Entre relatos de mariposas nocturnas y presentimientos, Salazar presentó con éxito su libro “Presagios”

Raúl Peñaranda U.

La reciente presentación del libro “Presagios” del periodista y escritor Juan Carlos Salazar estuvo marcada por relatos sobre premoniciones, recuerdos personales y reflexiones sobre la memoria, la ficción y el periodismo. El acto se realizó en el auditorio de Plural Editores, responsable de la publicación de la obra.

José Antonio Quiroga, director de la editorial Plural, fue el encargado de hacer la introducción al evento, resaltando las aptitudes humanas y profesionales de Salazar. 

La abogada y columnista Daniela Murialdo abrió su alocución con una anécdota vinculada al tema central del libro. Contó que una vez encontró una mariposa nocturna negra dentro de su dormitorio y que, pese a ser creyente católica, interpretó la presencia del insecto como un mal presagio. Relató que junto a su esposo, el también columnista Gonzalo Mendieta, intentaron sacar la mariposa abriendo las ventanas del cuarto.

La historia tomó un giro inesperado cuando, al despertar al día siguiente, encontró a la mariposa muerta debajo de su almohada. Según explicó, aquella experiencia le hizo pensar que durante un año podría ocurrirle alguna desgracia a su familia, aunque afortunadamente ese temor no se concretó. La anécdota sirvió como introducción al universo de “Presagios”, el más reciente libro de Juan Carlos Salazar, centrado en señales, intuiciones y hechos que parecen anticipar acontecimientos futuros.

Rodrigo Urquiola

La otra persona que comentó el libro fue el escritor Rodrigo Urquiola, quien analizó la evolución narrativa de Salazar desde “Figuraciones” (2021) hasta su nuevo libro. Destacó el manejo de una prosa “elegante” y descriptiva, así como la presencia de temas como el mito, la memoria y las injusticias sociales.

Según Urquiola, en “Presagios” las historias siguen construyéndose alrededor de imágenes y recuerdos, aunque con variaciones formales como el uso del monólogo, las cartas y distintos puntos de vista narrativos. Comentó varios de los cuentos incluidos en el libro, entre ellos “Almanaque”, ambientado en la Guerra del Chaco; “Bolero”, recorrido nostálgico por la zona Sur paceña; y “El viejo Casiano”, centrado en un anciano aymara capaz de observar cómo la historia de La Paz se repite de manera cíclica.

También se refirió a relatos como “La bicha”, situado en las minas y protagonizado por una enorme vizcacha asociada a un ambiente casi sobrenatural, y “Legado”, donde un hijo descubre documentos antiguos entre las pertenencias de su padre. Para Urquiola, una frase incluida en “El viejo Casiano” resume el espíritu del libro: “el pasado es el prólogo del presente y epílogo del futuro”.

Relación entre ficción y periodismo

En la parte final del evento, el propio Salazar habló sobre el origen de varios cuentos y sobre la relación entre la ficción y su experiencia periodística. Explicó que el título del libro parte de la idea de que “todo presagio anuncia lo que el corazón ya presentía” y sostuvo que en Bolivia existe una fuerte inclinación hacia las señales y los presentimientos.

Salazar ha desarrollado una extensa trayectoria en el periodismo boliviano e internacional, marcada por la cobertura de algunos de los principales conflictos políticos y militares de América Latina. Cofundador de la Agencia de Noticias Fides, fue corresponsal de la agencia alemana DPA durante más de tres décadas en Bolivia, Argentina, México, Centroamérica y Cuba, y posteriormente dirigió el Servicio Internacional en Español de esa agencia desde Madrid.

A lo largo de su carrera cubrió hechos históricos como la guerrilla del Che Guevara en Bolivia, las dictaduras militares del Cono Sur, la guerra civil centroamericana y el levantamiento zapatista en Chiapas. También dirigió el diario paceño Página Siete entre 2013 y 2016 y recibió el Premio Nacional de Periodismo otorgado por la Asociación de Periodistas de La Paz en 2016.

Además de su labor periodística, Salazar ha publicado y coordinado diversos libros vinculados al periodismo, la historia y la literatura, entre ellos “La guerrilla que contamos”, “Che: Una cabalgata sin fin” y “Semejanzas”.

Salazar leyó su propio obituario

En la presentación, el autor recordó un episodio ocurrido durante el golpe de Estado de Hugo Banzer  Suárez, cuando la agencia internacional para la que trabajaba lo dio erróneamente por muerto mientras permanecía oculto en La Paz. Contó que llegó a leer su propio obituario y que, lejos de alarmarse, interpretó aquello como una señal de que tendría una vida larga y agitada. Después, dadas las circunstancias, dijo: “voy a tener una vida agitada”, cosa que se cumplió. Y como estaba con un pie en el avión para salir al exilio, contó que pensó: “voy a viajar mucho”. Todas esas premoniciones se han cumplido.

