La noche del 12 de mayo empezó con presagios

Mirna Luisa Quezada Siles

Entré al salón de la Librería Plural con esa mezcla de curiosidad y expectativa que tienen las buenas noches literarias y casi sin darme cuenta volví a fijarme en ese cuadro hermoso donde una mecedora y una niña parecen sostener el tiempo en pausa, como si ya desde ahí se insinuara el tono de lo que vendría, una especie de antesala silenciosa para una noche que, incluso sin haber abierto el libro, ya comenzaba a decirme algo.

Llegué a la presentación de “Presagios” de Juan Carlos Salazar, periodista y escritor boliviano nacido en Tupiza, con la intuición de que no sería una velada cualquiera y no me equivoqué, sobre todo porque se daba apenas dos días después del Día del Periodista Boliviano (10 de mayo), una coincidencia que parecía subrayar el recorrido de alguien que hizo de la realidad su territorio natural antes de aventurarse, una vez más, en la ficción.

Salazar, autor de “Figuraciones”, publicado por Plural en 2021, presenta ahora un libro que, según se fue revelando en la conversación de la noche, se mueve entre mundos paralelos, como si lo que se presiente y lo que ocurre compartieran una misma sustancia y donde los personajes transitan entre la intuición y el destino, esa argamasa invisible de toda premonición. En la presentación quedó claro que escribir cuentos no es fácil y… “Presagios” es un libro de cuentos, un territorio exigente donde cada historia debe sostenerse con precisión y resonar más allá de sus propias páginas.

No es menor recordar que detrás de estas páginas está un periodista trotamundos que narró conflictos, vidas y geografías desde la crónica y el reportaje, experiencia que quedó en libros como “A la guerra en taxi”, “Semejanzas” y “Genio y figura”, además de trabajos sobre historia del periodismo, a lo que se suma su condición de Miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua, Académico Correspondiente de la Real Academia Española en Bolivia y Premio Nacional de Periodismo 2016, todo lo cual parecía latir en la sala de una manera casi tangible.

La presentación fue sumamente amena y encontró en Daniela Murialdo López una voz capaz de tender puentes entre el libro y quienes aún no lo hemos leído, con una intervención lúcida, cercana y envolvente que, más que explicar, abría caminos de lectura; su trayectoria como escritora y periodista se hizo evidente en esa manera de iluminar sin agotar, de invitar sin imponer.

A su vez, Rodrigo Urquiola, escritor, ensayista y crítico, una voz interesante de la narrativa boliviana contemporánea, aportó un tono cómplice y fue él quien, con humor, presentó al autor como “Gato”, alias Juan Carlos Salazar, instalando desde ese gesto una cercanía que marcó la noche.

Cuando habló Juan Carlos Salazar, la figura del autor se volvió entrañable, casi doméstica, al contar que tiene siete vidas y al compartir esa idea que se me quedó rondando, antes pensaba que se escribía para los amigos y ahora cree que escribe para ganar amigos y que con ganar doce sería feliz, una confesión que, en medio de una trayectoria tan sólida, revelaba una humanidad y modestia desarmante, reforzada además por la presencia de su hijo, llegado desde Madrid para acompañarlo en ese momento.

El vino de honor fue el espacio donde todo se volvió más cercano y personal y ahí me descubrí sosteniendo el libro que aún no he leído pero que ya siento de algún modo mío, esperando mi turno para pedirle una firma y encontrándome con una dedicatoria que me sorprendió y me alegró profundamente, “amiga, colega y cómplice”, palabras que se quedaron conmigo como una pequeña certeza.

A partir de ahí, la noche se fue entrelazando en encuentros que parecían sucederse con naturalidad, saludé al expresidente de Bolivia, escritor e historiador Carlos D. Mesa, y terminamos hablando de mi papá (Luis Quezada Solares), a quien recordó como el hombre tranquilo de la sonrisa gentil, una imagen que me acompañó el resto de la velada.

