Bajo el sombrero de cuero

El sombrero de cuero, tan popular como la flor de patujú, cubre su rostro moreno y oculta su mirada aguda e inquisidora. Su imagen recortada  en un mar de banderas blancas y tricolores, se ha convertido en ícono de las marchas indígenas. Absorto en sus pensamientos, como suele estar incluso cuando departe con sus compañeros, rara vez sonríe. La voz pausada, casi monótona,  y la palabra sencilla, medida, dan tono y forma a su timidez. Sus amigos lo describen como un hombre de carácter fuerte. Y así encara su misión, con una voluntad rayana en la terquedad.

Nacido en El Paraíso, asume su liderazgo como un mandato evangélico. “Como nos pidió Jesús, cuando dio toma tu cruz y sígueme, nosotros cargamos nuestra cruz y salimos a los caminos. Y como Jesús, fuimos golpeados y humillados”, reflexionó en la Carretera de la Muerte, con los moretones todavía a flor de piel. Fernando Vargas hablaba con la naturalidad de siempre, pocos días después de la represión de Chaparina.

Voz y rostro de las dos últimas marchas en defensa de la “Casa grande” de los pueblos Yuracaré, moxeño y chimán, el territorio indígena de Isiboro Sécure amenazado por la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, el líder del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) tiene sangre moxeña, ocho hijos, estudios a nivel técnico y una gran afición a la ganadería. Pero, a sus 48 largos años, es ante todo el abanderado de una vieja causa. En esa condición fue protagonista, víctima y testigo de la intervención policial con la que el gobierno de Evo Morales intentó dispersar la octava marcha de los indígenas de Tierras Bajas.

Ocurrió el domingo 25 de septiembre de 2011. Los policías –todavía no se sabe enviados por quién– lo detuvieron y apalearon, tras tomar por asalto el campamento de San Lorenzo de de Yucumo. Durante 24 horas, hasta que fue liberado en Rurrenabaque, soportó insultos y golpes. “Cuando llegué (a la carretera) yo vi que venían filas de policías  tras de mí. Había un hombre civil de blanco que me dijo: ‘A vos te conozco y vos sos responsable de todo esto, vos vas a pagar eso’. Está bien, le dije, pero vos también  vas a pagar por lo que vas a hacer ahora”, recordaría días después.

Nació el 2 de abril de 1964 en una propiedad de su padre, El Paraíso, hoy convertida en comunidad. Estudió hasta octavo en Gundonovia, en el norte del TIPNIS, y después se trasladó a Trinidad, donde sacó el bachillerato. “Luego, como siempre me gustó la ganadería, me  dediqué  a ese trabajo”, rememoró en una entrevista difundida  por la Fundación Tierra. Sus padres, de quienes aprendió el oficio, llegaron a tener más de 600 cabezas. En 1982 dejó su hogar y se fue a Santa Cruz, donde hizo el servicio militar y trabajó de obrero y zafrero. Seis años después regresó al Beni, cuando sus padres lo creían muerto.

“Fui como el hijo pródigo de la familia”, recordó. Volvió casado y su padre le compró una propiedad en El Paraíso, en 1989, pero apareció otro supuesto dueño con un  título que le otorgaba  derechos sobre cuatro comunidades y la tierra que le regaló su padre. Vargas le inició una demanda y cree  que, en venganza,  el terrateniente ordenó matar a uno de sus sobrinos de seis años. “Después de eso mis hermanos me dijeron que dejara esa propiedad; tuve que hacerlo, pero yo no le tenía miedo”, relató. Él dejó la propiedad pero insistió en la demanda. Para ello pidió ayuda a la Iglesia Católica, que le dio un empleo como promotor jurídico. No le pagaban, pero aprendió un nuevo oficio y como tal hizo trabajos de saneamiento y titulación. “También tenía mi ganadito, pero tras una inundación, en 1991, perdí todas las cabezas”. El golpe fue duro y no sabía qué hacer.

