La mariposa negra

Daniela Murialdo

Hace un par de años, justo antes de salir a festejar el Año Nuevo una mariposa negra entró a mi habitación. Aunque soy creyente, mi fe se eclipsó por un momento y resolví sacarla antes de partir. Sin embargo, ella decidió salir sin más presiones (o eso creí). Cuando con mi esposo volvimos de la cena no había rastros de la oscura mariposa. A la mañana siguiente, mientras tendía mi cama, la hallé muerta al lado de mi almohada.

Primero me vino a la mente el cuentista uruguayo Horacio Quiroga. Me aterró, no la metáfora de su “Almohadón de plumas”, sino la posibilidad irrefrenable de que esa polilla comenzara a carcomerme la existencia. Era sin dudas un mal presagio. Aun cuando Google, que tiene respuestas según se quiera ser respondido, intentaba tranquilizarme con que ese tipo de insectos, para ciertas culturas (no la mía), suponen bonanza, yo sabía que durante ese año (ese fue el plazo que le fijé al augurio) algo me pasaría. No obstante, no dije nada. Consideré que el silencio debilitaría la profecía y lograría esquivarla. Y así fue. Pero no siempre sucede eso: las mariposas nocturnas en los relatos de Juan Carlos son verdaderas agoreras.

En algún momento pensé en contactarme con el equipo de Plural para sugerirles que ofrecieran a nuestro autor de la noche unas cuantas botellas de agua adicionales; de modo que lo obligaran a excusarse para ir al baño y me dejara a solas con ustedes. Y es que es mi deber advertirles que lo que van a leer son algo más que cuentos; son un regalo sí, pero son un presente griego.

Tan solo fíjense en la portada. Ni José Antonio Quiroga, ni Juan Carlos Salazar me van a hacer creer que no tenían intención de angustiarnos. La noche estrellada de Van Gogh es un presagio en sí mismo. Uno turbulento. El vaticinio agitado de una mente atormentada; una noche que no es negra, pero cuyos remolinos y espirales frenéticas parecen el anuncio de la única trascendencia posible del pintor a través de la muerte.

Los relatos breves del libro se originan en hechos reales, empero siempre se desarrollan en una tensa atmósfera fatalista. El escritor, en un juego psicológico, nos arrastra a compartir con sus sólidos personajes, sus temores, contradicciones, incertidumbres y recuerdos. El lector sabe, en todo momento, que algo va a ocurrir, algo fatídico. De modo que está obligado a atender cada señal, cada presentimiento, cada silencio. Dejamos de ser lectores para convertirnos en meros vigilantes.

El libro arranca de modo engañoso -como todo presente griego- con una narración familiar que sentí autobiográfica (bueno, no cuando habla de sus entregas sexuales clandestinas en la juventud, no, no…): “Almanaque”, en el que el personaje principal recuerda cómo el almanaque Bristol servía de guía de vida -y de muerte-, a todos en casa (“Ahí estaba todo”), está lleno de símbolos astrológicos, incluido el cometa Halley. 

El relato muestra al ser humano necesitado de explicar su existencia a partir de lo sobrenatural: “Mi abuelo y mi viejo -dice Jacinto- se cortaban las uñas y el cabello en cuarto menguante para no terminar con garras y melena. Y su padre asegura que nacer en luna nueva, “que guarda toda la energía en su vientre”, es de buena suerte, pues la luna nueva solamente puede crecer “¡Siempre para arriba!”.

En “El viejo Casiano” la protagonista es La Paz. “¡La Paz de los alzamientos!”, “¡La Paz de las rebeliones!”, “¡La Paz de las conjuras!”. Esa La Paz en la que el amauta presagió el colgamiento de Villarroel; el alzamiento contra los cachorros de la oligarquía un abril; y la Masacre de Todos Santos a cargo del Mariscal de la Muerte (“un cancerbero mitad lengua de veneno y mitad colmillo de acero”). 

