“La guerrilla que contamos”, un encuentro con Salazar

Entrevista de Los Tiempos

Historias de una cobertura emblemática de la guerrilla del Che se plasman en el libro de los periodistas Juan Carlos Salazar, José Luis Alcázar y Humberto Vacaflor, presentado el jueves pasado. En esta oportunidad, hablamos con Salazar para conocer cómo fue ser corresponsal de guerra hace 50 años.

¿Cómo surge este libro?

Yo pienso que cualquier acontecimiento que un periodista cubre vive dos historias: la historia que cuenta a sus lectores y la historia que vive para contar esa historia. Entonces, este libro no es la historia de la guerrilla, sino la historia que vivimos los periodistas para contar la historia de la guerrilla; es el reportaje del reportaje, para decirlo en pocas palabras.

Siempre con mis alumnos, estudiantes de periodismo, jóvenes periodistas en México, en España, donde radiqué, siempre me preguntaban por esta cobertura, cómo había sido, cómo se cubría cuando no había celulares, no había Internet, no había laptops, no había computadora. Incluso, un amigo periodista catalán, que fue durante muchos años el corresponsal de la Vanguardia Barcelona en América Latina, cuando estábamos en El Salvador cubriendo la guerra centroamericana me dijo: “Yo hubiese pagado por cubrir la guerrilla del Che” y resulta que a nosotros nos pagaron por algo que nos gustaba hacer. Entonces, de ahí viene el subtítulo “de la cobertura emblemática”, creo que la guerrilla ha sido un hecho que ha marcado a mi generación en Bolivia y en América Latina y la cobertura marcó a la generación de periodistas, entonces de ahí nació la idea de contar cómo había sido.

¿Cómo fue ser corresponsal de guerra?

Yo tenía 21 años entonces, estaba empezando en Fides. Empecé en 1964, tres años antes, fue también mi primera gran cobertura fuera de La Paz y para mí fue un bautizo de fuego, porque fue la primera cobertura de un conflicto armado. Después por circunstancias de la vida me tocó cubrir otros conflictos, de hecho estoy preparando un libro sobre eso, me tocó cubrir la guerra en Argentina, el conflicto centroamericano, el alzamiento zapatista de Chiapas, el periodo especial en Cuba, que es otra forma de guerra y finalmente me tocó los primeros atentados yihadistas en Europa. Entonces, sin proponérmelo, sin postularme para eso, terminé con muchas experiencias en la cobertura de conflictos. Pero para mí, el hecho que me marcó fue la guerrilla del Che, porque era muy joven y decidió mi futuro. Entonces, todavía estaba estudiando Derecho y Ciencias Políticas, después de eso dejé Derecho y entré a la Universidad Católica, soy de la primera generación de la Católica de Periodismo, marcó mi vida y también marcó el trabajo profesional a lo largo de toda mi carrera.

¿Qué repercusiones ha tenido este libro?

Nosotros cuando decidimos con José Luis Alcázar y Humberto Vacaflor, ellos cubrieron la guerrilla para Presencia y José Luis también trabajaba para Fides; yo cubría para la Agencia Fides y para la Agencia Alemana de Prensa (DPA). Entonces, ellos habían tenido la misma experiencia y contaban lo mismo hasta que un día dijimos “por qué no contamos nuestra historia” y claro, como se celebra el 50 aniversario, decidimos hacerlo. Pero, no teníamos mayores expectativas más que escribir para los amigos, para los estudiantes, los periodistas jóvenes y nos sorprendió el éxito que tuvo, porque se agoró la primera edición en la Feria del Libro de La Paz. En tres agencias internacionales (AFP, EFE y DPA) escribieron sendas reseñas y tuvo una difusión inusitada fuera de Bolivia, se publicó en más de 80 medios de América Latina y España, nos sorprendió el interés que provocó esto, supongo que es porque la figura del Che sigue siendo vigente y también interesó el enfoque del libro, esto de que tres periodistas recuentan la historia íntima de una cobertura emblemática.

¿Sigue vigente el tema del Che?