Fue cuando inició su relación con la dirigencia indígena. En esa época, entre 1992 y 1993, la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB) impulsó el primer censo indígena, que arrancó en el TIPNIS. “Me capacitaron rápidamente y durante dos meses trabajamos con cuatro brigadas por todo el territorio”, recordó. En 1993 tomó un curso para técnicos jurídicos en Trinidad con catedráticos de la Universidad Gabriel René Moreno de Santa Cruz, a propuesta de los corregidores del TIPNIS.

En 1998 fue elegido secretario de Tierra y Territorio de la Subcentral del TIPNIS. En 2011 asumió la presidencia de la organización. “Todos los delegados, me parece, confiaron en mi persona”. Horas antes le habían preguntado: “Si nosotros te proponemos como candidato para presidente, no queremos que nos digas no, porque ahorita no hay otra persona en la que podemos confiar”. Y él les respondió: “Si ustedes consideran y mañana no me van a dar la espalda, yo acepto. Yo no quiero que cuando la lucha empiece me dejen”. Para entonces los indígenas ya habían tomado la decisión de realizar una nueva marcha.

Chaparina marcó su vida y selló su compromiso. Recuerda que llegó la policía y se lanzó en su persecución. “Me tumbaron, me volví a parar, pero me volvieron a golpear, y había una orden: ‘A este desgraciado hay que matarlo’. Después otro dijo que no: ´Deságanle la cara a punta de patadas’. Yo lo que hacía era cubrirme la cara y tirarme boca abajo”.

Un coronel espetó a los detenidos: “A nadie quiero escuchar hablar”. Los detenidos exigían a los policías que les desataran. El coronel les gritó: “¡Carajo!, ya les he dicho que nadie hable porque si no  les voy a tratar  realmente como animales”. En ese momento se paró Vargas y le dijo: “A ninguno de mis hermanos los va a maltratar. Si a mí me quieren, aquí estoy para que me maten, pero mátenme en este momento. Y él me dice: ‘si tuviera órdenes, lo haría en este momento’”.

La paliza le dejó dos costillas lastimadas y fuertes dolores que se agravaron con la caminata de dos las semanas siguientes, pero aguantó y entró a La Paz, triunfante, el 19 de octubre, y un año después protagonizó una nueva protesta, gracias al respaldo no solamente de sus bases, sino de su familia. “Mi mujer me dijo que tenga valor”, recordaría días después. Mucho antes, cuando asumió el liderazgo del TIPNIS, su esposa, Rafaela Menacho Monteverde, ya le había expresado su apoyo: “Me dijo que tenga valor y que no me deje influenciar, que jamás me deje comprar, que tengo que pensar en ella, en mis hijos y en mi reputación, y que eso hace grandes a mis hijos”.

Vargas no olvida Chaparina. “Ha despertado la conciencia de los bolivianos y ha logrado unir a todo el país en torno a la defensa del medio ambiente”, dijo mientras ascendía por la Carretera  de la Muerte, rumbo a Chuspipata, cerca de la Cumbre, en las puertas de La Paz. Todavía no había terminado la octava marcha y la novena ni siquiera se vislumbraba en el horizonte. Caminaba a paso lento y acompasado. De vez en cuando volteaba  la cabeza para constatar el ritmo de los marchistas. Haciendo visera con la mano derecha  para cubrirse del sol, contemplaba la larga fila multicolor que avanzaba serpenteando por la cornisa del camino, entre caídas de agua, precipicios y acantilados. “¡Ya falta poco!”, alentaba a sus compañeros.

Nueva Crónicas – 2ª quincena de septiembre de 2012

Marcelo, periodista*

La producción periodística de Marcelo Quiroga Santa Cruz durante su exilio de Chile, Argentina y México (1971/77) es prácticamente desconocida en Bolivia, no solo porque la censura impuesta por la dictadura de Hugo Banzer Suárez impidió la difusión de sus escritos y opiniones en la prensa nacional de la época, sino también por la trayectoria al menos curiosa de la primera edición de Hablemos de los que mueren (1984), la recopilación de sus artículos periodísticos.

