Los libros de historia de Bolivia, del mar y del cine boliviano de Carlos D. Mesa; la reedición de Hablar con los perros, de Wilmer Urrelo; Semejanzas, de Juan Carlos Salazar, y Prontuario de Página Siete fueron algunos de los volúmenes más vendidos en la Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL), que concluyó anoche.
Los libros Historia de Bolivia e Historia del Mar Boliviano del expresidente Carlos D. Mesa “volaron” de los estantes del stand de la Librería y Editorial Gisbert en la feria, vendiendo alrededor de 300 ejemplares cada uno, de acuerdo con los encargados.
En el stand de Plural Editores el libro más vendido fue otro de los libros de Mesa, Historia del Cine 1897-2017 (escrito conjuntamente con Pedro Susz, Alfonso Gumucio, Andrés Laguna y Santiago Espinoza), junto con La Sociología de la Imagen de Silvia Rivera y Semejanzas de Juan Carlos Salazar, el cual se agotó a pocas horas del final de la feria.
En el espacio de Editorial El cuervo, los libros más vendidos fueron Hablar con los perros de Wilmer Urrelo, El lugar del cuerpo de Rodrigo Hasbún y Rigor Mortis del cronista Álex Ayala.
De acuerdo con Fernando Barrientos, editor jefe de la editorial, la reedición de la novela de Urrelo vendió más de 150 ejemplares en los 12 días de la feria.
Para la Editorial 3600, los textos más requeridos en la feria fueron La del estribo, una antología de Víctor Hugo Viscarra, “A pesar de ser un libro caro (150 bolivianos) se agotó en su presentación y en dos preventas certificadas”, indicó el editor Willy Camacho. Otros títulos requeridos por los lectores en el stand de la editorial fueron Hayley de Adrián Nieve y Soundtrack de Camila Urioste.
La literatura infantil de Mariana Ruiz y las novelas de Wolfango Montes fueron las obras más vendidas en el stand de La Hoguera, mientras que en el puesto de la editorial Kipus el texto Sé amigo de ti mismo de Gregorio Iriarte, las novelas Huari de Ronnie Piérola y Potosí 1600 de Ramón Rocha Monroy fueron los libros más solicitados.
Prontuario se agotó
Prontuario, la apuesta de Página Siete y 3600 por la crónica roja hecha en Bolivia se agotó en el stand del periódico en varias ocasiones durante el transcurso de la feria.
El pasado jueves, siete de las autoras de las 11 crónicas policiales recopiladas en Prontuario, se presentaron en el stand de este medio en la Feria Internacional del Libro de La Paz.
La directora de Página Siete, Isabel Mercado; la editora de la publicación, Liliana Carrillo; la directora de la revista Rascacielos, Cecilia Lanza; las periodistas Leny Chuquimia, Alejandra Pau, Ivone Juárez y Daniela Romero compartieron ese día con los asistentes las experiencias que vivieron desde la selección de su tema, la recolección de datos y las entrevistas que realizaron para producir su obra.
El 14 de marzo de 1970, un hombre vestido de negro, con gorra de chofer, gafas oscuras y un paquete bajo el brazo tocó el timbre de una residencia del barrio de Sopocachi. Entregó un paquete al mayordomo. Minutos después, una violenta explosión cimbró la casa del periodista Alfredo Alexander Jordán y su esposa, Martha Dupleich.
“El hijo de la pareja, Luis, subió a trancos a la estancia conyugal y se encontró con un cuadro macabro. Los cuerpos de sus progenitores yacían juntos, parcialmente mutilados, entre los escombros del cielo raso y las paredes y los restos del mobiliario, todo salpicado de sangre. Sólo dos cuadros, una figura del Corazón de Jesús y un retrato de uno de sus seis hijos estaban intactos”.
Así reconstruye Juan Carlos Gato Salazar el asesinato de los propietarios del diario Hoy, que 48 años después sigue impune. Este es uno de los casos que aborda el exdirector de Página Siete en la crónica policial Tres crímenes perfectos.