El viejo -nos cuenta el escritor- contempló todo esto “desde el sueño al que había sido convocado por los patriotas de antaño, entre conjurados de copa y levita, caballeros de mostachos atusados, frailes sacramentados y uniformados de insignias y trencillas, congregados al toque de ánimas en los salones del Palacio de las Deslealtades para rescatar los anales perdidos en el caos del tiempo”.

En “Suplente”, un comprometido compañero del Padre Paco relata en primera persona, y en clave premonitoria, la toma militar, presumí de la Radio Fides pues la escena se parece mucho a una que conozco de boca del propio sacerdote perseguido durante el golpe del 80, y su espontánea resolución de ofrecerse para ser llevado por los “paras”, en reemplazo del cura buscado, en tanto Espinal, el primero de la lista, ya había sido asesinado. 

“Y yo, como si nada, como si el flagelo no fuera conmigo, como viéndome desde arriba, paralogizado, aturdido, obnubilado por una sola idea, por una sola imagen, la de Lucho “El Bueno”, tendido sobre la mesa de la morgue, desnudo, martirizado, con los miembros lacerados por la tortura, acribillados; con su rostro santo, santificado; puro, purificado, clamando en el desierto de los impuros; abriéndose paso entre los lamentos y el llanto de mis compañeros, ¡Dios mío!, diosito, que ¿qué está pasando, padrecito?, que ¿qué es esto?, ¡golpe!, ¡golpe! Ora pro nobis”.

El único cuidado que ha tenido el Gato con sus lectores, ha sido el estético: con un lenguaje algo vintage, que combina poesía de alta intensidad y crónica, de la que nuestro autor-periodista afortunadamente no logra desprenderse, y que usa para rescatar palabras anacrónicas de belleza particular. El subgénero es más bien el cuento negro. Solo que Salazar no desciende a los submundos de alguna ciudad, sino que se sumerge en las entrañas de sus personajes, que se mueven cómodos en el realismo mágico. 

Escuchen esto: “Se detuvo por un momento a contemplar el paisaje infinito desplegado a sus pies, un lienzo de jaspes suaves y pigmentos coloridos, tejidos con las hebras doradas de la queñua, el flujo chispeante del arroyo, las aguas jade esmeralda de la laguna y el brillo de las calaminas del campamento, astillado en mil rayos plateados. El cielo azul intenso volcaba sobre el entorno toda la luminosidad que guardan los ocasos para resistir el asedio de las tinieblas.” Crónica poética ¿o no? 

Pese a su aire costumbrista, pues tiene una fuerte carga de identidad cultural (referencias a tradiciones, supersticiones, animales simbólicos, etc.), este es un libro de prosa literaria y no una aproximación antropológica forzada. Una antología que podría haber sido escrita por el mexicano Juan Rulfo, el de los destinos trágicos ineludibles. Quien, no tengo dudas, echó desde el cielo unos polvos mágicos a la computadora de nuestro autor mientras tecleaba. No sé si es casualidad, pero en el cuento en el que Salazar, en una conversación espectral, cede su voz a representantes desaparecidos de boleros como Los Panchos, Lucho Gatica o Jorge Negrete, para que sean los cantantes quienes hablen por los interlocutores de amor y desamor, se refiere a una boîte llamada El Gallo de Oro, el nombre de una de novela corta de Rulfo.

En términos coloquiales, sinónimos de “cuentista”, pueden ser “chismoso”, “cotilla”, “fabulista”, “enredador”. Sin embargo, para construir un buen chisme hay que tener talento. He contado esta anécdota alguna otra vez, solo que hoy me siento obligada a contarla de nuevo.  El escritor mexicano Juan Villoro contaba que, en una ocasión, mientras cursaba un taller de literatura, uno de sus compañeros alardeó frente al profesor -el maestro de la minificción Augusto Monterroso-, que se hallaba en plena producción de una novela que estimaba, llegaría a las trescientas páginas. Monterroso había ensayado una cara de alegre sorpresa y le había respondido: “¡Qué bueno, te estás preparando para escribir un cuento!”. Y es que, al decir del mismo Villoro, el cuento es el género más exigente de la prosa, y aun así, el Gato lo logra con honores. 