Publicado por la editorial Tierra del Fuego, una empresa fundada por un grupo de intelectuales argentinos en la Ciudad de México, el libro tuvo corto recorrido, debido, sobre todo, a los problemas económicos que confrontó la editora poco después del lanzamiento de la que sería su primera y única producción. No eran buenos tiempos, ni entonces ni ahora, para las aventuras editoriales independientes.

La edición de 1.000 ejemplares apenas tuvo circulación en la colonia de exiliados latinoamericanos y terminó, como el propio proyecto editorial, en el fondo de un depósito de la capital azteca. Su reedición en Bolivia tampoco tuvo suerte. El sangriento golpe de Luis García Meza y Luis Arce Gómez, que costó la vida del propio Marcelo, interrumpió la impresión en 1980.

La práctica política y obra teórica que desarrolló Quiroga Santa Cruz en Bolivia son harto conocidas por la opinión pública, debido al papel preponderante que desempeñó el líder socialista en la lucha democrática entre 1960 y 1980, año en que fue asesinado y sus restos desaparecidos por la dictadura de Luis García Meza y Luis Arce Gómez.

Opositor de primera línea de los regímenes militares dictatoriales de la segunda mitad del siglo XX, Quiroga Santa Cruz sentó en el banquillo de los acusados a los generales René Barrientos Ortuño y Hugo Banzer Suárez, acciones parlamentarias que le valieron la cárcel y el exilio. También dio prueba cabal de coherencia política al promover y ejecutar –como ministro de Minas y Petróleos del gobierno de Alfredo Ovando Candia (1970)– la nacionalización de la Bolivian Gulf Oil Company y encabezar la resistencia al golpe fascista del 21 de agosto de 1971. No menos conocida es su actuación, como fundador y líder del Partido Socialista-1 (PS-1), durante la apertura democrática de fines de la década de los 70.

Quiroga Santa Cruz dedicó los años del exilio a la cátedra, como profesor de Ciencias Políticas y Economía Política en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UNBA), primero, y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), después. Fueron años de intensa producción intelectual que fructificó en dos libros: El saqueo de Bolivia (1972) y Oleocracia o patria (1982), editados inicialmente en Buenos Aires y México, respectivamente, y después en Bolivia

Pero no fue su única actividad. Quiroga Santa Cruz alternó la docencia con el periodismo en varios medios. El Día, un diario que abrió sus páginas a los intelectuales latinoamericanos exiliados en México, y la agencia Inter Press Service (IPS) recogieron en columnas semanales sus análisis de la coyuntura política boliviana y regional.

Su actividad periodística coincidió con hechos de importancia ocurridos en Bolivia y América Latina, como el “abrazo de Charaña” de Banzer y Pinochet y el destape del escándalo de los sobornos de la Gulf Oil Company al general Barrientos Ortuño, para mencionar algunos, así como los dramáticos sucesos que acompañaron al proceso de militarización del Cono Sur, incluidas las acciones de la “Operación Cóndor”, una de las cuales costó la vida del general Juan José Torres.

La lectura de esas crónicas, a cuarenta años de distancia, muestra no solo la aguda y certera percepción de su autor, sino, en muchos casos, su inusitada actualidad, como reflejan los títulos de algunos de los escritos  “Los principios flexibles de una moralidad laxa”, “La pretensión de arrestar la historia”, “¡Qué bien estábamos cuando estábamos mal!”, “El hambre desde la opulencia”, etc.

A su paso por México, camino a La Habana, a fines de 1979 o principios de 1980, Marcelo me hizo depositario de un pasaporte duplicado. Me lo entregó en previsión de que tuviera que salir clandestinamente del país, como lo había hecho en ocasiones anteriores, y también previsión de que la represión no le diera tiempo a tomarlo para llevarlo consigo.

“Nunca se sabe  si lo necesitaré en caso de un nuevo exilio”, me dijo al entregarme el documento. Era, pues, como él mismo lo llamaba, un “pasaporte de emergencia”. Quien ha vivido el exilio sabe la importancia que tenía contar con un pasaporte, documento al que los perseguidos políticos no tenían derecho ni acceso fuera del país. Era la manera que tenían las dictaduras de controlar los movimientos de los opositores.