Conversé con Gonzalo Mendieta en un intercambio breve pero muy grato; con José Antonio Quiroga, gerente general de Plural; con mi excompañero de la UCB y actual director de Brújula Digital, Raúl Peñaranda y con mi colega y amigo Iván Camarlingi, mientras que también tuve el gusto de saludar a Robert Brockmann, periodista y escritor, sumando su presencia a ese grupo tan especial de personas.

En medio de todo, apareció Alfonso Gumucio, a quien siempre consideré inalcanzable, escritor, cineasta y referente latinoamericano en comunicación, quien con una generosidad inesperada elogió mis crónicas, especialmente la dedicada a Luis Antezana Ergueta.

Y en ese entramado no puedo dejar de mencionar a las mujeres, siempre presentes, acompañando, sosteniendo, enriqueciendo, por eso felicité a Etel, esposa de don Gato Salazar, porque detrás de toda obra hay también un sostén silencioso y luminoso y conversar con ella es tan grato como con él. Asimismo felicité a Daniela Murialdo por su linda presentación y compartí con Amalia Decker, capísima de la literatura nacional y querida amiga en quien confío historias con absoluta libertad.

Salí con “Presagios” entre las manos y con la sensación clara de que algo ya había comenzado, como si la noche entera hubiera sido una antesala, una señal apenas perceptible pero persistente, porque hay libros que no esperan ser abiertos para empezar a ocurrir, sino que se anuncian en los encuentros, en las palabras, en las coincidencias que parecen casuales y no lo son.

Así, casi sin darme cuenta, entendí que este libro ya me había encontrado a mí mucho antes de que yo empezara a leerlo. Le agradezco la invitación don Gatito, alias Juan Carlos Salazar, no solo por haberme permitido vivir, sin saberlo, mi propio presagio, sino también por esos momentos que luego se vuelven relato, por esa materia prima que me permite hacer algo que me gusta… contar historias.

La Paz, 13 de mayo de 2026.

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Juan Carlos Salazar presentó su libro de cuentos “Presagios”

Juan Carlos Salazar del Barrio, miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua (ABL), presentó el martes 12 su nuevo libro de cuentos, “Presagios” (Plural), en acto realizado en el salón de la librería Plural.

Los comentarios estuvieron a cargo de la escritora y columnista Daniela Murialdo López, del escritor Rodrigo Urquiola Flores, reciente ganador del premio Eduardo Abaroa de cuento, y del director de la editorial Plural, José Antonio Quiroga.

Al acto asistieron los académicos España Villegas Pinto, directora de la ABL, Carlos D. Mesa Gisbert y H.C.F. Mansillla. También estuvieron presentes Florencia Ballivián y Robert Brockmann, miembros de la Academia de Historia, entre otros escritores y periodistas.

Salazar del Barrio es también autor del libro de cuentos “Figuraciones” (Plural, 2021), de las crónicas “A la guerra en taxi” (Plural, 2023) y de los libros de semblanzas “Semejanzas” (Plural, 2018) y “Genio y figura” (Plural, 2024), entre otros.

La Paz, 13 de mayo de 2026.

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Figuraciones y presagios de Juan Carlos Salazar

Rodrigo Urquiola Flores

En Figuraciones (Plural, 2021), el primer libro de cuentos de Juan Carlos Salazar, un escritor conocido sobre todo por su trabajo periodístico, se puede advertir el cuidadoso manejo de la prosa en sus construcciones narrativas: escritura elegante cuyo fuerte son unas descripciones más que fotográficas, pertenecientes, quizás, al rigor de la buena pintura paisajista, con esa delicadeza interpretativa en sus colores que una cámara no podría lograr. Más allá de estas cualidades técnicas, subyacen en estos relatos la nostalgia y la vocación de la lucha en contra de las injusticias del mundo, búsqueda tal vez romántica, quijotesca en el mejor de los casos.