“Legado” es quizás el cuento más completo y profundo, aunque se los dejo para que lo lean sin tutela. En cambio, termino con “La bicha”, en la que Epifanio, un viejo barretero, “conocedor de los secretos y las entrañas de la montaña”, y empleado de Marcos, alerta al patrón sobre el cuidado que debe tenerse con las vizcachas, pues “son egoístas y ocultan el mineral”. 

Marcos no entiende de premoniciones y se enterca en desafiar su marcado y avisado destino: “La ventisca barrió la arena dispersa en la terracita, aventándola al vacío, y dio paso a un olor a almendras amargas. No era el del cianuro que inunda los ingenios durante el procesamiento de la plata, sino el que emana de la sangre de las vizcachas cuando el cazador les arranca la cola después de la cacería. El olor se fue transformando en un tufo pestilente, el vaho fétido del sulfuro que exhala la boca del infierno.”

La cuentista Mariana Enríquez dice que los japoneses creen que, después de morir, las almas van a un lugar que tiene un cupo limitado. Y que cuando se llegue a ese límite, cuando no quede más lugar para las almas, van a empezar a volver a este mundo.

Mucho me temo que el Gato haya acogido algún presagio antes de escribir estos cuentos y les esté, de algún modo, dando la bienvenida a las primeras almas que vienen de regreso. 

Si después de esta introducción todavía quieren leer el libro, allá ustedes; pero luego no digan que no se los advertí…

(Presentación del libro “Presagios”, de Juan Carlos “Gato” Salazar)

Brújula Digital – 17 de mayo de 2026

https://brujuladigital.net/opinion/la-mariposa-negra

Entre relatos de mariposas nocturnas y presentimientos, Salazar presentó con éxito su libro “Presagios”

Raúl Peñaranda U.

La reciente presentación del libro “Presagios” del periodista y escritor Juan Carlos Salazar estuvo marcada por relatos sobre premoniciones, recuerdos personales y reflexiones sobre la memoria, la ficción y el periodismo. El acto se realizó en el auditorio de Plural Editores, responsable de la publicación de la obra.

José Antonio Quiroga, director de la editorial Plural, fue el encargado de hacer la introducción al evento, resaltando las aptitudes humanas y profesionales de Salazar. 

La abogada y columnista Daniela Murialdo abrió su alocución con una anécdota vinculada al tema central del libro. Contó que una vez encontró una mariposa nocturna negra dentro de su dormitorio y que, pese a ser creyente católica, interpretó la presencia del insecto como un mal presagio. Relató que junto a su esposo, el también columnista Gonzalo Mendieta, intentaron sacar la mariposa abriendo las ventanas del cuarto.

La historia tomó un giro inesperado cuando, al despertar al día siguiente, encontró a la mariposa muerta debajo de su almohada. Según explicó, aquella experiencia le hizo pensar que durante un año podría ocurrirle alguna desgracia a su familia, aunque afortunadamente ese temor no se concretó. La anécdota sirvió como introducción al universo de “Presagios”, el más reciente libro de Juan Carlos Salazar, centrado en señales, intuiciones y hechos que parecen anticipar acontecimientos futuros.

Rodrigo Urquiola

La otra persona que comentó el libro fue el escritor Rodrigo Urquiola, quien analizó la evolución narrativa de Salazar desde “Figuraciones” (2021) hasta su nuevo libro. Destacó el manejo de una prosa “elegante” y descriptiva, así como la presencia de temas como el mito, la memoria y las injusticias sociales.

Según Urquiola, en “Presagios” las historias siguen construyéndose alrededor de imágenes y recuerdos, aunque con variaciones formales como el uso del monólogo, las cartas y distintos puntos de vista narrativos. Comentó varios de los cuentos incluidos en el libro, entre ellos “Almanaque”, ambientado en la Guerra del Chaco; “Bolero”, recorrido nostálgico por la zona Sur paceña; y “El viejo Casiano”, centrado en un anciano aymara capaz de observar cómo la historia de La Paz se repite de manera cíclica.