El pasaporte tiene un solo sello. El de su entrada a Lima, el 27 de diciembre de 1977, cuando se dirigía a Bolivia. Quiroga Santa Cruz viajó por tierra de Lima a la frontera con Bolivia y entró al país clandestinamente cuando Banzer ejercía todavía el poder. El pasaporte contiene otro importante. En la casilla correspondiente a la profesión, aparece la inscripción: “Periodista”. Probablemente es el único documento oficial en el que el líder socialista figura como periodista. Y lo fue. Y a carta cabal, como demuestran sus artículos de “Hablemos de los que mueren”.

*Reseña del libro Hablemos de los que mueren. Nueva Crónica – 2ª. Quincena de agosto de 2012

Batalla en la madre de todas las tierras

Aldo Moreno Antezana tenía una mala espina la mañana en que fue entrevistado en El Sillar por una radio paceña. No por el accidente de carretera que lo dejaría tetrapléjico y después le costaría la vida, sino por lo mal que pintaban las cosas para los defensores del Territorio Indígena y Parque Natural Isiboro Sécure (TIPNIS) en vísperas de su llegada a La Paz. “El Gobierno nos tiene que respetar. No puede entrar en nuestra Casa Grande sin pedir permiso. Nosotros no vamos a entrar en Palacio sin su permiso”, aventuró, en tono premonitorio, días antes de que el vehículo que transportaba a la avanzada de los marchistas se precipitara sin aviso ni presagio en un barranco de Senda Verde, cerca de Yolosa, en un percance que causó la muerte de otros dos indígenas.

Corregidor de la comunidad de Nueva Vida del Alto Sécure, declarado opositor a Evo Morales y miembro de la “delegación diplomática” que se entrevistó con el secretario general de la OEA, José Miguel Insulsa, Moreno Antezana, de 34 años, murió el 13 de julio, tres días después de que sus compañeros decidieran retornar a sus comunidades sin haber logrado la derogatoria de la Ley 222. “Así como el Gobierno ha decidido no dejarnos  entrar a la Plaza Murillo, así también nosotros definiremos quién entra y quién no en nuestro territorio”, dijo la presidenta de la IX Marcha, Bertha Bejarano, al recoger el legado de Moreno Antezana y anunciar la decisión de los indígenas de las Tierras Bajas de llevar la batalla en defensa del TIPNIS al escenario mismo del parque natural.

“Trasladamos nuestra lucha a nuestro propio territorio, con el orgullo de no haber negociado nuestros derechos ni los derechos del pueblo boliviano”, declaró a su vez el presidente de la Subcentral del TIPNIS, Fernando Vargas, al término del cabildo abierto realizado el 10 de julio en la plaza San Francisco. “No nos vamos derrotados”, subrayó, anticipándose a las preguntas de los periodistas, en un  intento por amortiguar la sensación de fracaso que se respiraba en el ambiente. “Los indígenas no hemos perdido. Si bien el Gobierno no nos recibió, los que pierden son ellos. Nunca más tendrán el apoyo del movimiento indígena”, acotó Bertha Bejarano.

El ministro Carlos Romero proclamó ufano la “victoria” del Gobierno y la consiguiente “derrota” de los marchistas. En una conferencia de prensa, justificó su euforia: “Creo que la única movilización que podía provocar una crisis de Estado y que es la estrategia política de la oposición, era la movilización de la novena marcha indígena, pero esa movilización se fue debilitando por sí misma en el camino”.

La movilización que hizo temblar al Gobierno había llegado a su fin después de 78 largos días, 64 desde la partida de Trinidad y 14 desde la llegada a La Paz, en un duro periplo signado por el boicot gubernamental, las adversidades climáticas, la falta de alimentos y las enfermedades que se ensañaron con los niños, además de  la propia desorganización y las fallas logísticas de los marchistas. Y, por sí fuera poco, un saldo de cuatro víctimas fatales.

