A la guerra en taxi: Crónicas desarmadas reúne crónicas, reportajes, perfiles y algunos textos más libres de las ataduras genéricas del periodismo, en los que Juan Carlos Salazar desgrana sus coberturas sobre los albores del periodo dictatorial en Bolivia (y sus resistencias), los horrores de la Operación Cóndor en Argentina y otros países, el genocidio ejecutado por EEUU y sus gobiernos títeres en Centroamérica, las penurias del “periodo especial” en Cuba y la guerrilla zapatista en México.
Más que una antología de textos de su autor, A la guerra en taxi está confeccionado
como un mapa periodístico de algunos de los principales conflictos armados que
desangraron a los países latinoamericanos durante la segunda mitad del siglo
pasado.
En sus textos se respira, de buenas a primeras, el aliento del periodista de raza: ese que sabe dónde encontrar historias y personajes, ese que sabe aquilatar sus narraciones con la información indispensable, ese que sabe cifrar en palabras sus certezas y dudas.
Ramona – Opinión – Cochabamba, 15 de octubre de 2023.-
Juan Carlos Salazar del Barrio es un periodista boliviano de dilatada y meritoria carrera dentro y, sobre todo, fuera de Bolivia. Comenzó como reportero en los años 60 en la Agencia de Noticias Fides, el exilio lo llevó a Argentina en los 70 y, de ahí en más, el oficio lo condujo a las principales capitales latinoamericanas y europeas, que vivió y recorrió como corresponsal y director del Servicio Internacional en Español de la Agencia Alemana de Noticias (DPA) durante más de 40 años, antes de retornar a su país de origen, donde sigue haciendo periodismo, aunque ya no desde las trincheras de la coyuntura diaria, sino refugiado en los búnkeres sin tiempo de los libros y la formación. Esta apretada semblanza viene a cuento por dos razones. En primer término, por si al eventual lector su nombre no le suena de inmediato. En segundo, porque el itinerario periodístico y vital es fundamental para entender el origen de los textos que componen su libro A la guerra en taxi: Crónicas desarmadas (Plural, 2023).
En sus poco más de 300 páginas, el volumen reúne crónicas, reportajes, perfiles y algunos textos más libres de las ataduras genéricas del periodismo, en los que desgrana sus coberturas sobre los albores del periodo dictatorial en Bolivia (y sus resistencias), los horrores de la Operación Cóndor en Argentina y otros países, el genocidio ejecutado por EEUU y sus gobiernos títeres en Centroamérica, las penurias del “periodo especial” en Cuba y la guerrilla zapatista en México. Más que una antología de textos de su autor, A la guerra en taxi está confeccionado como un mapa periodístico de algunos de los principales conflictos armados que desangraron a los países latinoamericanos durante la segunda mitad del siglo pasado. En sus textos se respira, de buenas a primeras, el aliento del periodista de raza: ese que sabe dónde encontrar historias y personajes, ese que sabe aquilatar sus narraciones con la información indispensable, ese que sabe cifrar en palabras sus certezas y dudas.
Algo que personalmente aprecio de los textos de Salazar es su despojamiento de vanidad para relatar peripecias que, en manos de un reportero menos hábil y/o más pagado de sí mismo, podrían derivar en fábulas exhibicionistas de aventuras exóticas. El autor boliviano no es ni se asume como un turista, esto es, un visitante ocasional más interesado en sacarse fotos con un paisaje de fondo que en conocer el lugar donde ha ido a parar. El suyo es un ejercicio periodístico en el sentido más digno de la palabra: reconocer la extrañeza del sitio en el que se encuentra y, desde ahí, intentar comprender qué y por qué ocurren las cosas a su alrededor. Los trabajos reunidos en este libro caminan a contrapelo de cierta tendencia autocomplaciente de la crónica actual, en la que el cronista se antoja más importante que el espacio y las personas que debería narrar. No en vano perteneciente a una generación más apegada al rigor de las salas y mesas de redacción, Salazar sortea el vicio pretencioso de generaciones posteriores que quieren hacer alta literatura antes que periodismo y, a la larga, no acaban haciendo bien ninguna de las dos cosas.
