República Federal Alemana (RFA). En su evolución llega a expandirse al resto de Europa y demás continentes; siendo notable su Servicio Europeo y el de Servicios Internacionales.

En 1960 crea su servicio internacional en Español, orientado a cubrir el mercado informativo de los países hispanoamericanos y, obviamente de España.

La caída del Muro de Berlín en 1989 y la reunificación alemana en 1990, apuran el proceso expansivo de DPA; así, en 1992 se abre un Centro Editor en Buenos Aires y en 1997 se establece en Madrid la Redacción Central en español.

En 1998, Juan Carlos Salazar es promovido de la corresponsalía en México a la de Madrid, a la Mesa Central Editora y al año siguiente es designado Jefe del Servicio Internacional en Español de DPA, a cargo de 120 corresponsales, durante cuyo ejercicio de once años “mejoró notablemente la calidad periodística del Servicio” según escribiera Klaus Blume, Jefe del Servicio Europeo y Coordinador de los Servicios Internacionales de DPA.

DPA en Bolivia

La Agencia Alemana de Prensa se asienta en el país mediante un acuerdo Sui géneris: el intercambio de noticias entre Radio FIDES y DPA, sin coste para ninguno, concertado en Hamburgo, a finales de 1960, entre el director de la emisora boliviana, José Gramunt de Moragas, y el representante de la agencia germana y el entonces director de los Servicios Internacionales de la misma, Alfred Bragard.

Gramunt es el primer corresponsal de DPA en Bolivia y Radio Fides el primer medio en el país en difundir la información servida por tal agencia.

El primer medio impreso en publicar el material noticioso de DPA, ya en 1961, fue el diario paceño “La Nación”, entonces bajo dirección de Hugo González Rioja. El matutino, empero, no contaba con un teletipo, de modo que el material se lo recibía en un aparato instalado en la embajada de la RFA, sin duda por cortesía, dado que DPA era y es una agencia privada. Dos redactores alternaban en la recepción del material noticioso, de lunes a viernes, puntualmente a partir de las 17 horas, durante unos 30 minutos. Ya en oficina de destino, titulado o no, el material se dejaba en el escritorio del Jefe de Cables de “La Nación”, José Medrano; al día siguiente se podía leer el material publicado.

“Gato Salazar” fue el segundo Corresponsal-representante de DPA en el país, desde el 4 de septiembre de 1968 al 28 de agosto de 1971, debido a la represión política. Ana María Romero de Campero (+) tuvo la corresponsalía durante los años 80. DPA, al presente tiene como corresponsales a los periodistas Mario Roque Cayoja y a Gustavo Ondarza.

El periodista gana al abogado

Salazar emprende su carrera periodística en Radio Fides, en 1964, como algo coyuntural, mientras realiza sus estudios de Derecho en la UMSA, donde cursa los años 1965-66 poniéndoles alto en abril de 1967, debido a la relevancia internacional de la guerrilla del Che Guevara, que le impone definirse entre ser un buen abogado o un mejor periodista; grave dilema que se resuelve por lo segundo.

A R-Fides le dedica cinco años, hasta agosto de 1971, simultaneando labor para la Agencia de Noticias Fides (ANF), creada en la misma emisora de los padres jesuitas.

Cubre la guerrilla guevarista para R-Fides y ANF. Ese entonces, el director de la emisora, Gramunt, ya tenía la corresponsalía de DPA, a la que se añade la de EFE, debido que nuestro felino periodista informa también para esas dos agencias de noticias europeas.

Ese mismo año, entre septiembre al 18 de noviembre, informa, siempre desde Camiri, las incidencias del proceso judicial castrense seguido a Regis Debray, Ciro R. Bustos y a cuatro guerrilleros desertores. La cobertura informativa de la guerrilla y del Consejo de Guerra, aparte de su connotación histórica, constituye su consagración profesional, interna y externamente. Tenía 22 años.

El 4 de septiembre de 1968, DPA, le nombra Corresponsal-representante en Bolivia, función que desempeña hasta el 28 de agosto de 1971.