También se refirió a relatos como “La bicha”, situado en las minas y protagonizado por una enorme vizcacha asociada a un ambiente casi sobrenatural, y “Legado”, donde un hijo descubre documentos antiguos entre las pertenencias de su padre. Para Urquiola, una frase incluida en “El viejo Casiano” resume el espíritu del libro: “el pasado es el prólogo del presente y epílogo del futuro”.

Relación entre ficción y periodismo

En la parte final del evento, el propio Salazar habló sobre el origen de varios cuentos y sobre la relación entre la ficción y su experiencia periodística. Explicó que el título del libro parte de la idea de que “todo presagio anuncia lo que el corazón ya presentía” y sostuvo que en Bolivia existe una fuerte inclinación hacia las señales y los presentimientos.

Salazar ha desarrollado una extensa trayectoria en el periodismo boliviano e internacional, marcada por la cobertura de algunos de los principales conflictos políticos y militares de América Latina. Cofundador de la Agencia de Noticias Fides, fue corresponsal de la agencia alemana DPA durante más de tres décadas en Bolivia, Argentina, México, Centroamérica y Cuba, y posteriormente dirigió el Servicio Internacional en Español de esa agencia desde Madrid.

A lo largo de su carrera cubrió hechos históricos como la guerrilla del Che Guevara en Bolivia, las dictaduras militares del Cono Sur, la guerra civil centroamericana y el levantamiento zapatista en Chiapas. También dirigió el diario paceño Página Siete entre 2013 y 2016 y recibió el Premio Nacional de Periodismo otorgado por la Asociación de Periodistas de La Paz en 2016.

Además de su labor periodística, Salazar ha publicado y coordinado diversos libros vinculados al periodismo, la historia y la literatura, entre ellos “La guerrilla que contamos”, “Che: Una cabalgata sin fin” y “Semejanzas”.

Salazar leyó su propio obituario

En la presentación, el autor recordó un episodio ocurrido durante el golpe de Estado de Hugo Banzer  Suárez, cuando la agencia internacional para la que trabajaba lo dio erróneamente por muerto mientras permanecía oculto en La Paz. Contó que llegó a leer su propio obituario y que, lejos de alarmarse, interpretó aquello como una señal de que tendría una vida larga y agitada. Después, dadas las circunstancias, dijo: “voy a tener una vida agitada”, cosa que se cumplió. Y como estaba con un pie en el avión para salir al exilio, contó que pensó: “voy a viajar mucho”. Todas esas premoniciones se han cumplido.

También relató una experiencia más reciente vinculada a la muerte de un amigo cercano, Mariano Baptista, a quien había recordado durante un desayuno con el también escritor Alfonso Gumucio pocas horas antes de enterarse de su fallecimiento. Para el escritor, ese tipo de coincidencias alimenta la percepción de que ciertos acontecimientos parecen anunciarse antes de suceder. “No tengo dudas de que Mariano fue a despedirse de nosotros ese día”, dijo Salazar.

Durante su intervención, Salazar afirmó que “Presagios” representa un cambio respecto de “Figuraciones”, libro que definió como “el más periodístico” de su producción literaria. Explicó que muchos de aquellos cuentos surgieron de situaciones que no podía desarrollar plenamente en crónicas o reportajes debido a las exigencias del oficio periodístico.

Mencionó, por ejemplo, el cuento “El espejo”, inspirado en la muerte del Che Guevara. Según relató, después de cubrir el episodio durante años se preguntó cómo habrían sido los últimos segundos de vida del guerrillero y decidió imaginar esa escena a través de la ficción.

También recordó experiencias vinculadas a la guerra salvadoreña y al levantamiento zapatista en México, episodios que luego derivaron en relatos literarios. En uno de esos recuerdos mencionó a una joven guerrillera salvadoreña que, en lugar de pedir comida, le pidió un libro.

