Mirna Luisa Quezada Siles
Entré al salón de la Librería Plural con esa mezcla de curiosidad y expectativa que tienen las buenas noches literarias y casi sin darme cuenta volví a fijarme en ese cuadro hermoso donde una mecedora y una niña parecen sostener el tiempo en pausa, como si ya desde ahí se insinuara el tono de lo que vendría, una especie de antesala silenciosa para una noche que, incluso sin haber abierto el libro, ya comenzaba a decirme algo.
Llegué a la presentación de “Presagios” de Juan Carlos Salazar, periodista y escritor boliviano nacido en Tupiza, con la intuición de que no sería una velada cualquiera y no me equivoqué, sobre todo porque se daba apenas dos días después del Día del Periodista Boliviano (10 de mayo), una coincidencia que parecía subrayar el recorrido de alguien que hizo de la realidad su territorio natural antes de aventurarse, una vez más, en la ficción.
Salazar, autor de “Figuraciones”, publicado por Plural en 2021, presenta ahora un libro que, según se fue revelando en la conversación de la noche, se mueve entre mundos paralelos, como si lo que se presiente y lo que ocurre compartieran una misma sustancia y donde los personajes transitan entre la intuición y el destino, esa argamasa invisible de toda premonición. En la presentación quedó claro que escribir cuentos no es fácil y… “Presagios” es un libro de cuentos, un territorio exigente donde cada historia debe sostenerse con precisión y resonar más allá de sus propias páginas.
No es menor recordar que detrás de estas páginas está un periodista trotamundos que narró conflictos, vidas y geografías desde la crónica y el reportaje, experiencia que quedó en libros como “A la guerra en taxi”, “Semejanzas” y “Genio y figura”, además de trabajos sobre historia del periodismo, a lo que se suma su condición de Miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua, Académico Correspondiente de la Real Academia Española en Bolivia y Premio Nacional de Periodismo 2016, todo lo cual parecía latir en la sala de una manera casi tangible.
La presentación fue sumamente amena y encontró en Daniela Murialdo López una voz capaz de tender puentes entre el libro y quienes aún no lo hemos leído, con una intervención lúcida, cercana y envolvente que, más que explicar, abría caminos de lectura; su trayectoria como escritora y periodista se hizo evidente en esa manera de iluminar sin agotar, de invitar sin imponer.
A su vez, Rodrigo Urquiola, escritor, ensayista y crítico, una voz interesante de la narrativa boliviana contemporánea, aportó un tono cómplice y fue él quien, con humor, presentó al autor como “Gato”, alias Juan Carlos Salazar, instalando desde ese gesto una cercanía que marcó la noche.
Cuando habló Juan Carlos Salazar, la figura del autor se volvió entrañable, casi doméstica, al contar que tiene siete vidas y al compartir esa idea que se me quedó rondando, antes pensaba que se escribía para los amigos y ahora cree que escribe para ganar amigos y que con ganar doce sería feliz, una confesión que, en medio de una trayectoria tan sólida, revelaba una humanidad y modestia desarmante, reforzada además por la presencia de su hijo, llegado desde Madrid para acompañarlo en ese momento.
El vino de honor fue el espacio donde todo se volvió más cercano y personal y ahí me descubrí sosteniendo el libro que aún no he leído pero que ya siento de algún modo mío, esperando mi turno para pedirle una firma y encontrándome con una dedicatoria que me sorprendió y me alegró profundamente, “amiga, colega y cómplice”, palabras que se quedaron conmigo como una pequeña certeza.
A partir de ahí, la noche se fue entrelazando en encuentros que parecían sucederse con naturalidad, saludé al expresidente de Bolivia, escritor e historiador Carlos D. Mesa, y terminamos hablando de mi papá (Luis Quezada Solares), a quien recordó como el hombre tranquilo de la sonrisa gentil, una imagen que me acompañó el resto de la velada.
Conversé con Gonzalo Mendieta en un intercambio breve pero muy grato; con José Antonio Quiroga, gerente general de Plural; con mi excompañero de la UCB y actual director de Brújula Digital, Raúl Peñaranda y con mi colega y amigo Iván Camarlingi, mientras que también tuve el gusto de saludar a Robert Brockmann, periodista y escritor, sumando su presencia a ese grupo tan especial de personas.
En medio de todo, apareció Alfonso Gumucio, a quien siempre consideré inalcanzable, escritor, cineasta y referente latinoamericano en comunicación, quien con una generosidad inesperada elogió mis crónicas, especialmente la dedicada a Luis Antezana Ergueta.
Y en ese entramado no puedo dejar de mencionar a las mujeres, siempre presentes, acompañando, sosteniendo, enriqueciendo, por eso felicité a Etel, esposa de don Gato Salazar, porque detrás de toda obra hay también un sostén silencioso y luminoso y conversar con ella es tan grato como con él. Asimismo felicité a Daniela Murialdo por su linda presentación y compartí con Amalia Decker, capísima de la literatura nacional y querida amiga en quien confío historias con absoluta libertad.
Salí con “Presagios” entre las manos y con la sensación clara de que algo ya había comenzado, como si la noche entera hubiera sido una antesala, una señal apenas perceptible pero persistente, porque hay libros que no esperan ser abiertos para empezar a ocurrir, sino que se anuncian en los encuentros, en las palabras, en las coincidencias que parecen casuales y no lo son.
Así, casi sin darme cuenta, entendí que este libro ya me había encontrado a mí mucho antes de que yo empezara a leerlo. Le agradezco la invitación don Gatito, alias Juan Carlos Salazar, no solo por haberme permitido vivir, sin saberlo, mi propio presagio, sino también por esos momentos que luego se vuelven relato, por esa materia prima que me permite hacer algo que me gusta… contar historias.
La Paz, 13 de mayo de 2026.
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