El tabloide “Hoy” de La Paz, cuenta con sus servicios entre 1969-70, como el canal 7 de TV en parte del 71. Esos años, por lo demás, escribe colaboraciones para los matutinos “Presencia” y “El Diario”, resaltando en el vocero católico sus reportajes sobre la victoria electoral de Salvador Allende (Chile).

En agosto del 71 se da el gran salto de su carrera, de lo nacional a lo internacional. La represión política desatada por el régimen banzerista que alcanza a sindicalistas, intelectuales, periodistas y sospechosos de desafección, le impele a preservar su vida. Renuncia a la corresponsalía de DPA y marcha al exilio, a Buenos Aires, donde, para su sorpresa, lo espera un personero de esa agencia alemana y le hace saber que su dimisión no fue aceptada y que debe continuar trabajando para DPA.

Camiri; no Muyupampa

La mañana del 23 de marzo de 1967, domingo, un grupo insurgente desconocido embosca a una patrulla militar en el cañadón de la región selvática y montuosa del país llamada Ñancahuazú, dentro de la jurisdicción del departamento de Santa Cruz. Se trataba del primer golpe guerrillero que propendía a crear en el país un foco de guerrilla de irradiación continental, cuyas acciones se prolongan hasta el 8 de octubre en que la insurgencia es aniquilada en el Vado del Yeso, aprisionando al jefe rebelde y al día siguiente muerto en una escuelita de La Higuera.

Unos 45 días antes, o menos, “El Diario” da noticia de la presencia de guerrillas en el territorio, sustentada en una alta fuente palaciega, pero a las 24 horas, el Presidente Barrientos niega tal extremo, afirma que hay normalidad pública. Entonces y hasta poco después de la emboscada en Ñancahuazú, se ignoraba la identidad del jefe insurgente, la nacionalidad y número de los alzados, dando lugar a serie de especulaciones informativas; decíase tratarse de unos 500 extremistas de Perú, Cuba y de países del este de Europa.

La emboscada guerrillera tuvo un efecto de bomba de amplio poder expansivo. En las redacciones de los principales medios de comunicación de La Paz se adoptaron las medidas pertinentes para la cobertura informativa de la guerra de guerrillas desatada, cuya repercusión pasa de lo nacional a lo externo.

El matutino de la primicia destaca a un enviado de prensa con destino a Sucre y desde allí desplazarse al poblado no muy alejado de Muyupampa, en Chuquisaca, en razón a que desde allí se emitían algunos partes militares de guerra; otro periodista se trasladó a Santa Cruz de la Sierra. El diario “Presencia” se movía mediante su corresponsal en Sucre, Hugo Delgadillo (†). El enviado a Sucre, al llegar al aeropuerto capitalino, la primera persona conocida que encuentra es a “Gato Salazar”, quien le dice: “Angelito: en Muyupampa no hay nada, tenemos que ir a Camiri, allí está la gran cocina de todo”. El fue el primer enviado de prensa a la cobertura informativa de la guerrilla, al parecer sólo para R-Fides, pero también para DPA y EFE, sólo que con la dirección equivocada, pues. Muyupampa como fuente informativa no era más que una estratagema castrense para el despiste de periodistas.

La capital petrolera

El viaje a Camiri, pequeña ciudad industrial petrolera y comercial cruceña de unos 30.000 habitantes, se lo hizo en un taxi (Jeep) pagado a medias. Durante mucho tiempo en el país, los enviados de prensa viajaban apenas con una muda de ropa y provistos nada más que de una libreta de notas y bolígrafo.

Camiri, sede de la 4ta. División de Ejército, lo era también del comando antiinsurgencia de su área; igualmente de un activo centro productivo de YPFB y de activo comercio con la Argentina. Para sus comunicaciones con el resto del país le bastaban el correo y el telégrafo, si bien YPFB estaba dotado de radiotransmisor, telefonía y serie de comodidades para su personal superior y técnico, como en una ciudad dentro de otra. Con ocasión del Consejo de guerra se apura el tendido de la red de telefonía local.