El autor cerró la presentación afirmando que escribe “para ganar amigos” y expresó su deseo de que el libro le permita acercarse a nuevos lectores.

BD/RPU

Brújula Digital|15|05|26|

https://brujuladigital.net/cultura-y-farandula/2026/05/15/entre-relatos-de-mariposas-nocturnas-y-presentimientos-salazar-presento-con-exito-su-libro-premoniciones-60655?fbclid=IwY2xjawR0d8RleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEe2sT7v22QdFD7Fq8vN-r2OHOcVli0yG-7QzAGIicLaHq3_-2Yc29zbvEJLxU_aem_YWdncwD4XbEL4KiBp91CAO5FnHN2&brid=YWdncwHfWJuNbOJ6hljLEG0t6TFq

La noche del 12 de mayo empezó con presagios

Mirna Luisa Quezada Siles

Entré al salón de la Librería Plural con esa mezcla de curiosidad y expectativa que tienen las buenas noches literarias y casi sin darme cuenta volví a fijarme en ese cuadro hermoso donde una mecedora y una niña parecen sostener el tiempo en pausa, como si ya desde ahí se insinuara el tono de lo que vendría, una especie de antesala silenciosa para una noche que, incluso sin haber abierto el libro, ya comenzaba a decirme algo.

Llegué a la presentación de “Presagios” de Juan Carlos Salazar, periodista y escritor boliviano nacido en Tupiza, con la intuición de que no sería una velada cualquiera y no me equivoqué, sobre todo porque se daba apenas dos días después del Día del Periodista Boliviano (10 de mayo), una coincidencia que parecía subrayar el recorrido de alguien que hizo de la realidad su territorio natural antes de aventurarse, una vez más, en la ficción.

Salazar, autor de “Figuraciones”, publicado por Plural en 2021, presenta ahora un libro que, según se fue revelando en la conversación de la noche, se mueve entre mundos paralelos, como si lo que se presiente y lo que ocurre compartieran una misma sustancia y donde los personajes transitan entre la intuición y el destino, esa argamasa invisible de toda premonición. En la presentación quedó claro que escribir cuentos no es fácil y… “Presagios” es un libro de cuentos, un territorio exigente donde cada historia debe sostenerse con precisión y resonar más allá de sus propias páginas.

No es menor recordar que detrás de estas páginas está un periodista trotamundos que narró conflictos, vidas y geografías desde la crónica y el reportaje, experiencia que quedó en libros como “A la guerra en taxi”, “Semejanzas” y “Genio y figura”, además de trabajos sobre historia del periodismo, a lo que se suma su condición de Miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua, Académico Correspondiente de la Real Academia Española en Bolivia y Premio Nacional de Periodismo 2016, todo lo cual parecía latir en la sala de una manera casi tangible.

La presentación fue sumamente amena y encontró en Daniela Murialdo López una voz capaz de tender puentes entre el libro y quienes aún no lo hemos leído, con una intervención lúcida, cercana y envolvente que, más que explicar, abría caminos de lectura; su trayectoria como escritora y periodista se hizo evidente en esa manera de iluminar sin agotar, de invitar sin imponer.

A su vez, Rodrigo Urquiola, escritor, ensayista y crítico, una voz interesante de la narrativa boliviana contemporánea, aportó un tono cómplice y fue él quien, con humor, presentó al autor como “Gato”, alias Juan Carlos Salazar, instalando desde ese gesto una cercanía que marcó la noche.

Cuando habló Juan Carlos Salazar, la figura del autor se volvió entrañable, casi doméstica, al contar que tiene siete vidas y al compartir esa idea que se me quedó rondando, antes pensaba que se escribía para los amigos y ahora cree que escribe para ganar amigos y que con ganar doce sería feliz, una confesión que, en medio de una trayectoria tan sólida, revelaba una humanidad y modestia desarmante, reforzada además por la presencia de su hijo, llegado desde Madrid para acompañarlo en ese momento.