Es la pregunta que nos hicimos también, publicamos otro libro con Página Siete donde también yo escribo, y nos habíamos preguntado, 50 años después, qué hay de nuevo sobre el Che, si se puede contar algo nuevo. Resulta que esto es novedoso, porque no se había escrito sobre esto. Recuerdo haber visto un documental de la guerra de Vietnam donde un periodista contaba sus historias, entonces de ahí también vino la idea de que esta es una historia que podría interesar tratándose de un acontecimiento muy grave. De hecho, el libro que estoy escribiendo ahora, tiene el mismo tono autobiográfico de los conflictos armados que me tocó cubrir. Yo creo que el Che sigue interesando, se ha vuelto una figura mítica, los mitos no mueren y yo creo que más allá de la figura emblemática del Che muerto, el Cristo de La Higuera como le llaman, hay todavía muchos elementos, muchos cabos que están sueltos y que todavía hacen que la gente siga esperando aclarar.

¿Cuál fue la reacción de otros colegas que cubrieron el hecho?

Creo que José Luis Alcázar, Humberto y yo somos los últimos sobrevivientes de esa cobertura, porque yo menciono, le dedico un capítulo a la gente que cubrió esa guerrilla de muchos personajes que vivieron y todos los compañeros han muerto, por eso también nos apuramos al escribirlo antes de que partamos de esta vida.

En esa época, hubo muchos periodistas bolivianos y extranjeros, aunque a los extranjeros no les seguí mucho la pista, de todas maneras nosotros éramos los más jóvenes, éramos veinteañeros, así que supongo que todos eran mayores. Habían muchos colegas que habían cubierto la guerra de Vietnam que vinieron directamente acá, otros que habían cubierto la invasión a Santo Domingo del 65, habían muchos veteranos con mucha experiencia, en cambio para nosotros que estábamos recién iniciándonos, fue el bautizo de fuego.

Los Tiempos (Cochabamba) – 27 de agosto de 2017

Ser periodista en tiempos de la guerrilla del Che

Ricardo Herrera

El periodista Juan Carlos Salazar del Barrio cree que todo acontecimiento que cubre un periodista siempre tiene dos caras, una de ellas es “la historia que cuentas a tus lectores y la otra es la historia que vives para contar esa historia”. 

De esa segunda cara, poco conocida, es de la que habla La guerrilla que contamos, libro que recoge las vivencias del propio Salazar, Humberto Vacaflor y José Luis Alcázar, a los que les tocó hacer la cobertura periodística de la guerrilla comandada por Ernesto Che Guevara, en el lugar de los hechos.

El libro, editado por Plural ha sido uno de los más vendidos de la reciente Feria Internacional del Libro de La Paz y mañana, a las 19:30, será presentado por sus autores en el Museo de Historia y Archivo Regional de Santa Cruz (calle Junín 51).

“De aquellos periodistas que cubrimos esos sucesos solo quedamos tres y además somos amigos. Así es que de ahí surgió la idea de contar esa experiencia, que marcó nuestras vidas y nuestra trayectoria profesional”, cuenta Vacaflor, que para entonces tenía 23 años, al igual que José Luis Alcázar, enviados por el diario Presencia a ese conflicto bélico, solo porque eran los únicos solteros y sin hijos que cuidar.

“Yo, desde hace algunos años había decidido ‘enterrar’ este tema cheista. Sin embargo, este año, a 50 de la presencia de Guevara en Bolivia, el colega Humberto Vacaflor nos comunicó, a Juan Carlos y a mí, su idea de escribir un libro a seis manos sobre las experiencias nuestras en la guerrilla, un anecdotario periodístico», explica José Luis Alcázar, que en 1969 publicó en México el primer libro que contó aquellos sucesos en Ñancahuazu, la guerrilla del Che en Bolivia. El periodista, que actualmente trabaja para la agencia internacional de noticias Inter Press Service (IPS), logró varios reportajes en zonas de combates (Pirirenda y El Espino) y mientras intentaba ingresar a la ‘zona roja’, para entrevistar a Guevara, se enteró que había sido capturado vivo y fue el primero en dar la noticia. 