Los periodistas, nacionales y extranjeros, podían desplazarse libremente a Camiri, hasta que se la declara zona militar y para el ingreso debíase recabar autorización militar en La Paz. Una aspiración de los informadores de prensa, íntima o revelada, era la de contactar con algún enlace insurgente y por ese medio llegar hasta el jefe en armas; lo que no pasó de quimérico.

Para ingresar a la zona propiamente de conflicto, desde Camiri, era posible desplazarse en Jeep hasta Lagunillas y de ahí a pie hasta la famosa “casa de Calamina” que, dejándola atrás, siempre a pie, se llega a un gran cañadón surcado por un río de cristalina aguas que al recorrerlo se abre a una zona de gradiente favorecida por la espesura de la arboleda, se llega, por fin, a una semi explanada que constituía el campamento central guerrillero; pero sólo cuando el vivac estaba tomado por las tropas nacionales. Nadie podía aventurarse solo, sino acompañado de un oficial y escolta. La guerrilla ya estaba en declinación.

El Consejo de Guerra

El francés Jules Regis Debray aparece en la escena de la guerrilla el mes de abril, al ser capturado en las afueras de Muyupampa, procedente de Ñancahuazú, conjuntamente con el argentino Ciro Roberto Bustos, aduciendo los dos ser periodistas. De los interrogatorios al galo se supo que el “Che” Guevara comandaba la insurgencia y que sus alistados no pasaban de 50. El problema militar de Estado era qué hacer con ellos, decidiéndose someterlos a la justicia militar.

El Consejo de Guerra, presidido por el coronel Efraín Guachilla, se sustanció en Camiri, entre septiembre al 18 de noviembre, última audiencia en la que se sentenció a cada uno a 30 años de prisión militar y se absolvió a los cuatro bolivianos.

Se desarrolló entre incidencias de procedimiento y también políticas. El Dr. Raúl Novillo era abogado de Debray y el Dr. Jaime Mendizábal Moya Bustos. Los juristas adalid Herbas y Manuel Morales Dávila representaban a la Parte civil o acusadora de los delitos de “rebelión”, asesinato, robo y heridas”. El coronel Remberto Iriarte hizo de Fiscal, quién, en la primera audiencia, en su exposición, dando por probados los delitos, demandó la pena máxima para los dos extranjeros y penas menores para los cuatro bolivianos, lo que dio lugar a que el abogado Mendizábal recurriera la incompetencia jurídica del tribunal militar para ocuparse de delitos políticos y comunes .

En otra incidencia, un enviado de la Fundación Bertrand Russel (Inglaterra) intentó la lectura de una declaración, pero fue detenido y expulsado de Camiri y del país. Debray y Bustos siempre adujeron ser periodistas, en octubre, empero, a las 48 horas de la certificación de la muerte de Guevara en la escuelita de La Higuera, Debray sorprendió declarando su “corresponsabilidad moral política” con el movimiento guerrillero. Entre los juristas observadores se contaba uno que había intervenido en el proceso de Nuremberg, acabada la Segunda Guerra Mundial.

El consejo de Guerra atrajo a unos 80 periodistas del exterior, siendo de franceses el mayor número; de parte de los nacionales no más de cinco. Unos diez informadores fueron expulsados de Camiri y muchos que decían tales jamás enviaron una sola línea de texto por los aparatos de Cable West Coast. Entre tantísimos periodistas Gato Salazar se movía cual pez en el agua y hasta ganó en unos preciosos minutos en la difusión de la sentencia judicial a sus estirados colegas del exterior, gracias a una feliz iniciativa suya, (Los coroneles Guachalla e Iriarte fueron ascendidos al generalato de brigada en 1968. En 1970, el gobierno del general Torres liberó en secreto a Debray y a Bustos).