También relató una experiencia más reciente vinculada a la muerte de un amigo cercano, Mariano Baptista, a quien había recordado durante un desayuno con el también escritor Alfonso Gumucio pocas horas antes de enterarse de su fallecimiento. Para el escritor, ese tipo de coincidencias alimenta la percepción de que ciertos acontecimientos parecen anunciarse antes de suceder. “No tengo dudas de que Mariano fue a despedirse de nosotros ese día”, dijo Salazar.

Durante su intervención, Salazar afirmó que “Presagios” representa un cambio respecto de “Figuraciones”, libro que definió como “el más periodístico” de su producción literaria. Explicó que muchos de aquellos cuentos surgieron de situaciones que no podía desarrollar plenamente en crónicas o reportajes debido a las exigencias del oficio periodístico.

Mencionó, por ejemplo, el cuento “El espejo”, inspirado en la muerte del Che Guevara. Según relató, después de cubrir el episodio durante años se preguntó cómo habrían sido los últimos segundos de vida del guerrillero y decidió imaginar esa escena a través de la ficción.

También recordó experiencias vinculadas a la guerra salvadoreña y al levantamiento zapatista en México, episodios que luego derivaron en relatos literarios. En uno de esos recuerdos mencionó a una joven guerrillera salvadoreña que, en lugar de pedir comida, le pidió un libro.

El autor cerró la presentación afirmando que escribe “para ganar amigos” y expresó su deseo de que el libro le permita acercarse a nuevos lectores.

BD/RPU

Brújula Digital|15|05|26|

https://brujuladigital.net/cultura-y-farandula/2026/05/15/entre-relatos-de-mariposas-nocturnas-y-presentimientos-salazar-presento-con-exito-su-libro-premoniciones-60655?fbclid=IwY2xjawR0d8RleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEe2sT7v22QdFD7Fq8vN-r2OHOcVli0yG-7QzAGIicLaHq3_-2Yc29zbvEJLxU_aem_YWdncwD4XbEL4KiBp91CAO5FnHN2&brid=YWdncwHfWJuNbOJ6hljLEG0t6TFq

La noche del 12 de mayo empezó con presagios

Mirna Luisa Quezada Siles

Entré al salón de la Librería Plural con esa mezcla de curiosidad y expectativa que tienen las buenas noches literarias y casi sin darme cuenta volví a fijarme en ese cuadro hermoso donde una mecedora y una niña parecen sostener el tiempo en pausa, como si ya desde ahí se insinuara el tono de lo que vendría, una especie de antesala silenciosa para una noche que, incluso sin haber abierto el libro, ya comenzaba a decirme algo.

Llegué a la presentación de “Presagios” de Juan Carlos Salazar, periodista y escritor boliviano nacido en Tupiza, con la intuición de que no sería una velada cualquiera y no me equivoqué, sobre todo porque se daba apenas dos días después del Día del Periodista Boliviano (10 de mayo), una coincidencia que parecía subrayar el recorrido de alguien que hizo de la realidad su territorio natural antes de aventurarse, una vez más, en la ficción.

Salazar, autor de “Figuraciones”, publicado por Plural en 2021, presenta ahora un libro que, según se fue revelando en la conversación de la noche, se mueve entre mundos paralelos, como si lo que se presiente y lo que ocurre compartieran una misma sustancia y donde los personajes transitan entre la intuición y el destino, esa argamasa invisible de toda premonición. En la presentación quedó claro que escribir cuentos no es fácil y… “Presagios” es un libro de cuentos, un territorio exigente donde cada historia debe sostenerse con precisión y resonar más allá de sus propias páginas.

No es menor recordar que detrás de estas páginas está un periodista trotamundos que narró conflictos, vidas y geografías desde la crónica y el reportaje, experiencia que quedó en libros como “A la guerra en taxi”, “Semejanzas” y “Genio y figura”, además de trabajos sobre historia del periodismo, a lo que se suma su condición de Miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua, Académico Correspondiente de la Real Academia Española en Bolivia y Premio Nacional de Periodismo 2016, todo lo cual parecía latir en la sala de una manera casi tangible.

La presentación fue sumamente amena y encontró en Daniela Murialdo López una voz capaz de tender puentes entre el libro y quienes aún no lo hemos leído, con una intervención lúcida, cercana y envolvente que, más que explicar, abría caminos de lectura; su trayectoria como escritora y periodista se hizo evidente en esa manera de iluminar sin agotar, de invitar sin imponer.

