Prólogo al libro De buena fuente

Las noticias de la Deutsche Presse-Agentur (DPA) llegaron a América Latina a principios de la década mítica de los 60, cuando los “cables” de las agencias informativas cruzaban las fronteras por transmisión radial y los periodistas se agolpaban alrededor de los teletipos convocados por las campanillas de las noticias “urgentes” de última hora.

Era la época del rock y las rebeliones juveniles, la década del asesinato de John F. Kennedy, el suicidio de Marilyn Monroe, la llegada del hombre a la Luna y los primeros pasos de la Revolución Cubana. Los años en los que más cerca estuvimos del holocausto nuclear, con la “crisis de los misiles” en Cuba, y los años que incubaron los “huevos de la serpiente” de las dictaduras militares. Una época, en fin, en la que los acontecimientos apenas cabían en las cintas perforadas  del télex y la información viajaba al ritmo monótono de los 50 baudios de los viejos teletipos.

DPA aterrizó en un mercado dominado por tres grandes agencias internacionales, las estadounidenses Associated Press (AP) y United Press International (UPI) y la francesa France Presse (AFP), y en un momento en que otras agencias europeas, la inglesa Reuters, la española EFE y la italiana Ansa, así como la Inter Press Service (IPS) y la cubana Prensa Latina (PL) intentaban –al igual que DPA– ganar un espacio en los medios latinoamericanos.

DPA supo desde el principio que su principal desafío no sería distribuir noticias, sino definir un perfil propio para diferenciarse de sus competidores. El camino no parecía fácil, aunque el joven servicio contó desde su llegada a América Latina con la buena acogida  de grandes medios de la región, como Clarín de Buenos Aires, en el sur del continente, y los 37 diarios de la cadena García Valseca –hoy Organización Editorial Mexicana (OEM), la “cadena de los soles”–, en el norte.

El diario Clarín anunció el contrato con DPA  el 13 de septiembre de 1962, con un amplio despliegue informativo a doble página, bajo un título que resumía la expectativa sobre la llegada  de una agencia europea independiente: “Es necesario que Europa colabore con América Latina – Servicios directos entre DPA y Clarín”.

En un mensaje desde Hamburgo, donde se suscribió el contrato, el fundador y director del diario, Roberto Noble, escribió que ambos medios establecieron un “puente invisible” a través del Atlántico, que permitiría a los lectores argentinos contar con la “precisión informativa” de una agencia de “alcance universal” y con “la opinión de un avezado núcleo de comentaristas especializados en el gran reportaje (…) situados en las capitales políticas más importantes y activas del orbe”, como “oídos y ojos avizores” del acontecer mundial.

DPA irrumpió en América Latina con una marca, el “made in Germany”, sinónimo de seriedad, fiabilidad y eficacia, y con un perfil de imparcialidad e independencia, en un mundo dividido por la bipolaridad y la Guerra Fría.

Pero fue en la década siguiente cuando la agencia comenzó a cosechar el trabajo de sus periodistas pioneros, en una andadura que incorporó a su cartera de clientes a medios de gran prestigio como La Nación y La Opinión (Argentina), El Mercurio (Chile), El Comercio (Perú), O Estado de Sao Paulo (Brasil), El Universal (Venezuela) y Excélsior, El Universal y La Jornada (México), además de grandes cadenas de televisión, como  la mexicana Televisa, y agencias nacionales, como Télam y Notimex. En pocos años, Argentina, México y Venezuela se convirtieron en los principales mercados de DPA en América Latina.

En la misma época, DPA se convirtió en la agencia distribuidora del servicio de The Washington Post y Los Angeles Times en América Latina, lo que le permitió a su vez distribuir sus propias noticias en el mercado estadounidense a través de los “hilos” de ambos diarios.

DPA se lanzó a la conquista del mercado español a principios de la década de los 80, con el diario madrileño ABC como primer cliente. Años después llegó, de la mano de las agencia Faxpress, que dirigía el legendario periodista Manuel Manu Legineche, a una veintena de periódicos españoles.