El exilio del 71

La proscripción de periodistas entre los que se contó Salazar, tras la ascensión del general Banzer al poder, quebró el récord de 1952 (MNR) que alcanzó a unos 30, principalmente a toda la redacción del antiguo diario paceño “La Razón” y de otros medios; en 1971 fueron setenta y más, acogidos en países vecinos, de más allá y de Europa.

Los mejores preparados y dispuestos para enfrentar la adversidad, como nuestro “Gato”, rápidamente encontraron acomodo, se impusieron y ganaron lauros; lo mejor, enalteciendo la bolivianidad. A los que no les bien, tuvieron que conformarse con trabajo de correctores, en impresos eventuales y lo que les era posible.

Periodistas exiliados los tuvimos en diarios y revistas, radios y televisión, editoriales y firmas editoriales y firmas publicitarias en la Argentina, Perú, Chile (hasta 1973), Ecuador, Venezuela, México, Inglaterra, España, Italia, Francia, Suecia, Noruega, incluso un corresponsal en la guerra sirio-libanesa.

De Baires a México

Como ningún otro ex terrado, Salazar, desde el primer día de su ostracismo en Argentina, Buenos Aires, tuvo la fortuna de seguir en trabajo para DPA como Corresponsal adjunto, durante cinco años, del 29 de agosto de 1971 al 15 de julio de 1976.

De consiguiente le cupo cubrir, entre otros hechos noticiosos de repercusión mundial, la llamada “guerra sucia” de la dictadura. Argentina contra los montoneros rebeldes e izquierda en general que dejó miles de muertos, detenidos, torturados y desaparecidos.

Tras el quinquenio rioplatense, en abril de 1977 es destinado a igual función en México con cobertura coyuntural en Centroamérica y Cuba. Desde ciudad México viajaba con frecuencia a las diferentes repúblicas de Centroamérica para la cobertura de eventos riesgosos: revoluciones y guerras civiles, pero no ya como cuando en Bolivia que lo hacia munido nada más que de libreta y bolígrafo, sino de modernos artilugios de oficio.

México, con su impresionante multiculturalidad, desarrollo y compleja problemática, le reclama 22 años de su transhumancia de informador de prensa; cubre, entre otros eventos, la guerrilla zapatista que irrumpe en Chiapas, en la selva Lacandona, en enero de 1994, hasta donde se desplaza siguiendo el itinerario del ejército mexicano. La guerrilla del “comandante Marcos” no aspiraba a crear foco alguno de rebelión mayor, sino de llamar la atención sobre la deprimente vida de las comunidades de indígenas chiapanecos y del resto del país.

La gran promoción; el reconocimiento

Tras esas dos décadas de servicio en México-Centroamérica-Cuba, no sin haber escrito un tiempo para el “Excelsior”, DPA lo promueve en 1999 a Madrid, sede matriz de su Servicio Internacional en Español y enseguida es designado jefe del mismo; tiene bajo su orientación y dirección a 120 corresponsales acreditados en países de Hispanoamérica.

A tan importante servicio informativo de área de DPA, Salazar le imprime dinamismo y lo mejora notablemente, patentizados por el jefe de los servicios Internacionales de la agencia, el ya mencionado Klaus Blume.

Durante su trabajo en España, el mayor hecho noticioso, aparte de los frecuentes atentados de ETA y asuntos de política, economía y diplomacia, ocurre en Madrid, en septiembre de 2004, con los atentados terroristas de Al-Qaeda que causan 180 decesos y muchos heridos, lo que exige de Salazar como jefe, su mayor rigor y diligencia informativa, dada la competencia de las demás agencias.

En 2006, el Servicio Internacional en Español de DPA publica su “Manual de estilo”, elaborado como “trabajo de conjunto” bajo coordinación suya y prologado por Thomas von Mouillard, nuevo jefe de los Servicios Internacional y por Juan Carlos Salazar, Jefe del Servicio Internacional en Español.