“El Gobierno pensó doblarnos el brazo”, dijo Vargas. Y tal vez lo consiguió. Ni la agresión en San Ignacio de Moxos por parte de sectores afines al MAS ni la gasificada al campamento de La Paz habían desanimado a los marchistas, pero la acción política del Gobierno tuvo un efecto demoledor en el movimiento al promover la división de la CIDOB y el “histórico” apoyo de 48 de los 63 corregidores del TIPNIS, según Romero, para la consulta “posterior”. Mientras los marchistas aguardaban el diálogo que nunca llegó, Evo Morales, que sí recibió a los dirigentes responsables del secuestro y tortura de  los rehenes de Mallku Khota, repartía motores fuera de borda, generadores de energía eléctrica y sistemas comunicación en las comunidades del Parque con el argumento de que “es obligación del Gobierno atender la demanda que tienen los pueblos” de la región.

El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, dio por zanjado el conflicto con el supuesto apoyo “mayoritario” de los corregidores a la consulta y el retorno de los marchistas a sus comunidades. “Las mayorías son las que deciden, las minorías deben acatar, es la ley de la gravedad de la democracia”, resumió.

No le ajustaban las cuentas de la misma manera al presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Wilfredo Ovando, nada sospechoso de opositor: “La ley habla de concertación, no habla de acuerdo y el resultado de la concertación no se mide en términos porcentuales”, afirmó. El propio presidente del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), Rudy Flores, insistió en que el consenso debía ser previo a la consulta: “La sentencia es explícitamente clara. Debe haber concertación respecto a los contenidos y los procedimientos para llevar adelante la consulta. Eso implica que es el proceso previo, preliminar”, señaló.

“El problema no ha terminado y, cuando concluya, el que resulte más perjudicado será el Gobierno”, anticipó el politólogo Jorge Lazarte. El Gobierno “se ha metido en un problema del que va a salir perdiendo cualquiera que sea la forma en que termine el conflicto”, agregó al comentar los enredos constitucionales que rodean el caso. El TIPNIS, recordó, además de ser territorio indígena, es área protegida.

El Defensor del Pueblo, Rolando Villena, es partidario de posponer la consulta para otra fecha ante el clima de “polarización” y “enfrentamiento” provocado por la “cerrazón” del Gobierno, mientras que el vicepresidente, Álvaro García Linera, dejó abierta la posibilidad: “Yo prefiero dejarla abierta. Si las autoridades ven conveniente dejar unos días para garantizar una amplia y transparente consulta, hay que hacerlo. No hay que casarse con 0las fechas”, dijo. Mientras el Tribunal Supremo Electoral (TSE) preparaba el envío de 15 comisiones para la realización de la consulta, el ministro Juan Ramón Quintana organizaba un torneo de fútbol en Gundonovia con la participación de equipos de varias comunidades. “Estamos celebrando dos grandes acontecimientos”, dijo, en alusión al torneo y -se supone- a la inminente consulta, cuyo inicio estaba previsto para el 29 de julio.

Desconociendo los afanes deportivos del ministro Quintana, Bertha Bejarano -cuyo procesamiento por tráfico de droga en Brasil fue utilizado por el Gobierno para intentar desacreditar a la marcha- apeló a la jerga futbolística para resumir el estado actual del conflicto: “El partido no ha terminado”, dijo.

Efectivamente, para los indígenas de las Tierras Bajas la próxima batalla se dará en el seno de las comunidades. “La lucha no ha terminado. Nos trasladamos a nuestra región para que no se permita realizar la consulta porque es inconstitucional; si nosotros aceptamos eso, estaríamos avalando la violación de la Constitución”, dijo Fernando Vargas. “No habrá consulta en el TIPNIS, que se entienda bien (…). Nos tendrían que eliminar a todos los indígenas que estamos ahí para hacer la consulta”, agregó.