Con esas historias se abre Prontuario: casos de la crónica roja que conmocionaron a Bolivia. Otros diez casos completan el libro que lanza el periódico Página Siete en la Feria Internacional del Libro de La Paz, que estos días copa las instalaciones del Campo Ferial Chuquiago Marka.
Meses previos al inicio de la FIL, los periodistas de Página Siete encararon el desafío de elegir el tema del tercer libro que iba a continuar la saga de obras producidas por el periódico. Esa, que quiere convertirse en una tradición, comenzó en 2016 con la publicación de La ruta del dragón chino: el caso CAMC y siguió en 2017 con Che: la cabalgata sin fin, análisis y recuento histórico del paso de Ernesto Guevara por Bolivia, a propósito del medio siglo de aquel acontecimiento.
2018 llegó con otros vientos. El 1 de enero se denunció la desaparición de Carla Bellot y Jesús Cañisaire, una pareja de novios que había salido a recibir el Año Nuevo y se topó con la muerte. Ese caso iba marcar el camino del libro y su norte, la crónica roja.
“A Carla y a Jesús los asesinaron la mañana del 1 de enero; los mataron con saña, con odio, como si todo hubiese sido planificado. La madrugada de Año Nuevo sus vidas se cruzaron con las de los hermanos León Fernández en la discoteca Planta Baja, donde bebieron juntos y luego se fueron en un taxi hasta la casa de uno de ellos. Allí, Carla fue violada y luego ambos perdieron la vida a golpes, en la cabeza y en otras partes de sus cuerpos. Los asesinos metieron los cadáveres en saquillos y los fueron a dejar a la bóveda del río Orkojahuira, en la zona Unión San José, cerca del Barrio Gráfico”, escribe Daniela Romero en Cartas para Carla y Jesús, texto intenso que retrata los ecos de un amor truncado.
Y entre ambas, otras nueve crónicas. Cada una exhaustivamente investigada, debidamente contrastada, bien narrada: periodismo de oficio, ante todo.
Las historias, los protagonistas
La historia de Juan Gabriel Despot, atropellado a los 19 años, en la calle y con saña, por un psicópata que se dio a la fuga a vista y paciencia de la justicia, es reconstruida por Isabel Mercado en El fin de la fiesta.
La periodista Hanalí Huaycho fue asesinada con 13 puñaladas, en presencia de su hijo, el lunes de Carnaval de 2013. El feminicida – Jorge Clavijo, su marido– huyó y tras su supuesto suicidio quedan dudas y miedos. El caso, que aceleró la promulgación de la Ley 338, es narrado por Anahí Cazas en la crónica Yo soy Hanalí.
La universitaria cruceña Dayana Algarañaz salió un día rumbo a la “U” y nunca más apareció. Su caso y la lucha de su mamá, María Rita, por encontrarla es narrada por Alejandra Pau en Dayana y la madre de las desaparecidas.
El ganador del Premio Nacional de Crónica de El Deber 2018, Sergio Mendoza, revela en El pecado del Katanas los secretos del night club más famoso de La Paz con un drama familiar de fondo.
En El ángel y los infiernos, Leny Chuquimia narra la conmovedora historia del bebé Alexander, y la del médico que, sin pruebas, purga una condena por la supuesta vejación del niño.
El controvertido caso Andrea Aramayo-William Kushner –¿es o no es feminicidio?– es abordado por Liliana Carrillo, desde la lucha de dos bandos y un juicio que se dilata en Autopsia de un amor tóxico.
Prontuario incluye los perfiles de tres personajes tristemente celebres: Luis Arce Gómez, Gabriela Zapata y Juan Pari.
Del verdugo de la dictadura, Arce Gómez, la periodista Cecilia Lanza hace un perfil minucioso en El campeón de ajedrez.