El libro también narra las peripecias que por esos años tuvieron que realizar los periodistas para enviar sus informes. “Los periodistas jóvenes no pueden imaginarse cómo era hacer una cobertura en aquellos años. Transmitíamos nuestras informaciones por telégrafos, con el sistema morse, que era el único medio de comunicación en esa zona. Era difícil, pero muy motivante”, afirma Salazar, que es docente de la Universidad Católica de La Paz y en aquella época trabajaba como corresponsal de radio Fides, DPA y EFE.

Los tres experimentados periodistas coinciden que para ellos fue su ‘bautizo de fuego’, y un suceso que marcó sus carreras dentro del periodismo.

Ahora, 50 años después, relatan lo que han contado en charlas  entre amigos y colegas, pero que hasta ahora no habían relatado a detalle en una publicación. En otras palabras, por primera vez muestran la otra cara de su trabajo periodístico.

El Deber (Santa Cruz) – 16 de agosto de 2017

«La guerrilla que contamos» es el libro más vendido de la FIL

Anahí Cazas  y José Antonio Vásquez / La Paz

La guerrilla que contamos. Historia íntima  de una cobertura emblemática se convirtió en el libro más vendido  y exitoso de la XXII Feria Internacional del Libro de La Paz. La obra, editada por Plural y que    relata la cobertura de la guerrilla de Ernesto Che  Guevara en Bolivia  por los periodistas   José Luis Alcázar,  Juan Carlos Salazar y  Humberto Vacaflor, se agotó un día antes de la clausura de la FIL paceña.

«La guerrilla que contamos ya se agotó en la Feria del Libro de La Paz y  ya  estamos preparando una segunda edición”, dijo José Antonio Quiroga, director de Plural Editores. Además, destacó  que  la primera edición de 500 ejemplares de la obra de Alcázar,   Salazar y Vacaflor se vendió durante los 12 días de la FIL.  

De Plural Editores,  los otros libros más vendidos  y demandados fueron Dos disparos al amanecer  de Robert Brockmann  y La ópera chola de Mauricio Sánchez.

Página Siete realizó un sondeo sobre los libros más demandados en la FIL 2017 con más  de   10  editoriales y librerías nacionales. La Cámara Departamental del Libro de La Paz informó que  hasta mañana en la noche darán  por su parte una lista de los títulos  más vendidos. 

 Otro de los libros más demandados de la FIL 2017  fue  Rigor Mortis, la normalidad es la muerte del cronista español-boliviano Álex Ayala, informó Fernando Barrientos, de la Editorial El Cuervo.   

«Durante todos estos días de feria, los libros más vendidos fueron Rigor Mortis (Álex Ayala), Nuestro mundo muerto (Liliana Colanzi), El chicuelo dice (Wilmer Urrelo), Potosí (Ander Izagirre) e Iluminación (Sebastián Antezana)”,  explicó Barrientos.

El libro de Página Siete  Che: una cabalgata sin fin   fue otra de las obras más demandas  de la FIL. Según los responsables del  stand de este medio, se vendieron más de 250  ejemplares. La obra   fue elaborada por Juan Carlos Salazar, Gonzalo Mendieta, Luis González, Mery Vaca, Liliana Carrillo, Carla Hannover e Isabel Mercado.   

De la Editorial 3600, los libros más demandados fueron   Periférica Blvd. de Adolfo Cárdenas, En la villa de Diego Matos y Jardín de claroscuros de Matilde Casazola.

 «Periférica Blvd. sigue siendo nuestro best seller”, aseguró  Mishka Iturri, funcionaria de ventas del stand de 3600.

En el caso de la editorial cochabambina Kipus, una de las  obras más demandadas fue Sua quella, hulla: los dos sombreros del gallego del escritor  español José Ignacio Guerrero, ganador del II Premio Internacional de Novela Kipus. Le sigue  Huari de Ronnie Piérola Gómez.

Según la encargada de ventas de la editorial Kipus, Lourdes Laura,  otra de las  obras más requeridas  fue Mamá cuéntame otra vez de Amalia Decker.  