Los dirigentes del TIPNIS afinan estrategias. “Lo definiremos internamente”, declaró Vargas, pero Adolfo Chávez, cuya defenestración buscó el gobierno con la designación de Melva Hurtado como su sustituta al frente de la CIDOB, anticipó que los indígenas apelarán incluso a sus arcos y flechas para defender su Casa Grande, la madre de todas las tierras. “El Gobierno ha demostrado su poderío con perros, armas, gases y agua; nosotros vamos a hacer lo mismo”, advirtió. Jorge Lazarte cree que “si los indígenas resisten y lo hacen consistentemente, pueden hacer fracasar todo el proceso en su fase final”.

Nueva Crónica – 2ª quincena de julio de 2012

Y ahora, ¿quién podrá defendernos?*

Clark Kent, alter ego de Supermán, acaba de renunciar al Daily Planet. Lo hizo por razones éticas, en protesta por la deriva sensacionalista del periódico. El director del diario, Perry White, lamentó la decisión de su reportero estrella, pero no dio ninguna explicación sobre el giro editorial de su periódico. No lo dijo, pero está claro que la crisis del modelo de negocios de los medios impresos ha llegado a Metrópolis y ha golpeado a su medio más emblemático. La propia editorial DC Comic admitió que la dimisión es “un reflejo de los problemas por los que pasa la profesión” en estos momentos, a raíz del nuevo “rol de los medios de comunicación, el desequilibrio entre información y entretenimiento y el crecimiento del periodismo ciudadano”. De hecho, el propio Kent, al anunciar su renuncia en medio de reproches a su jefe y a su novia y colega, Luisa Lane, ocupada en la cobertura de un escándalo sexual, reveló que seguirá trabajando como periodista, pero que a partir de ahora lo hará en su propio blog de Internet.

Esto ocurre en el cómic, pero tampoco hay buenas noticias para los medios impresos en el mundo real. El semanario Newsweek, un verdadero ícono de la prensa estadounidense y mundial, dejará de imprimirse en papel y, a partir de ahora, con menos personal y recursos, publicará exclusivamente una edición digital, que será de pago. Su directora, Tina Brown, afirmó que ha sido imposible superar los problemas económicos que supone la impresión en papel ante la brutal caída de la publicidad y la drástica reducción de las circulación, que ha bajado de los cuatro millones de ejemplares, en los años 80, a 1,4 millones este año. Cuatro meses antes, Andrew Miller, presidente del diario londinenses The Guardian, otro referente del periodismo de calidad durante décadas, había anunciado la decisión de su empresa de dar prioridad a la edición digital con la evidente intención de cerrar la edición impresa en el corto plazo, aunque no fijó fecha.

Y, claro, uno se pregunta si Supermán no pudo hacer nada para evitar que el Daily Planet acuda al sensacionalismo para sobrevivir, qué puede hacer la señora Brown por Newsweek o el señor Miller por The Guardian, que no sea cambiar de soporte, teniendo en cuenta que a estas alturas del partido el periodismo de calidad resulta insuficiente para salvar un modelo de negocio en crisis. Y quienes todavía persisten en la aventura de imprimir periódicos bien podrían exclamar, evocando a otro superhéroe, “…y ahora, ¿quién podrá defendernos?”.

La respuesta no es sencilla. Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo del Grupo Prisa, editor del diario El País de Madrid, y Rosental Calmon Alves, director del Centro de Periodismo de la Universidad de Austin, Texas, coincidieron en señalar en la última Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que el periodismo está en un “proceso irreversible y doloroso de transformación”. El propio Andrew Miller afirmó que el paso del periodismo impreso al digital “es una tendencia inexorable”.

Hace once años, en 2001, me tocó planificar, poner en marcha y dirigir el Servicio Online en Español  de la Agencia Alemana de Prensa (DPA). Eran los años del boom de las “punto.com”. Un joven uruguayo, Fernando Espuelas, había revolucionado Internet con el portal en español StarMedia, que llegó a alcanzar un valor de mercado de más de 3.800 millones de dólares, mientras Terra, el portal de la Telefónica de España, veía crecer la cotización de su título bursátil desde los 11,81 euros hasta los 157,65 euros por acción en apenas cuatro meses.