Mery Vaca pinta el retrato completo de Gabriela Zapata, La primera dama de facto, y para ello recorre recovecos de la historia protagonizada por la rubia platinada con quien Evo Morales creyó haber tenido un hijo.
En El desfalcador que perdió la cabeza, Ivone Juárez perfila a Juan Franz Pari, el mayor estafador bancario de la historia de Bolivia, en su afán de reconocimiento, sus derroches y sus obsesiones.
La justicia que no llega
Aunque goza de mala fama, la crónica roja resume la esencia del género: la mezcla de periodismo y literatura en democrática convivencia. “Es más frecuente hablar de los aportes de la literatura al periodismo que de los aportes del periodismo a la literatura, lo cual se me antoja injusto”, escribe el colombiano Alberto Salcedo Ramos en el artículo Del periodismo narrativo.
“En los últimos años se han incrementado las novelas basadas en hechos y personajes de la realidad –añade-. Me atrevería a decir que el periodismo le sirve al escritor para humanizar su escritura y bajarse de la torre en la que a veces se encuentra instalado”. Y remata Salcedo: “Yo creo que el periodismo adiestra al escritor en el descubrimiento de los temas esenciales para el hombre”.
¿Hay algo más esencial que la búsqueda de justicia? Aquí no hablamos de personajes de papel.
Todos los casos investigados tienen en común, como fondo fijo, un sistema judicial inoperante.
La crónica roja “se ha convertido en el escenario donde se evidencia lo peor y más dramático de nuestra historia: la debilidad de la justicia. Una justicia que lejos de contribuir al esclarecimiento de los hechos, corrompe pruebas, se presta a la venalidad y retarda impasiblemente su misión. La verdad, por tanto, es la primera víctima de la justicia boliviana y, por extensión, protagonista dolida de la crónica policial”, dice la directora de Página Siete, Isabel Mercado, en la presentación de este Prontuario.
Una página no basta para definir a uno de los referentes del periodismo en Bolivia. Juan Carlos Salazar tiene más de medio siglo en el oficio: se inició en los polvorientos campos del sudeste boliviano cubriendo la guerrilla del Che y llegó a ser director del servicio en español de la agencia alemana DPA. Esta noche presenta Semejanzas, un libro que reúne semblanzas de personajes excepcionales que conoció a lo largo de su carrera. La cita es el salón Gabriel René Moreno, de la feria del libro, a las 20:00.
—¿Cómo elegiste a los 40 personajes que integran el libro?
Por la pertinencia noticiosa. En algunos casos porque estuvieron en momentos de interés o porque fallecieron, ya que muchas de esas semblanzas son obituarios que escribí cuando fallecieron. Casi todos son autobiográficos porque son personas con las que tenía una relación de amistad o profesional, en todo caso circunstancial, como Fidel Castro o Juan Pablo II.
—¿Por qué escogiste el género de la semblanza para retratarlos?
Por mi aproximación al género. En mi casa leíamos tres revistas: Life en español, VisiónInternacional y Selecciones. Ellas influyeron en mi aproximación al periodismo en general. Cuando dirigí DPA, teníamos como norma acompañar la noticia del día con la semblanza del protagonista. Es un género que me gusta mucho, uno de los más atractivos del periodismo y también de los más difíciles porque requiere de un hilo conductor y de un tono, y hay que hacerlos coincidir. En Bolivia no veo mucha semblanza en los diarios, pero es muy común en Estados Unidos y Europa.
—Decías que mayormente elegiste a las personas por afinidad. ¿Cómo hace un escritor para retratar las sombras de personajes con quienes tiene una cercanía emocional?
Cito una frase de un gran retratista mexicano que decía que el retrato es un relámpago de vida, simplemente una visión pasajera de una persona. Como todo relámpago, alumbra y retrata la imagen en blanco y negro. Entonces lo que uno ve es lo positivo porque ese reflejo oculta la parte negativa. Cuando escribes una semblanza probablemente solo ves las partes positivas del personaje. Quizás por esa razón no se me dan los personajes negativos.