El 2010 es un año imperecedero en la carrera de nuestro inefable “Gato Salazar”. Se cumple el cincuentenario del Servicio a su cargo, con cuyo motivo se publica una amena historia del mismo bajo el título “De Buena Fuente”, coordinado por él y prologado por Wolfgang Büchner, Redactor jefe de DPA; el número tres de la revista “100 Latinos-Madrid” consigna una reseña suya con foto y, al cumplir tal año el tiempo de trabajo reglamentario de DPA, pasa a la jubilación, sin mengüa de sus arrestos intelectivos ni de sus bríos profesionales.

(La Patria – Oruro, 2 de octubre de 2011)

Madrid homenajea a periodista boliviano como personaje latino

Agencia DPA

Madrid – Cien personalidades  de la comunidad latinoamericana residentes en Madrid recibieron hoy en la capital española un homenaje por su contribución al desarrollo social, cultural y económico tanto de España como de sus países de origen.

La ceremonia tuvo lugar en la Casa de América de la capital española. Allí se rindió tributo a 37 mujeres y a 63 hombres de 20 nacionalidades distintas y de ámbitos tan diversos como la política, la cultura, la ciencia, la empresa, el periodismo o los deportes.

Entre los “100 Latinos 2010” figuran el uruguayo Enrique Iglesias, titular de la Secretaría General Iberoamericana (Segib), el poeta cubano Raúl Rivero, el pintor dominicano Alonso Cuevas y el periodista boliviano Juan Carlos Salazar, director del Servicio en Español de la Agencia Alemana de Prensa (DPA).

Son “personas valientes, creativas, emprendedoras e inteligentes, cuyas vidas son verdaderos ejemplos de superación y esperanza”, dijo la presidenta de la Asociación Fusionarte y directora de este proyecto, Verónica Durán Castello.

También estuvieron entre los homenajeados el músico de jazz puertorriqueño Jerry González, la actriz colombiana Angie Cepeda, la gimnasta ecuatoriana Ana Izurieta, el escritor y presentador venezolano Boris Eizaguirre, el exfutbolista argentino Jorge Valdano, actual director general del Real Madrid, el actor costarricense Daniel Marote y el guitarrista y compositor brasileño Jayme Marques.

En la lista de galardonados figuran también la modelo boliviana Alejandra Oliva, la astrofísica argentina Nora Loisseau Lazarte, la única latinoamericana entre los 250 científicos del Centro Europeo de Astronomía Espacial; la cineasta uruguaya Mariela Besuievsky, productora de “El secreto de sus ojos”, premiada este año con el Oscar; el jurista y experto en derechos humanos colombiano Hernando Valencia, el sociólogo mexicano Israel Buenrostro y el colombiano Juan Mendoza, director artístico de la Escuela Superior de Música Reina Sofía.

“100 Latinos Madrid”, que celebró hoy su tercera edición, es una iniciativa de la asociación privada Fisionarte apoyada por la Comunidad de Madrid, la Casa de América y la Secretaría General Iberoamericana que pretende “identificar y reconocer a los latinoamericanos que con su esfuerzo, creatividad y emprendimiento contribuyen al desarrollo social, cultural y económico” de España y su país de origen.

En la ceremonia se entregó también un libro –“Historia de vidas, creatividad y emprendimi9ento”– con las fotos y las semblanzas de los homenajeados.

“Se trata de 100 noticias positivas acerca de personas creativas, emprendedoras, cuyas historias de vida son verdaderos ejemplos de superación y esperanza”, señalaron los organizadores.

Asimismo, del 17 de noviembre al 17 de diciembre tendrá lugar una exposición fotográfica sobre los homenajeados titulada “100 latinos, el triunfo de los sueños” en la estación Nuevos Ministerios del Metro de Madrid.

Los candidatos al galardón fueron propuestos por diversas instituciones, organizaciones, embajadas y empresas vinculadas a la comunidad latinoamericana residente en Madrid.

La Asociación Fusionarte fue creada en 2007 en la capital española con el “profundo convencimiento de que el arte y la cultura son dos poderosas herramientas de integración para los nuevos residentes madrileños”.

DPA – Madrid, 10 de noviembre de 2010