Marcelo Paz Soldán, de la  Editorial Nuevo Milenio, explicó  que los libros con mayor demanda fueron Los días de la peste de Edmundo Paz Soldán ( 114 ejemplares), Autorretrato  de Saúl Montaño (28) y El día de todos tus santos de  Fabiola Morales Franco (13).   

El administrador del stand de El Baúl del Libro, Constantino Canaviri, manifestó que los libros nacionales que más vendieron fueron  Miedo y asco en Cambridge de  Alisson Spedding,  Las visiones de Edmundo Paz Soldán y Manchay Puytu de Néstor Taboada Terán.

En el stand de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB), según  los responsables del proyecto, los tres libros más vendidos fueron Antología del cuento boliviano (Manuel Vargas), Cartas para comprender la historia de Bolivia (Mariano Baptista Gumucio) y  Rebelión en las venas (James Dunkerley).

Según el encargado de comunicación de la BBB, Joaquín  Leoní, de los universitarios fueron los que «más visitaron el stand” y compraron las publicaciones. 

Además, se informó que en total en el stand de la BBB se  vendió  2.691 títulos entre los  libros de la BBB y del CIS.

Para el propietario de la Librería Sólo Libros El Pasillo, Carlos Ostermann, este año   fue muy provechoso y se ha conseguido  buenas ventas en la FIL paceña. «Nos visitaron gente de todas las edades. Nuestra oferta está dirigida a los jóvenes adultos”, resaltó.

Según Ostermann, el libro Emoticones de Yovinca Arredondo, que logró un gran impacto en el público joven en la Feria del Libro de Santa Cruz, también cosechó éxito en la FIL paceña.

 En el caso de libros nacionales, la obra más solicitada  de la librería  Sólo Libros El Pasillo fue la novela   Los días de la peste de Edmundo Paz Soldán.

El gerente de Librería, Papelería y Editorial Gisbert y Cia., Antonio Schulczewski, dijo que en 2017 cinco obras fueron las más vendidas   en su stand de la FIL.

Se trata de Historia de Bolivia de José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos  Mesa;  La historia del mar de Bolivia de Carlos Mesa;  Bolivia en 1982 – 2006 Democracia de Carlos  Mesa;  La pluma de Miguel de Isabel Mesa Inchauste, y Viaje al centro del cielo de Verónica Linares. «Entre todas estas obras vendimos más de 1000 libros”,  dijo Schulczewski.

La encargada de ventas de la Editorial Don Bosco, Jhovanna Gómez, sostuvo que los niños fueron los que se llevaron casi todos los libros de literatura infantil del  stand. «Los cuentos de María pies contentos Tomo I y II, Barco de Vapor y El equipo del tigre fueron los que más pedían los niños”, añadió. 

Página Siete – 15 de agosto de 2017

Cómo fue reportear la guerrilla del Che en Bolivia

Por Pedro Schwarze, de La Tercera de Santiago de Chile

No hubo elección. Los periodistas casados del diario Presencia, de La Paz, determinaron que quienes debían ser enviados a cubrir un posible foco guerrillero en el sureste del país en 1967 debían ser aquellos que mantuvieran su condición de solteros. Por este motivo, las miradas apuntaron a los veinteañeros José Luis Alcázar y Humberto Vacaflor. Pero este último «en ese momento era el más soltero de los dos», razón de sobra para ser el primero en partir. De igual forma, poco después se les sumaría Alcázar. Y también llegaría a la zona Juan Carlos Salazar, de la agencia local Fides.

A los tres, entonces jóvenes y novatos periodistas, les correspondió la tarea de cubrir la guerrilla que se había instalado en Bolivia y que con el tiempo se supo que tenía integrantes extranjeros y que era comandada por nada menos que el cubano-argentino Ernesto «Che» Guevara. Iban por unos días a la zona, pero se quedaron cerca de un año, hasta meses después de la muerte del Che, el 8 de octubre de 1967, en el pueblo de La Higuera.

Cincuenta años después de ese hito, Salazar, Vacaflor y Alcázar recuerdan ese tiempo y ese reporteo, en medio de la censura militar y política, las expulsiones y el espionaje (incluido el de los informantes de la CIA) de los que eran blanco, en un libro plagado de anécdotas y humor. Se trata de La guerrilla que contamos. Historia íntima de una cobertura emblemática, que acaba de ser lanzado en La Paz.