La agencia Reuters creó más de 50 redacciones en todo el mundo para alimentar su servicio online con contenidos exclusivos. El propio portal Terra abrió oficinas en todos los países latinoamericanos y llegó a pagar más de 60 millones de dólares a un diario brasileño por el derecho a reproducir sus contenidos la noche anterior a la salida de la edición impresa. Era la época en que el dinero fluía a raudales por las venas de la Red, tanto o más que las noticias.

La agencia DPA negociaba un contrato millonario con Terra para la instalación de sendas redacciones en inglés, español y portugués en Madrid cuando se produjo el estallido de la “burbuja”, porque, como se sabe, la ilusión duró lo que una pompa de jabón. DPA se quedó sin contrato, Reuters, Terra y StarMedia cerraron una a una las redacciones online que habían sembrado por todo el mundo, y todos tuvimos que desandar el camino para retornar al punto donde habíamos empezado, a la modesta redacción multimedia y a los periodistas “milusos”.

Han pasado más de diez años desde el estallido de la burbuja y de la crisis de las “punto.com”. La revolución tecnológica sigue su marcha a pasos agigantados y, con ella, el periodismo digital. Del volcado de noticias de los medios impresos de hace una década, hemos pasado a la producción de contenidos propios. Las visitas a los portales y periódicos digitales han crecido exponencialmente. Internet tiene actualmente 1.500 millones de usuarios, una cifra que se triplicará en los próximos seis años.

Sin embargo, el dinero sigue sin fluir hacia los nuevos medios. Como dijo Cebrián, el modelo de negocio de los medios tradicionales se agota día a día y todavía no existe una alternativa clara que permita a las grandes empresas periodísticas volver a ser rentables. Pero, en cualquier caso, según el mismo editor, la respuesta a todas las incógnitas está en la revolución digital, en Internet, aunque este nuevo modelo no acaba de encontrar su quicio. “¿Cuál será el modelo de negocio?”, se preguntó el ejecutivo de PRISA. “De momento no hay un modelo definido. Nadie por ahora ha conseguido rentabilizar las operaciones en la Red. Puede ser que algunos medios hayan tenido éxito en cuanto al número de usuarios, pero económicamente nadie ha dado aún con la respuesta”.

Los anuncios en las ediciones impresas se han visto reducidos en más de un 60 por ciento en los últimos cinco años y, al mismo tiempo, la publicidad en Internet ha crecido vertiginosamente. Según la asociación IAB de España, la inversión publicitaria en medios digitales españoles superó por primera vez a la de los medios impresos, al registrar en un semestre 434,4 millones de euros frente a los 369,7 millones de los medios impresos. No obstante, según Cebrián, el modelo en la Red sigue sin ser rentable. Por cada dólar que ganan los medios digitales, los impresos pierden diez.

La edición digital de The Guardian alcanzó en mayo pasado 50 millones de lectores únicos mensuales y 2,8 millones de lectores púnicos diarios, pero ese éxito aún no se ha traducido en beneficio económico. Los ingresos digitales suponen actualmente entre 35 y 40 millones de euros. La empres espera que llegue a 90 millones en cinco años, menos de la mitad de los ingresos totales actuales de la edición impresa.

La lucha de los medios impresos por la supervivencia frente al mundo digital tuvo una particular expresión en Brasil. Los 154 miembros de la Asociación Nacional de la Prensa decidieron hace un par de semanas retirarse de Google News debido a que el gigante de Internet, el buscador más utilizado en  mundo, se rehusó a pagar a los periódicos un canon por la utilización de la información en su sitio.

El conflicto tiene que ver con el papel de Google en el mercado de la publicidad en línea. Los medios impresos brasileños, como los de otros países, quieren parte del papel para compensar las pérdidas que sufren con sus ediciones impresas. “Google Noticias se beneficia comercialmente con este contenido de calidad y se niega a discutir un modelo de remuneración por la producción de esos materiales”, explicó el presidente de la Asociación de la Prensa, Carlos Fernando Lindenberg Neto.

En 2010, la agencia de noticias Associated Press (AP) se había retirado del portal en protesta por la difusión gratuita de sus contenidos, pero poco después alcanzó un acuerdo con el buscador.