—Muchas de las semblanzas retratan momentos de tus inicios como periodista, como la fundación de la ANF o la llegada de Luis Espinal a radio Fides. ¿Eras consciente entonces del momento histórico del que eras testigo?
No, de ninguna manera. Esas semblanzas no las escribí entonces sino ahora y son más bien fruto de la memoria.
—En tus páginas hay temas transversales como las dictaduras, la revolución cubana, la presencia del Che en Bolivia. ¿Qué ha significado para tu carrera ser periodista en aquellos tiempos?
He vivido momentos históricamente muy importantes que para mí han sido vitales y me han dado la posibilidad de desarrollarme profesionalmente. Yo empecé en DPA gracias a la cobertura del Che que me abrió las puertas.
— ¿Cuál es la cobertura que más atesoras?
La guerrilla del Che es muy importante porque yo tenía 22 años, estaba empezando mi carrera, es más, ni siquiera tenía decidido dedicarme al periodismo. Era simplemente un trabajo, yo estaba estudiando derecho. Esa cobertura marcó toda mi vida profesional.
—Eres testigo de la evolución del oficio en el país. Desde el nacimiento de la Agencia de Noticias Fides, que distribuía las noticias en sobres, hasta la aparición de los medios digitales. ¿Cuál es tu lectura del estado del periodismo actual?
Como en todas partes se hace buen periodismo y mal periodismo. Si bien ha cambiado por los soportes, sigue siendo el mismo. Se dice que la revolución tecnológica está poniendo en riesgo al periodismo convencional, puede ser pero eso ya lo he escuchado muchas veces: que la radio iba a matar a los periódicos y la televisión a la radio, pero ningún medio ha matado a otro. Los medios convencionales están pasando por un momento difícil y lo único que los puede salvar es el buen periodismo, es decir, volver a los orígenes: contar historias como lo hacía Hemingway o García Márquez para que el lector recupere el hábito de la lectura y la disfrute.
—Cuando dejaste el periodismo activo anunciaste que te ibas a dedicar a la docencia y a escribir. ¿Cuál es tu próxima obra?
Estoy trabajando en un manual de periodismo político para la universidad y paralelamente en un libro autobiográfico sobre el periodismo de conflicto a partir de mi experiencia. Espero presentarlo a principios del próximo año.
El Deber (Santa Cruz de la Sierra) – 9 de junio de 2018
“La semblanza no es una historia de vida, ni siquiera un perfil, sino una visión fugaz: una apariencia, una semejanza”, define Juan Carlos Salazar. El experimentado periodista reúne 41 retratos de sus “personajes inolvidables” en el libro Semejanzas, que se presenta el jueves en la UCB.
La casa de Juan Carlos Salazar del Barrio está llena de gatos. Los hay pequeñitos de cerámica, gordos de peluche, exóticos de vidrio y originales de fierro. Unos, alebrijes felinos, miran con ojos de espanto y otros se insinúan apenas en acuarelas. Si no fueran los ojos claros que le valieron el apodo de Gato, sería hoy suficiente su colección gatuna.
Cofundador de la agencia ANF, corresponsal por 20 años de la Agencia Alemana de Prensa (DPA) en Bolivia, Argentina, México, América Central y Cuba. Más tarde, director del Servicio Internacional en Español de esa agencia, Salazar fue también director de Página Siete y recibió el Premio Nacional de Periodismo.
“Creo que el periodismo me eligió a mí y no al revés”, cuenta y recuerda que toda su adolescencia había pensado estudiar geología, para continuar el negocio minero paterno; no obstante, reprobó el examen y se topó con el padre Gramunt y con el periodismo. No hubo retorno.
En un viaje a Palos Blancos, para cubrir el plan de colonización en la década de los años 60, descansando a la orilla de un río, determinó su destino: “Decidí ser corresponsal de prensa. Luego Banzer, obligándome al exilio, concretó ese objetivo”. Y así se fue medio siglo.