En “Casilda”, el retrato de los descubrimientos de la infancia desemboca en una revelación: lo que el colectivo cree imaginario acaso puede ser real. Y es que el mito es otro de los grandes móviles de la narrativa de Salazar, algo que puede verse en otros cuentos destacados del libro como en “¿Acaso crees en Dios?”, en el que un no creyente es linchado al actuar de Jesús en una representación, o en “El espejo”, en el que otra suerte de Jesús del que también se venden poleras y disfraces, ya linchado, el Che, yace entre recuerdos, dolor e ideales, pero, sobre todo imágenes, sus últimas exhalaciones.

El camino adoptado en Presagios (Plural, 2026), más allá de las evoluciones en la forma –hay un monólogo, o cartas– es similar. Las historias están construidas en torno a alguna anécdota, pero, sobre todo, a imágenes que rodean a ese momento vital de los personajes. Muchas veces estas imágenes pueden ser librescas: versos o canciones que los personajes saben de memoria.

En “Almanaque”, la tapa naranja del Bristol es tan potente que puede sobreponerse al horror de la Guerra del Chaco a través de los recuerdos de un combatiente proveniente –desde mi perspectiva– de las clases altas que prefiere extraviarse en los laberintos de su propia memoria a buscar “inditas matacas”, como sus camaradas, para saciar el fuego de su instinto.

“Bolero” es un cuento que recorre la Zona Sur paceña a pie, desde Obrajes hasta Los Pinos, al son de la música y los recuerdos impregnados de nostalgia. Una conversación entre dos amigos que no se ven desde hace mucho tiempo y que terminará en una revelación fantasmal.

“El viejo Casiano” narra la historia de un viejo aymara –mágico, místico, insondable, mítico, siempre presente y al mismo tiempo de algún modo ausente, como las montañas que rodean a La Paz– capaz de ver, a través de los tiempos, cómo la historia se repite una y otra vez en esta atribulada ciudad.

En “Suplente”, retornamos a dos de los temas favoritos del autor: la guerrilla y la religión católica: un cura decide tomar el lugar de otro cuando irrumpe la bestialidad militar para sufrir en carne propia un castigo que no le corresponde. ¿Por qué lo hizo? ¿Para ser recordado como héroe o solo por culpa de un impulso accidental?

En “La bicha” el personaje principal es un animal silencioso, pero imponente, una gran vizcacha de siete kilos. Sucede en las minas, donde los cazadores de fortunas padecen hambre y sufrimientos hasta que la suerte les sonríe. Dos hombres –ciudadanos de un mismo país, pero pertenecientes a dos naciones condenadas a vivir en un mismo territorio– se aproximan a la veta. Uno, el que conoce mejor la tierra, huye. Queda el otro, que culpa a su empleado

de supersticioso, para encontrarse con su propia perdición bajo la atenta mirada de ese extraño animal que parece una presencia del inframundo más que una bestia.

“Legado” narra el descubrimiento de un tesoro. A la muerte del padre, el hijo ordena sus papeles en el sótano: una investigación a la que ha dedicado obsesiones y bastante tiempo. Unas cartas en español antiguo, con el inequívoco acento del conquistador, serán la gran revelación.

Quizás la frase que pueda describir el espíritu de los cuentos de Salazar y, asimismo, el leitmotiv de su poética es una que aparece en “El viejo Casiano”: “…el pasado es el prólogo del presente y epílogo del futuro”, porque de eso hablan estos cuentos, de cómo la historia no es otra cosa que un libro eterno del que todos somos partícipes con nuestros pequeños fragmentos de voces y que esas voces, acaso, no sean otra cosa que imágenes que se buscan recuperar en lo recóndito de la memoria, ese vasto universo donde todo lo que fue es posible.

(Texto leído en la presentación del libro de cuentos «Presagios»),

Ramona Cultural – 13 de mayo de 2026.

https://www.ramonacultural.com/contenido-r/figuraciones-y-presagios-de-juan-carlos-salazar/

Mina, bolero y amartelo: «Presagios» de don Gato

Liliana Carrillo V.*

Un aire a mina, bolero y amartelo tiene Presagios, el segundo libro de cuentos de Juan Carlos “Gato” Salazar. Tiene también vizcachas, almanaques Bristol, bibliotecas viejas y boleros tristes conspirando para probar que los periodistas pueden –y muchos deben– aventurarse en las lides literarias. Porque, al final, se trata de contar historias de éste o del otro lado del umbral.