A su vez, Rodrigo Urquiola, escritor, ensayista y crítico, una voz interesante de la narrativa boliviana contemporánea, aportó un tono cómplice y fue él quien, con humor, presentó al autor como “Gato”, alias Juan Carlos Salazar, instalando desde ese gesto una cercanía que marcó la noche.

Cuando habló Juan Carlos Salazar, la figura del autor se volvió entrañable, casi doméstica, al contar que tiene siete vidas y al compartir esa idea que se me quedó rondando, antes pensaba que se escribía para los amigos y ahora cree que escribe para ganar amigos y que con ganar doce sería feliz, una confesión que, en medio de una trayectoria tan sólida, revelaba una humanidad y modestia desarmante, reforzada además por la presencia de su hijo, llegado desde Madrid para acompañarlo en ese momento.

El vino de honor fue el espacio donde todo se volvió más cercano y personal y ahí me descubrí sosteniendo el libro que aún no he leído pero que ya siento de algún modo mío, esperando mi turno para pedirle una firma y encontrándome con una dedicatoria que me sorprendió y me alegró profundamente, “amiga, colega y cómplice”, palabras que se quedaron conmigo como una pequeña certeza.

A partir de ahí, la noche se fue entrelazando en encuentros que parecían sucederse con naturalidad, saludé al expresidente de Bolivia, escritor e historiador Carlos D. Mesa, y terminamos hablando de mi papá (Luis Quezada Solares), a quien recordó como el hombre tranquilo de la sonrisa gentil, una imagen que me acompañó el resto de la velada.

Conversé con Gonzalo Mendieta en un intercambio breve pero muy grato; con José Antonio Quiroga, gerente general de Plural; con mi excompañero de la UCB y actual director de Brújula Digital, Raúl Peñaranda y con mi colega y amigo Iván Camarlingi, mientras que también tuve el gusto de saludar a Robert Brockmann, periodista y escritor, sumando su presencia a ese grupo tan especial de personas.

En medio de todo, apareció Alfonso Gumucio, a quien siempre consideré inalcanzable, escritor, cineasta y referente latinoamericano en comunicación, quien con una generosidad inesperada elogió mis crónicas, especialmente la dedicada a Luis Antezana Ergueta.

Y en ese entramado no puedo dejar de mencionar a las mujeres, siempre presentes, acompañando, sosteniendo, enriqueciendo, por eso felicité a Etel, esposa de don Gato Salazar, porque detrás de toda obra hay también un sostén silencioso y luminoso y conversar con ella es tan grato como con él. Asimismo felicité a Daniela Murialdo por su linda presentación y compartí con Amalia Decker, capísima de la literatura nacional y querida amiga en quien confío historias con absoluta libertad.

Salí con “Presagios” entre las manos y con la sensación clara de que algo ya había comenzado, como si la noche entera hubiera sido una antesala, una señal apenas perceptible pero persistente, porque hay libros que no esperan ser abiertos para empezar a ocurrir, sino que se anuncian en los encuentros, en las palabras, en las coincidencias que parecen casuales y no lo son.

Así, casi sin darme cuenta, entendí que este libro ya me había encontrado a mí mucho antes de que yo empezara a leerlo. Le agradezco la invitación don Gatito, alias Juan Carlos Salazar, no solo por haberme permitido vivir, sin saberlo, mi propio presagio, sino también por esos momentos que luego se vuelven relato, por esa materia prima que me permite hacer algo que me gusta… contar historias.

La Paz, 13 de mayo de 2026.

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Juan Carlos Salazar presentó su libro de cuentos “Presagios”

Juan Carlos Salazar del Barrio, miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua (ABL), presentó el martes 12 su nuevo libro de cuentos, “Presagios” (Plural), en acto realizado en el salón de la librería Plural.

Los comentarios estuvieron a cargo de la escritora y columnista Daniela Murialdo López, del escritor Rodrigo Urquiola Flores, reciente ganador del premio Eduardo Abaroa de cuento, y del director de la editorial Plural, José Antonio Quiroga.

Al acto asistieron los académicos España Villegas Pinto, directora de la ABL, Carlos D. Mesa Gisbert y H.C.F. Mansillla. También estuvieron presentes Florencia Ballivián y Robert Brockmann, miembros de la Academia de Historia, entre otros escritores y periodistas.

Salazar del Barrio es también autor del libro de cuentos “Figuraciones” (Plural, 2021), de las crónicas “A la guerra en taxi” (Plural, 2023) y de los libros de semblanzas “Semejanzas” (Plural, 2018) y “Genio y figura” (Plural, 2024), entre otros.

La Paz, 13 de mayo de 2026.