Fueron enviados por sus respectivos medios a la región, en la zona del río Nancahuazú, en el departamento de Santa Cruz, días después de que las autoridades informaran del primer combate entre los militares y los guerrilleros. Lograron llegar a la zona, pero poco tiempo después tuvieron que lidiar con el control militar y, si acaso querían entrar en el lugar, debían hacerlo «empotrados» en algún contingente del Ejército.

Humberto Vacaflor fue expulsado dos veces de la zona militar e incluso amenazado con un juicio tras ser acusado de formar parte de la campaña para la liberación del francés Regis Debray. El francés fue capturado, junto al argentino Ciro Bustos y el periodista chileno-británico George Andrew Roth, tras estar con el Che.

Los prisioneros fueron arrestados el 20 de abril de 1967 en Muyupampa, donde un colaborador de Presencia, Hugo Delgadillo, un dentista ambulante que también sacaba fotografías para el diario, logró retratarlos. Delgadillo envió el rollo de fotos a La Paz, periplo que tardó una semana, lapso en el cual el gobierno militar de René Barrientos anunció la muerte de «tres extranjeros en combate». La publicación de la imagen causó revuelo mundial.

«La foto le salvó la vida a Debray, pero condenó a muerte al Che Guevara», porque el gobierno, tras ese incidente, decidió que la ofensiva contra los insurgentes «sería una guerra sin prisioneros, de tal manera que los que caían, los ejecutaban», sostiene Juan Carlos Salazar.

Alcázar, que también trabajaba para Fides y para la agencia Inter Presse Service, se trasladó a Vallegrande con la intención de perderse de la mirada de los militares, internarse en la zona y lograr, como le habían ordenado, una entrevista con el Che. No la logró, pero sí pudo dar la primicia mundial de la captura «vivo y herido» del guerrillero. Un golpe periodístico que consiguió gracias a que la mayoría de los periodistas estaban en Camiri, a la espera del fallo del Consejo de Guerra que procesaba a Debray y Bustos.

El cadáver del Che fue trasladado a Vallegrande -donde permaneció oculto y enterrado durante tres décadas- y allí Alcázar pudo tocarle la mano. «Sentí un escalofrío, un estremecimiento (pues aún) estaba caliente», cuenta en el libro.

Uno de los autores del libro, explica que estuvieron sometidos a la censura militar.

¿Cuándo fueron enviados a la zona donde estaba la guerrilla del Che Guevara?

En 1967, los tres en diferentes momentos. Yo partí de La Paz al día siguiente de que se conoció el primer choque armado. En marzo de 1967. Me fui por una semana, pero me quedé todo el año.

Pero en ese momento no se sabía que estaba el Che.

No se sabía. Incluso se dudaba que fuese una guerrilla, porque se decía que eran narcotraficantes o traficantes de ganado.

¿Cómo era el trabajo que ustedes hacían? ¿Qué dificultades tenían?

En esa época las comunicaciones entre esa zona con La Paz eran muy difíciles. Transmitíamos nuestra información por telégrafo. Cuando nos presentábamos con nuestro despacho telegráfico largo, no nos recibían con buena cara, a menos que uno llegara con un par de botellas de cerveza.

¿Cómo eran los nexos con los militares?

Cuando se decretó la zona militar se estableció la censura, por lo que había que entregar los despachos a la Sección Segunda, la de inteligencia de la división militar, antes de llevarlos al telégrafo. Además, estableció un cerco en la zona guerrillera, y era muy difícil entrar si no se hacía con el Ejército. Para hacerlo teníamos que usar uniforme militar.

¿Trataron de establecer contactos con la guerrilla?

El objetivo de todos los periodistas que estábamos en la zona era tomar contacto con la guerrilla del Che. Incluso, José Luis Alcázar fue el único periodista que tuvo la «suerte» de que las tropas con las que iba entraran en combate.

La Tercera (Santiago de Chile) – 10 de Agosto de 2017