Ahora bien, no es que la escritura de Salazar carezca de estilo o renuncie al compromiso con la palabra escrita. Para nada. Hay sobradas muestras de un estilo forjado por los largos años de urgencia periodística y refinado por el deslumbramiento ante la potencia poética del lenguaje. De esto último son muy decidores algunos textos más breves que los reportajes, diferenciados por una tipografía especial y consignados con títulos en cursivas, en los que su autor dibuja perfiles de “monstruos” (Claudio San Román, José López Rega, Luis Arce Gómez) y de “santos” (Óscar Arnulfo Romero, Rutilio Grande, Chan Kin Viejo). La poesía estalla, también, en escritos que, como “Villa Balazos”, “Perfumes democráticos” y “La poética geografía de la guerra”, hacen dialogar a Jaime Saenz y Jorge Suárez con la insurrección callejera en la Revolución del 52 y la resistencia al golpe de Barrientos en 1964, o a la canción popular del nicaragüense Carlos Mejía Godoy con el espíritu libertario que animó las guerrillas centroamericanas. Incluso su dedicación a la aventura zapatista es indicadora de su fascinación por la poesía, al tratarse de una guerrilla que, para muchos, dejó más palabras escritas que balas asesinas.
De conceder al lugar común, debería sugerir la lectura de A la guerra en taxi a periodistas y prospectos de periodistas, pero quiero creer que esa es sugerencia innecesaria por implícita. Prefiero pensar que las “crónicas desarmadas” de Salazar merecen ser leídas por todo aquel que crea en la exploración de la poesía que guardan los seres y las cosas del mundo, incluso los seres que ejercen la violencia, incluso las cosas que mueven la violencia.
El periodismo de guerra tiene sus propias historias y sus propios héroes. Juan Carlos Salazar del Barrio es uno de ellos, un corresponsal intrépido que ha recorrido los escenarios más peligrosos y desafiantes en busca de la verdad y la información. En su libro A la guerra en taxi, finamente publicado por Editorial Plural, nos sumerge en su apasionante trayectoria, en la que los taxis se convierten en vehículos testigos de los conflictos armados que ha presenciado y cubierto a lo largo de los años.
Desde sus primeros pasos en la profesión, Juan Carlos Salazar
nos lleva de la mano a través de sus experiencias en distintos países y
momentos históricos. Con maestría narrativa, nos transporta a la guerra civil
de El Salvador en los años 80, donde los taxistas se convierten en compañeros
de viaje y guías en medio del caos y la violencia. Nos cuenta cómo, en un país
tan pequeño, pero tan devastado por el conflicto, los taxistas eran capaces de
acercarlo al frente de batalla más cercano en cuestión de horas.
Pero la historia de Salazar del Barrio no se detiene allí.
Nos lleva también a otros escenarios de guerra, como Bolivia, Argentina, México
y Cuba, donde se enfrentó a distintos desafíos y limitaciones tecnológicas
propias de la época. Nos relata cómo, en una era sin teléfonos móviles ni
grabadoras livianas, tuvo que valerse de una libreta de notas y un bolígrafo, e
incluso del antiguo telégrafo Morse, para transmitir sus noticias desde lugares
remotos y peligrosos.
A través de sus relatos, el autor nos sumerge en el mundo del
periodismo en tiempos de conflicto, donde el miedo, la incertidumbre y el
silencio son parte del día a día. Nos muestra la importancia de la valentía y
la determinación para llevar la verdad al mundo, a pesar de las dificultades y
los obstáculos en el camino.
Pero más allá de las historias de guerra y periodismo, A
la guerra en taxi es también un homenaje a esos hombres y mujeres anónimos que,
desde el volante de un taxi, se convierten en testigos y cómplices de los
momentos más intensos de la historia. Los taxistas, con su mirada aguda y su
oído atento, son capaces de captar los rumores y las verdades ocultas en una
ciudad. Son los guías que conducen a los periodistas por los laberintos de la
realidad, compartiendo sus historias y conocimientos.
En este libro, Juan Carlos Salazar nos invita a un viaje
fascinante, en el que los taxis se convierten en un símbolo de conexión con la
verdad en medio del caos de la guerra. Nos muestra cómo, a través de estas
singulares travesías, se pueden descubrir las historias que no se encuentran en
los titulares, las voces que no son escuchadas y los detalles que marcan la
diferencia.
A la guerra en taxi es un testimonio vibrante y conmovedor,
que nos muestra el valor del periodismo en situaciones extremas y la importancia
de los pequeños detalles en la búsqueda de la verdad que las convierte en
crónicas memorables. Es un llamado a no olvidar a los anónimos de la vida, a
todos ellos que han sido muy importantes para que las historias de Juan Carlos
Salazar y de cientos de periodistas de guerra y de postguerra, no se olviden
nunca.
Es que, leyendo a Juan Carlos Salazar, uno confirma que el
periodismo nos lleva a los rincones más peligrosos y volátiles del mundo, donde
los reporteros arriesgan sus vidas para contar historias en medio de estas
situaciones extremas.
En A la guerra en taxi, el autor también nos sumerge en sus
experiencias como corresponsal y cómo sus piernas de aventurero responsable lo
llevaron por tantos países como tantas historias. Desde su incursión en Bolivia
en 1967, donde cubrió sobre Ernesto Che Guevara, hasta sus desafiantes viajes a
Argentina, El Salvador, México y Cuba. Este periodista enorme nos lleva a
través de una serie de recuerdos inmortales que capturan la esencia del
periodismo que la humanidad no solo que debe saber, sino, que no debe olvidar.
