Figuraciones y presagios de Juan Carlos Salazar

Rodrigo Urquiola Flores

En Figuraciones (Plural, 2021), el primer libro de cuentos de Juan Carlos Salazar, un escritor conocido sobre todo por su trabajo periodístico, se puede advertir el cuidadoso manejo de la prosa en sus construcciones narrativas: escritura elegante cuyo fuerte son unas descripciones más que fotográficas, pertenecientes, quizás, al rigor de la buena pintura paisajista, con esa delicadeza interpretativa en sus colores que una cámara no podría lograr. Más allá de estas cualidades técnicas, subyacen en estos relatos la nostalgia y la vocación de la lucha en contra de las injusticias del mundo, búsqueda tal vez romántica, quijotesca en el mejor de los casos.

En “Casilda”, el retrato de los descubrimientos de la infancia desemboca en una revelación: lo que el colectivo cree imaginario acaso puede ser real. Y es que el mito es otro de los grandes móviles de la narrativa de Salazar, algo que puede verse en otros cuentos destacados del libro como en “¿Acaso crees en Dios?”, en el que un no creyente es linchado al actuar de Jesús en una representación, o en “El espejo”, en el que otra suerte de Jesús del que también se venden poleras y disfraces, ya linchado, el Che, yace entre recuerdos, dolor e ideales, pero, sobre todo imágenes, sus últimas exhalaciones.

El camino adoptado en Presagios (Plural, 2026), más allá de las evoluciones en la forma –hay un monólogo, o cartas– es similar. Las historias están construidas en torno a alguna anécdota, pero, sobre todo, a imágenes que rodean a ese momento vital de los personajes. Muchas veces estas imágenes pueden ser librescas: versos o canciones que los personajes saben de memoria.

En “Almanaque”, la tapa naranja del Bristol es tan potente que puede sobreponerse al horror de la Guerra del Chaco a través de los recuerdos de un combatiente proveniente –desde mi perspectiva– de las clases altas que prefiere extraviarse en los laberintos de su propia memoria a buscar “inditas matacas”, como sus camaradas, para saciar el fuego de su instinto.

“Bolero” es un cuento que recorre la Zona Sur paceña a pie, desde Obrajes hasta Los Pinos, al son de la música y los recuerdos impregnados de nostalgia. Una conversación entre dos amigos que no se ven desde hace mucho tiempo y que terminará en una revelación fantasmal.

“El viejo Casiano” narra la historia de un viejo aymara –mágico, místico, insondable, mítico, siempre presente y al mismo tiempo de algún modo ausente, como las montañas que rodean a La Paz– capaz de ver, a través de los tiempos, cómo la historia se repite una y otra vez en esta atribulada ciudad.

En “Suplente”, retornamos a dos de los temas favoritos del autor: la guerrilla y la religión católica: un cura decide tomar el lugar de otro cuando irrumpe la bestialidad militar para sufrir en carne propia un castigo que no le corresponde. ¿Por qué lo hizo? ¿Para ser recordado como héroe o solo por culpa de un impulso accidental?

En “La bicha” el personaje principal es un animal silencioso, pero imponente, una gran vizcacha de siete kilos. Sucede en las minas, donde los cazadores de fortunas padecen hambre y sufrimientos hasta que la suerte les sonríe. Dos hombres –ciudadanos de un mismo país, pero pertenecientes a dos naciones condenadas a vivir en un mismo territorio– se aproximan a la veta. Uno, el que conoce mejor la tierra, huye. Queda el otro, que culpa a su empleado

de supersticioso, para encontrarse con su propia perdición bajo la atenta mirada de ese extraño animal que parece una presencia del inframundo más que una bestia.

“Legado” narra el descubrimiento de un tesoro. A la muerte del padre, el hijo ordena sus papeles en el sótano: una investigación a la que ha dedicado obsesiones y bastante tiempo. Unas cartas en español antiguo, con el inequívoco acento del conquistador, serán la gran revelación.

Quizás la frase que pueda describir el espíritu de los cuentos de Salazar y, asimismo, el leitmotiv de su poética es una que aparece en “El viejo Casiano”: “…el pasado es el prólogo del presente y epílogo del futuro”, porque de eso hablan estos cuentos, de cómo la historia no es otra cosa que un libro eterno del que todos somos partícipes con nuestros pequeños fragmentos de voces y que esas voces, acaso, no sean otra cosa que imágenes que se buscan recuperar en lo recóndito de la memoria, ese vasto universo donde todo lo que fue es posible.

(Texto leído en la presentación del libro de cuentos «Presagios»),

Ramona Cultural – 13 de mayo de 2026.

https://www.ramonacultural.com/contenido-r/figuraciones-y-presagios-de-juan-carlos-salazar/

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