“DPA ha sido un valor fundamental para el servicio que ofrecemos a nuestros clientes. Uno de sus atractivos  es su objetividad e independencia en un momento en que la rivalidad comercial en el mundo de la comunicación ha obligado a numerosos medios informativos a apoyar intereses políticos muy concretos”, escribió entonces Leguineche.

DPA ganó posiciones en el mercado hispanoamericano gracias a la frescura de sus contenidos, tanto en enfoques como en formatos. A DPA no sólo le ha preocupado llegar primero, sino llegar bien, haciendo la máxima de Gabriel García Márquez: “La mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor”.

Para ello nunca ha dejado de ser fiel al estilo claro, conciso, preciso y fluido de la noticia, a la fórmula de “frases cortas y estilo directo, sin rodeos”, preconizada por otro maestro del periodismo, Ernest Hemingway, y ateniéndonos a otra máxima, esta vez de la casa, según la cual “la veracidad es más importante que la velocidad, y la velocidad es más importante que el estilo”.

Esta filosofía ha permitido a DPA postularse como una agencia alternativa a su competencia con un gran abanico de formatos, desde la noticia pura y dura hasta el artículo de análisis, pasando por el reportaje, la crónica, la semblanza, la entrevista y la información de fondo.

“A distancia, a miles de kilómetros del origen de la noticia, se hace imprescindible contar con todas las claves de una información. DPA ofrece ese valor añadido, esa diferencia en el análisis que la convierte en una agencia distinta, de referencia, Muchos cuentan noticias, DPA las sitúa en el mapa  informativo”, opina Mikel Iturbe Mach, director de El Heraldo de Aragón (España).

La apertura de una mesa editora en Buenos Aires y el traslado de la central del Servicio Internacional en Español de Hamburgo a Madrid, en la década de los 90, permitió a DPA acercarse a su mercado natural, sin perder  su esencia europea, lo que significó un importante impulso para su desarrollo.

Hoy, 50 años después de su llegada a América Latina, DPA es una agencia con una sólida presencia y prestigio en el mercado de noticias en español.

Marcelo Cantelmi, Editor Jefe de la Sección Internacional de Clarín de Buenos Aires, dice que su diario siente una “fuerte adhesión” a DPA, porque “es una de las pocas agencias de noticias que cubren el mundo que comprendió los cambios que imponen estas épocas en las formas de hacer y especialmente editar el periodismo”.

“Los reportajes, análisis y resúmenes noticiosos de la agencia DPA cubren el acontecer del mundo entero, con oportunidad, concisión y rigor profesional”, en palabras de Eduardo Mora Tavares, Editor de Información Internacional de El Universal de México.

Jorge Lanata, exdirector de Página 12 y Crítica de Buenos Aires, opina a su vez: “Sé que puedo encontrar en DPA un buen relato de los hechos, pero también diversidad en los puntos de vista. Lo que espero, en síntesis, como parte de esta profesión, pero también como lector atento a lo que sucede en el mundo”.

DPA creció con los medios y sipo adaptarse a los nuevos tiempos de Internet, sin  perder de vista que los contenidos serán siempre más importantes que los soportes. DPA siguió haciendo buen periodismo, lo que le ha permitido afianzar su posición en la prensa convencional y, al mismo tiempo, ganar presencia en medios online de gran prestigio y difusión, como elmundo.es y lavanguardia.es, en España, lanaciom.com, elcomercio.pe y eluniversal.com, en América Latina, o dw.world.de, en Alemania.

Hoy enfrenta un nuevo desafío: desarrollar con imaginación y talento el “nuevo periodismo” que requiere un mundo globalizado y sometido al vértigo  de los cambios tecnológicos. DPA lo afrontará con la misma vocación y pasión de estos primeros 50 años de vida.

Madrid, noviembre de 2010.