Olvidar lo que Juan Carlos Salazar escribe, es imposible.
Porque sus textos son profundos y están poéticamente escritos. Escribe con la
música en los dedos. Sus crónicas llevan una banda sonora que acompañan incluso
después de que uno ha terminad de leerlo.
El libro me ha atraído desde el primer momento que lo he
visto.
El título del relato se origina en la pregunta recurrente que
los taxistas hacían a los periodistas que llegaban a San Salvador durante la
guerra civil de los años 80:
—»¿Periodista? ¿Quiere ir a la guerra?».
El libro que he leído en los intervalos de mi última
expedición por el norte amazónico, pone énfasis en ese maravilloso periodismo
que se hacía cuando los medios de comunicación no tenían la tecnología actual.
La pasión por contar la verdad seguía siendo el motor que impulsaba a los
periodistas a arriesgarlo todo por informar al mundo.
Ahí radica la esencia de este oficio maravilloso. En tener
una pluma y las ganas de recorrer el mundo.
A la guerra en taxi es ese periodismo que tiene sus
estructuras en la naturaleza vital del periodismo: se necesita la fuerza de la
historia. Pero también el talento para conseguirla y narrarla.
Por lo general, los lectores no nos enteramos cómo el
periodista llegó hasta las mecas de sus historias. Pero por suerte, nosotros,
tenemos la fortuna de que existe en este mundo un hombre que se llama Juan
Carlos Salazar del Barrio, que, con su tremenda generosidad, nos revela de una
manera bellamente escrita, la importancia que tuvieron los taxis para eternizar
crónicas que ya son inmortales.
En un mundo donde la palabra escrita tiene un poder e
influencia inmensa, con cada libro que Salazar nos regala a sus lectores,
consolida su lugar entre los inmortales del gran periodismo. Su obra se
encuentra al lado de figuras como John Reed y su monumental trabajo México
Insurgente, y John Kenneth con su innovador México Bárbaro.
A lo largo de su destacada carrera, no solo ha informado
sobre eventos, sino que ha profundizado en el tejido de las sociedades,
desenterrando historias no contadas y revelando verdades ocultas. Su compromiso
de evidenciar las voces polifónicas me recuerda al extraordinario trabajo de
Svetlana Alexievich y su obra maestra Los muchachos de Zinc.
Siguiendo los pasos del gran Ryszard Kapuściński, Salazar se
ha embarcado en viajes transformadores, capturando la esencia de las culturas y
las civilizaciones. Así como lo hizo el periodista polaco con Viaje con
Heródoto, Juan Carlos muestra su habilidad para unir el pasado y el presente,
iluminando a los lectores con profundos conocimientos sobre la experiencia
humana.
Así como Oriana Fallaci dejó una huella imborrable en el
periodismo con su trabajo revolucionario, Entrevista con la historia, Juan Carlos
Salazar ha seguido provocando reflexiones y encendiendo debates con sus
poderosos textos que desafían el statu quo. Su trabajo resuena en los lectores,
instándolos a examinar críticamente el mundo que les rodea.
El trabajo de Juan Carlos Salazar nos insta a leer, a escribir y, sobre todo, a viajar. Nos recuerda que, solo viajando, explorando nuevas culturas y paisajes, podemos comprender verdaderamente las complejidades y maravillas de nuestro mundo.
Antes de comentar la obra, me gustaría hacer una breve referencia a la trayectoria del autor. Juan Carlos Salazar es posiblemente el periodista que muchos hubiéramos querido ser, no solo por los puestos que ocupó en América Latina y Europa como periodista y jefe del servicio en español de la Agencia Alemana de Noticias DPA –y en otros medios bolivianos–, sino fundamentalmente por las emblemáticas coberturas realizadas y la diversidad de los caminos transitados.
Le tocó trabajar en una época complicada, en la que prácticamente todos los periodistas –queriendo o sin querer– eran una especie de corresponsales de guerra. Cubrió la América Latina del último tercio del siglo XX, en los oscuros años de los golpes militares y las dictaduras, de las persecuciones y masacres, del terrorismo de Estado y los conflictos internos. Una cronología que él define como “la cronología del espanto”. Este libro es un testimonio de su larga y prolífica vida periodística.
A la guerra en taxi compila crónicas sobre los hechos que
fueron narrados por Juan Carlos Salazar desde la década del 60 hasta los
primeros años del siglo XXI. Nos lleva desde la búsqueda del Che en Bolivia,
donde se estrenó como periodista, hasta el inicio de la guerra yihadista en
Europa, pasando por el alzamiento indígena de Chiapas, los conflictos armados
de Centroamérica y las operaciones del Plan Cóndor, entre otros momentos clave
de la historia contemporánea.