Ahora, que ha dejado de cubrir guerras, de entrevistar presidentes, de cambiar de residencia y ha logrado finalmente reunir su colección gatuna diseminada por el mundo, el corresponsal de prensa se dedica a la docencia, investiga, escribe y siente que está en casa. “Dicen que tu hogar está donde están tus libros; en mi caso es también donde están mis gatos”, dice con una sonrisa.
El año pasado publicó La guerrilla que contamos, sobre la cobertura periodística de la guerrilla del Che y del Ejército boliviano en 1967. También fue parte del libro Cabalgata sin fin de Página Siete y ahora presenta Semejanzas. Es una época prolífica.
Lo que pasa es que cuando me vine de Madrid en 2010, después de jubilarme en DPA, tenía el plan de hacer las cosas pendientes, varios libros que requerían un trabajo metódico… Vine con esa idea pero inmediatamente me puse a trabajar. El padre Gramunt me pidió que lo ayudara con la agencia Fides y estuve un año en ANF. Después me llamó Página Siete para la dirección en la que estuve más de tres años. Por eso puse un límite al tiempo de la dirección del diario para encarar las cosas que tenía pendientes. Una de ellas, este libro.
¿Cómo eligió a los 41 personajes que retrata en Semejanzas?
Es un libro bastante autobiográfico en el sentido de que las semblanzas son de gente que he conocido. Con muchos he estado unido por la amistad –Liber Forti, Enrique Arnal, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Luis Espinal, Pepe Ballón…– y con otros por razones circunstanciales profesionales –Fidel Castro, Juan Pablo II, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo…–. Escribir de ellos implicaba buscar en mi memoria recuerdos, revisar mis apuntes y también visitar hemeroteca para precisar fechas.
Otra característica es que la mayoría de las semblanzas ya las publiqué pero en versiones resumidas, para el periódico. Ahora las he ampliado y actualizado, algunas son nuevas. Son 41 semblanzas, la mayoría de bolivianos y en general son personajes positivos. No podría escribir, por ejemplo, de García Mesa porque no encuentro el tono.
La semblanza es uno de los géneros híbridos más complejos, ¿cómo la encara?
Pienso que es el género más difícil pero el más lindo de todos. Cuando era niño en mi casa de Tupiza siempre había tres revistas que compraba mi padre: Selecciones delReader’s Digest, Life en español y Visión. Y desde muy niño yo leía algunas secciones que eran mis favoritas en Selecciones: Citas citables y Mi personaje inolvidable, que eran semblanzas de gente común hechas por gente común. Los reseñados eran personas positivas, que de alguna manera eran un ejemplo en su comunidad, en su ciudad. Y ese fue mi primer acercamiento al género.
Después, cuando vine a La Paz y era estudiante de secundaria, me topé con las semblanzas de Paulovich (Alfonso Prudencio Claure). Él tenía una sección en Presencia Literaria de personajes de la época que se llamaba Apariencias y que recomiendo leer a todo periodista. Ese fue mi segundo acercamiento.
Ya siendo periodista quedé asombrado por las semblanzas de John Dos Passos en su trilogía USA, el gran dinero, donde, oscilando entre la novela y el testimonio, va intercalando semblanzas y arma un retrato de la época. Eso me impresionó mucho y desde entonces me apasiona la semblanza.
El reto de la semblanza es alto, y el primero, quizás, traicionar al reseñado.
No es fácil retratar a una persona por una razón muy sencilla: la gente no es como cree que es o como pretende ser; la gente es como la otra gente la ve. Entonces alguien me ve de una manera, otro de forma distinta y alguna de esas miradas puede no gustarme. Por eso creo que el título de las reseñas de Paulovich es preciso: Apariencias.