En su segundo libro de ficción —Figuraciones (2021) fue el primero—, Salazar reafirma su estrategia de “llenar con imaginación un espacio que la historia dejó abierto”. Los seis relatos presentan personajes, contextos o datos reales y verificables en un mundo de ficción. Ir tras los hechos es labor de periodista, el oficio que don Gato ha ejercido durante décadas, y que penetra, como pocos, las pasiones del alma humana.

Dicho esto, y sin ánimo de espoilear, un repaso a los cuentos de Presagios (Plural, 2026)

Almanaque: Qué artefacto fino es este cuento que tiene como protagonista a un calendario famoso. “Ni el cura conocía tan bien el santoral como Don Bristol”, reflexiona Jacinto bordando su propia genealogía con el hilo de la luna y los planetas. Es un cuento entrañable, filosófico pero no moralista y signado por el amartelo por el abuelo que extrañaba tanto, aunque murió cuatro años antes que él naciera.

Bolero: Los reflectores apuntan a Raúl Shaw Moreno, la voz de Los Panchos, nada menos. Es La Paz de hace algunas décadas, una farra que se convierte en paseo y una charla que deriva en un duelo sobre boleros. De fondo —y a ratos en primer plano— boleritos, y alguna zamba infiltrada, para llorar malos amores. Por alto que esté el cielo en el mundo/ por hondo que sea el mar profundo/ no habrá una barrera en el mundo/ que mi amor profundo no rompa por ti. Nada diré de la vuelta de tuerca del final que cambia la dimensión del cuento.

El viejo Casiano: Un paseo por la historia de La Paz, guiado por los ojos de un viejo amauta. Entre calles de nombres recios, el narrador bosqueja el germen violento, desde sus orígenes, de esta ciudad de paradójico apellido. Qué bien logrado el juego de tiempos que se entretejen con la historia y los mitos. Doble mérito por las referencias, bien dosificadas, de hechos y fechas precisas.

Suplente: Puro ritmo, pura música, pura poesía en esta historia de curas del tercer mundo, jodida por la violencia. Hay en su narrador una veta poética grande que, intuyo, cada vez se resigna menos a no brillar.

La bicha: La terquedad de un hombre, ciego a las señales, que decide emprender una guerra solitaria contra las vizcachas que se han convertido en obstáculo para llegar a su veta. Esta historia de minas tiene la ambientación y el ritmo precisos. Rozando el género de lo fantástico, presenta personajes complejos, contradictorios, entrañables (hasta las bichas).

El Legado: Poderoso cuento, el más literario del libro, acaso. Ordenando el desván de su difunto padre, un hombre descubre una serie de documentos y libros antiguos que revelan la obsesión de su progenitor por desentrañar el paradero de Mateo Garvizu, un minero español del siglo XIX que desapareció tras hallar una veta de oro en el altiplano. A través de la lectura de una carta perdida y la bitácora de investigación de su padre, el protagonista habrá de coser presagios para descubrir su legado. El cuento intercala registros en tres planos temporales, construye personajes profundos y melancólicos y estalla en descripciones.

“Hay presentimientos que son/ como el rumor del viento/ antes de la tempestad”, escribió Gustavo Adolfo Bécquer. No es el caso de los cuentos de Presagios, que llegan con augurios de buena literatura.

*Liliana Carrillo V. es periodista.

https://movidadealtura.com/textual/mina-bolero-y-amartelo-presagios-de-don-gato/?fbclid=IwY2xjawRvLVpleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeugBQaHxwNexjh18BMG30ukvEK2QbnzDAdCfXN2KC131yHHuBiu4myJtn-AY_aem_Sd5o–Vl8hwVmAODALF0eg&brid=YWdncwErPVz1lLEHJ7alQcDIioSp