Mirna Luisa Quezada Siles
El nuevo libro de cuentos de Juan Carlos Salazar, “Presagios”, me dejó una impresión intensa desde sus primeras páginas. En 61 páginas y seis relatos, se condensan parte de la historia, la memoria y el destino en Bolivia. Al leerlo, no pude evitar experimentar una inquietud constante, como si cada línea anunciara algo sombrío o extraño; hubo momentos en los que, sinceramente, me dieron escalofríos.
Cada cuento gira en torno a vaticinios que, casi siempre, anticipan desgracias o hechos curiosos. Percibí cómo en “Almanaque” un simple objeto contiene el anuncio y vivencia de la Guerra del Chaco; en “Bolero”, un recorrido cotidiano se transforma en algo fantasmal; en “El viejo Casiano”, la idea de que la historia se repite resultaba inquietante; en “Suplente”, la violencia irrumpe de forma brutal cuando un sacerdote se hace pasar por otro; en “La bicha”, una presencia extraña se vuelve símbolo de fatalidad y en “Legado” descubrir el pasado se convierte en una forma de anticipar el futuro. Todo parecía decirme que el tiempo no era lineal y que lo que vendría ya estaba, de alguna manera, escrito.
Lo que más me impactó fue la prosa, las imágenes son tan vívidas que sentía que estaba ahí, enfrentando ese temor o angustia que atravesaban los personajes. Hay frases que se me quedaron grabadas y que reforzaron esa sensación una dice: “nada aligera más una carga que la promesa de una ilusión” y resume muy bien ese contraste entre esperanza y fatalidad que atraviesa todo el libro.
Esa sensación de presagio no se quedó solo en la ficción. Recordé que en enero de 2020, cuando fui con mi familia a Copacabana a encender velitas en la capilla ardiente, lo hice por varios nombres; sin embargo, la velita de mi papá se extinguió rápidamente. Ese mismo año mi papá falleció y desde entonces dejé de prender velitas por nombres de personas… prefiero hacerlo con intenciones o grupos grandes de sujetos. Ese detalle, aparentemente mínimo, me dejó una inquietud difícil de explicar, más aún porque ese día ni siquiera pude entrar al templo al salir del pueblo. Años después, en 2025, durante la posesión del nuevo gobierno, también tuve una impresión similar porque el vicepresidente mostró actitudes dudosas que me hicieron pensar que la administración actual tendría problemas y que existiría una división con el presidente. Fueron momentos que, como en los cuentos, parecían pequeñas señales que anunciaban algo más grande.
Al terminar el libro, me quedó claro que es una obra para releer. Siempre pienso que cada buen libro es como cada lindo amor que una persona tuvo porque dejan huellas profundas, pero no todas son iguales. Algunos dejan nostalgia, otros una alegría silenciosa; hay los que se convierten en refugio, los que duelen, los que iluminan y también los que inquietan, persiguen o dejan a las personas, pensativas. “Presagios” me dejó pensativa y quizá por eso me resultó perturbador también porque me enfrentó a la idea de que, a veces, solo nos queda intuir lo que viene y aceptar que no siempre será algo bueno.
Facebook – 22 de mayo de 2026
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