Pero no es únicamente una crisis del modelo de negocios. Es también una crisis del periodismo tradicional. La revolución tecnológica ha provocado no solamente un cambio en los hábitos de consumo de medios, sino también en la actitud de los usuarios antes estos. La sociedad se resiste a mantener una actitud pasiva, como hasta hace poco, y quiere participar en la producción y difusión de la información.

Muchos autores, entre ellos los partidarios del llamado “periodismo ciudadano”, sostienen que las nuevas tecnologías han lanzado al público a la conquista de los medios y algunos afirman que estamos ante una rebelión de los ciudadanos contra el poder de la prensa tradicional y de los periodistas profesionales. Es decir, no estamos únicamente ante una revolución mediática, sino ante una “revolución democrática”, un proceso que está redefiniendo el rol del periodismo y del periodista y que permitirá, gracias a los nuevos medios, “proporcionar a los ciudadanos la información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos”, en la conocida definición de Bill Kovach.

En medio de tantas malas noticias sobre el futuro de los medios impresos, el columnista de política internacional Moisés Naím acaba de llamar la atención sobre la noticia que difundió el corresponsal de The New York Times en Shanghai, David Barboza, sobre la corrupción de los familiares del primer ministro chino, Wen Jiabao. Naím pone este artículo de gran repercusión mundial como un ejemplo del buen periodismo, que no hubiese podido ser elaborado por un bloguero o por un portal que se limita a reproducir contenidos de otros en la Red, ya que la investigación requirió no solamente recursos financieros, sino de los altos estándares profesionales de The New York Times.

“Todo esto es muy costoso. Pero es lo que produce periodismo con valor social, y a nivel mundial. Internet y las tendencias que actualmente socavan la viabilidad de financiera de los grandes medios de comunicación tienen mucho de imparable. Pero artículos como este del The New York Times ilustran de forma contundente cuánto nos empobreceríamos como humanidad si desaparecen las organizaciones capaces de producir contenidos objetivos, independientes y de alta calidad”. Sostiene Naím.

La reflexión de Mosés Naím no deja de ser alentadora para quienes disfrutamos la lectura de la prensa diaria incluso a riesgo de terminar el desayuno con las manos entintadas. Y, como Naím, pienso que el buen periodismo salvará a la prensa tradicional de su muerte anunciada y dignificará a los nuevos medios.

Las nuevas tecnologías han ampliado la libertad de expresión y el acceso a la información, al haber dado voz a los que no la tienen, y han dado a luz a nuevas formas de comunicación; el hipertexto y la intercreatividad han revolucionado los géneros periodísticos, pero el periodismo siempre será un oficio de periodistas, porque detrás de cada contenido siempre estará la mano de un profesional.

La revolución digital ha cambiado y está cambiando los paradigmas. Nos plantea muchas incógnitas y pocas respuestas, sea sobre el futuro de los medios tradicionales, el modelo de negocio o el rol del periodismo, pero si hay alguna certeza es que los nuevos medios no ponen en riesgo nuestro oficio, como temen muchos colegas, porque el buen periodismo no está reñido con la urgencia online ni depende de los soportes que lo sustentan.

El escritor guatemalteco Augusto Monterroso se consagró como el autor del cuento más corto de la historia de la literatura en español, El dinosaurio, un texto de apenas siete palabras y 50 caracteres: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”. Si los 140 caracteres de un Twitt sobran para escribir un cuento de la complejidad, concisión y belleza de El dinosaurio, ¿por qué no ha de ser posible redactar una pieza periodística de calidad dentro de los mismos límites digitales?

*Ponencia presentada en la mesa redonda “El futuro del periodismo y el rol de los medios en la era digital”, organizada por la Fundación para el Periodismo, con la participación de Josh Friedman, Premio Pulitzer 1985 y director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia; Miguel Wiñazki, director de la Maestría de Periodismo del diario Clarín de Buenos Aires, y el expresidente Carlos Mesa, en La Paz, el 30 de octubre de 2012.