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Figuraciones y presagios de Juan Carlos Salazar

Rodrigo Urquiola Flores

En Figuraciones (Plural, 2021), el primer libro de cuentos de Juan Carlos Salazar, un escritor conocido sobre todo por su trabajo periodístico, se puede advertir el cuidadoso manejo de la prosa en sus construcciones narrativas: escritura elegante cuyo fuerte son unas descripciones más que fotográficas, pertenecientes, quizás, al rigor de la buena pintura paisajista, con esa delicadeza interpretativa en sus colores que una cámara no podría lograr. Más allá de estas cualidades técnicas, subyacen en estos relatos la nostalgia y la vocación de la lucha en contra de las injusticias del mundo, búsqueda tal vez romántica, quijotesca en el mejor de los casos.

En “Casilda”, el retrato de los descubrimientos de la infancia desemboca en una revelación: lo que el colectivo cree imaginario acaso puede ser real. Y es que el mito es otro de los grandes móviles de la narrativa de Salazar, algo que puede verse en otros cuentos destacados del libro como en “¿Acaso crees en Dios?”, en el que un no creyente es linchado al actuar de Jesús en una representación, o en “El espejo”, en el que otra suerte de Jesús del que también se venden poleras y disfraces, ya linchado, el Che, yace entre recuerdos, dolor e ideales, pero, sobre todo imágenes, sus últimas exhalaciones.

El camino adoptado en Presagios (Plural, 2026), más allá de las evoluciones en la forma –hay un monólogo, o cartas– es similar. Las historias están construidas en torno a alguna anécdota, pero, sobre todo, a imágenes que rodean a ese momento vital de los personajes. Muchas veces estas imágenes pueden ser librescas: versos o canciones que los personajes saben de memoria.

En “Almanaque”, la tapa naranja del Bristol es tan potente que puede sobreponerse al horror de la Guerra del Chaco a través de los recuerdos de un combatiente proveniente –desde mi perspectiva– de las clases altas que prefiere extraviarse en los laberintos de su propia memoria a buscar “inditas matacas”, como sus camaradas, para saciar el fuego de su instinto.

“Bolero” es un cuento que recorre la Zona Sur paceña a pie, desde Obrajes hasta Los Pinos, al son de la música y los recuerdos impregnados de nostalgia. Una conversación entre dos amigos que no se ven desde hace mucho tiempo y que terminará en una revelación fantasmal.

“El viejo Casiano” narra la historia de un viejo aymara –mágico, místico, insondable, mítico, siempre presente y al mismo tiempo de algún modo ausente, como las montañas que rodean a La Paz– capaz de ver, a través de los tiempos, cómo la historia se repite una y otra vez en esta atribulada ciudad.

En “Suplente”, retornamos a dos de los temas favoritos del autor: la guerrilla y la religión católica: un cura decide tomar el lugar de otro cuando irrumpe la bestialidad militar para sufrir en carne propia un castigo que no le corresponde. ¿Por qué lo hizo? ¿Para ser recordado como héroe o solo por culpa de un impulso accidental?

En “La bicha” el personaje principal es un animal silencioso, pero imponente, una gran vizcacha de siete kilos. Sucede en las minas, donde los cazadores de fortunas padecen hambre y sufrimientos hasta que la suerte les sonríe. Dos hombres –ciudadanos de un mismo país, pero pertenecientes a dos naciones condenadas a vivir en un mismo territorio– se aproximan a la veta. Uno, el que conoce mejor la tierra, huye. Queda el otro, que culpa a su empleado

de supersticioso, para encontrarse con su propia perdición bajo la atenta mirada de ese extraño animal que parece una presencia del inframundo más que una bestia.

“Legado” narra el descubrimiento de un tesoro. A la muerte del padre, el hijo ordena sus papeles en el sótano: una investigación a la que ha dedicado obsesiones y bastante tiempo. Unas cartas en español antiguo, con el inequívoco acento del conquistador, serán la gran revelación.

Quizás la frase que pueda describir el espíritu de los cuentos de Salazar y, asimismo, el leitmotiv de su poética es una que aparece en “El viejo Casiano”: “…el pasado es el prólogo del presente y epílogo del futuro”, porque de eso hablan estos cuentos, de cómo la historia no es otra cosa que un libro eterno del que todos somos partícipes con nuestros pequeños fragmentos de voces y que esas voces, acaso, no sean otra cosa que imágenes que se buscan recuperar en lo recóndito de la memoria, ese vasto universo donde todo lo que fue es posible.

(Texto leído en la presentación del libro de cuentos «Presagios»),

Ramona Cultural – 13 de mayo de 2026.

https://www.ramonacultural.com/contenido-r/figuraciones-y-presagios-de-juan-carlos-salazar/