El vino de honor fue el espacio donde todo se volvió más cercano y personal y ahí me descubrí sosteniendo el libro que aún no he leído pero que ya siento de algún modo mío, esperando mi turno para pedirle una firma y encontrándome con una dedicatoria que me sorprendió y me alegró profundamente, “amiga, colega y cómplice”, palabras que se quedaron conmigo como una pequeña certeza.

A partir de ahí, la noche se fue entrelazando en encuentros que parecían sucederse con naturalidad, saludé al expresidente de Bolivia, escritor e historiador Carlos D. Mesa, y terminamos hablando de mi papá (Luis Quezada Solares), a quien recordó como el hombre tranquilo de la sonrisa gentil, una imagen que me acompañó el resto de la velada.

Conversé con Gonzalo Mendieta en un intercambio breve pero muy grato; con José Antonio Quiroga, gerente general de Plural; con mi excompañero de la UCB y actual director de Brújula Digital, Raúl Peñaranda y con mi colega y amigo Iván Camarlingi, mientras que también tuve el gusto de saludar a Robert Brockmann, periodista y escritor, sumando su presencia a ese grupo tan especial de personas.

En medio de todo, apareció Alfonso Gumucio, a quien siempre consideré inalcanzable, escritor, cineasta y referente latinoamericano en comunicación, quien con una generosidad inesperada elogió mis crónicas, especialmente la dedicada a Luis Antezana Ergueta.

Y en ese entramado no puedo dejar de mencionar a las mujeres, siempre presentes, acompañando, sosteniendo, enriqueciendo, por eso felicité a Etel, esposa de don Gato Salazar, porque detrás de toda obra hay también un sostén silencioso y luminoso y conversar con ella es tan grato como con él. Asimismo felicité a Daniela Murialdo por su linda presentación y compartí con Amalia Decker, capísima de la literatura nacional y querida amiga en quien confío historias con absoluta libertad.

Salí con “Presagios” entre las manos y con la sensación clara de que algo ya había comenzado, como si la noche entera hubiera sido una antesala, una señal apenas perceptible pero persistente, porque hay libros que no esperan ser abiertos para empezar a ocurrir, sino que se anuncian en los encuentros, en las palabras, en las coincidencias que parecen casuales y no lo son.

Así, casi sin darme cuenta, entendí que este libro ya me había encontrado a mí mucho antes de que yo empezara a leerlo. Le agradezco la invitación don Gatito, alias Juan Carlos Salazar, no solo por haberme permitido vivir, sin saberlo, mi propio presagio, sino también por esos momentos que luego se vuelven relato, por esa materia prima que me permite hacer algo que me gusta… contar historias.

La Paz, 13 de mayo de 2026.

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Juan Carlos Salazar presentó su libro de cuentos “Presagios”

Juan Carlos Salazar del Barrio, miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua (ABL), presentó el martes 12 su nuevo libro de cuentos, “Presagios” (Plural), en acto realizado en el salón de la librería Plural.

Los comentarios estuvieron a cargo de la escritora y columnista Daniela Murialdo López, del escritor Rodrigo Urquiola Flores, reciente ganador del premio Eduardo Abaroa de cuento, y del director de la editorial Plural, José Antonio Quiroga.

Al acto asistieron los académicos España Villegas Pinto, directora de la ABL, Carlos D. Mesa Gisbert y H.C.F. Mansillla. También estuvieron presentes Florencia Ballivián y Robert Brockmann, miembros de la Academia de Historia, entre otros escritores y periodistas.

Salazar del Barrio es también autor del libro de cuentos “Figuraciones” (Plural, 2021), de las crónicas “A la guerra en taxi” (Plural, 2023) y de los libros de semblanzas “Semejanzas” (Plural, 2018) y “Genio y figura” (Plural, 2024), entre otros.

La Paz, 13 de mayo de 2026.

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