El libro incluye también retratos de personajes –buenos y
malos, tiranos y redentores– que marcaron la época, como el siniestro y poco
conocido Claudio San Román, jefe del Control Político y responsable de montar
una red de campos de concentración durante el primer gobierno del MNR o como
monseñor Romero, el cura progresista y defensor de los derechos humanos que
acabó asesinado a tiros en El Salvador.
Es precisamente el hecho de traer de nuevo a la luz estos
sucesos y personajes lo que le da un singular valor a este trabajo. Dice un
filósofo español que los pueblos que no conocen su historia están condenados a
repetirla, y las crónicas de Salazar son un recordatorio de ese pasado reciente
que no podemos sepultar en el olvido. “La guerra y la paz son el anverso y
reverso del mismo drama humano”, advierte el autor en su libro.
Durante su carrera, Juan Carlos estuvo en el lugar donde
sucedieron las cosas y se ocupó de mirar lo grande y lo pequeño. Entrevistó a
los protagonistas de la historia y también a desconocidos, en un afán por
entender la realidad con honestidad y desde todos sus ángulos. Este libro nos
trae los puntos de vista de leyendas como Salvador Allende y de gente común,
como aquella ama de casa con cuyo testimonio nos cuenta sobre el inicio del
racionamiento de alimentos en Cuba y cómo se las ingeniaban para resolver el
menú de cada día.
Algo que encuentro fascinante en estas páginas es que incluye
anécdotas de hechos importantes que suelen ser ignorados cuando se escribe la
historia oficial. Lo que podríamos llamar “las tras bambalinas de la historia”,
esas que solo conocen los periodistas inquietos y sagaces como él. ¿Qué decía
en la foto que el Che Guevara le regaló a Salvador Allende? ¿Cómo fue la salida
de Paz Estenssoro al exilio y quiénes lo acompañaron en su última noche en el
palacio? ¿Qué encontraron los periodistas en su despacho a la mañana siguiente?
¿Cómo reaccionó la esposa de Juan José Torres cuando le avisaron que habían
encontrado el cadáver torturado de su marido?, son algunas de las curiosidades
que se revelan y de las cuales no daré pistas para invitarlos a leer el libro.
No puedo dejar de mencionar la memoria prodigiosa, el vasto
conocimiento y la destreza narrativa de Juan Carlos. A pesar de que cuenta
capítulos dramáticos de la región, las crónicas están llenas de escenas y
descripciones precisas y bellamente escritas. Hay momentos de tensión, de
conmoción y suspenso, que solo puede lograr una pluma entrenada como la suya.
Mientras leía, lo he visto recorriendo zonas de conflicto con una bandera
blanca como símbolo de paz y lo he visto contar cadáveres en un pueblo de Chiapas
que en la víspera se había convertido “en el reino de la muerte”.
A lo largo de estas 300 páginas se revive una época a través
de las vivencias del autor, que recoge una infinidad de voces para contarnos
cómo era el mundo que acabamos de dejar. El lector encontrará titulares de la
época y citas de los grandes actores de la política regional intercalados con
versos de poetas como Octavio Paz, Gabriela Selser y Ernesto Cardenal, entre
otros.
Cuando inicié esta presentación, mencioné que posiblemente muchos
periodistas hubiéramos querido ser como él. Otro de los motivos es que es uno
de los pocos privilegiados que vivió en carne propia la evolución del
periodismo y en este libro queda ese registro. Inició su vida profesional
cubriendo la guerrilla de Ñancahuazú desde donde mandaba notas a la Agencia de
Noticias Fides a través de un telégrafo Morse y llegó a cubrir el primer suceso
histórico que fue transmitido en vivo y directo por televisión a todo el mundo:
el ataque a las torres gemelas en Nueva York. Pocos periodistas conocen tan
bien todas las arenas del oficio como él.
Para finalizar, quiero darle las gracias al autor. No solo por invitarme a la presentación del libro, sino por su obra. Es cierto que, como menciona al final del libro, los tiempos han cambiado y también los periodistas. Pero este libro es un tirón de orejas y a la vez una fuente de inspiración para nuevas generaciones. Es un recordatorio de que el periodismo no sólo se hace por teléfono y de que el pulso no sólo se mide en las redes sociales. Es un libro de crónicas, pero también es el resumen del deber ser del periodismo, la esencia, el lugar a dónde debemos volver. Muchas gracias y felicidades, maestro.
Página Siete, LetraSiete – La Paz – domingo, 18 de junio de 2023