En la presentación del libro cito una frase de Felipito, el amigo de Mafalda, que decía: “Qué culpa tengo yo de parecerme a mí mismo”. No lo decía por cómo se veía a sí mismo, sino porque estaba preocupado por cómo lo veían sus compañeros de pandilla. Cito otra frase de Liber Forti, que está también retratado, que decía: “Soy como me ven, no como yo me anoto”. Y es así. Lo que veo, lo cuento.
¿Y en cuánto a la estructura?, ¿cómo ha logrado escribir 41 semblanzas sin repetirse?
La semblanza depende de un tono y de un hilo conductor y esa combinación no es fácil. La biografía de una persona es una cadena de anécdotas, que están una tras otra. Si las ves aisladamente no significan nada pero en su conjunto sí. Entonces el gran derrotero de la vida de una persona es la cadena de anécdotas; y el tono que debes encontrar va a dar sentido a todo. En todo caso, la semblanza no es una historia de vida, ni siquiera un perfil, sino una visión fugaz: una apariencia, una semejanza. Casi todas mis semblanzas empiezan con anécdotas, con algún hecho que encuentro significativo para dibujar a la persona como la veo.
Julio Villanueva Chang dice que de cerca nadie es normal. Al unir la cadena de anécdotas de otras vidas, ¿no ha encontrado cosas que no le hubiese gustado haber descubierto?
Depende; por ejemplo, en la semblanza de Augusto Montesinos Hurtado, un periodista que le decían El canalla, cuento anécdotas de él que, de acuerdo con quien las interprete, pueden ser de alguien muy audaz o de un sinvergüenza. Montesinos era muy conocido en América Latina; Vargas Llosa incluso lo había tomado como personaje para una novela por como era, más interesante que Raúl Salmón de La Tía Julia y el escribidor.
Siempre, sin querer quizá, a partir de estas lecturas de Mi personaje inolvidable, he tratado de escribir sobre personajes positivos, por ejemplo Juan Rulfo o García Márquez, quienes, como todos, tienen luces y sombras. Cuento por ejemplo un episodio de debilidad de Rulfo vinculado al tema de Bolivia. Él fue el orador principal en el homenaje a Marcelo Quiroga Santa Cruz en México y después el Gobierno se tiró contra él por una alusión que hizo al Ejército mexicano. Él estaba muy asustado, pensaba que lo iban a matar y yo me sentía responsable porque yo fui quien difundió el discurso en México porque había organizado el acto. Si ves esa anécdota en el conjunto del personaje le da una dimensión más humana.
¿Cómo logra esa dimensión con personajes históricos como el papa Juan Pablo II o Fidel Castro, por ejemplo?
La semblanza del Papa se titula Los viajes incómodos de Juan Pablo II y se construye a partir del primer viaje de su pontificado que fue al México anticlerical que no tenía relaciones con el Vaticano. Los curas estaban prohibidos de vestir sotana en la calle y de celebrar cultos externos. Entonces el Papa no llega como jefe de Estado, porque no lo reconocía el Gobierno mexicano. López Portillo se ve obligado a darle la bienvenida y lo deja con su grey y Juan Pablo II moviliza a todo México en el que era un viaje ilegal. Cuento también sus viajes a Centroamérica tan controvertidos, a Haití de la dinastía Papá Doc y termino con el viaje a Cuba que todo el mundo pensaba que era el principio de la caída del socialismo; pero el Papa se concatenó tan bien con Fidel, se sintieron los dos tan a gusto, que no pasó absolutamente nada. Fueron esos viajes incómodos de Juan Pablo II que cubrí como corresponsal de DPA.
En cuanto a Fidel Castro, mi primer encuentro fue cuando él llegó a México, 30 años después de su partida en el Granma. Nos citaron a los corresponsales y llegando nos dijeron que el entrevistado era Castro. Esa noche hubo una cena de Fidel con López Portillo y con los periodistas que no seríamos más de 15. Y Castro comenzó a recordar su época en México, donde él llegó para armar la guerrilla después de ser liberado de su condena por el asalto del 16 de julio. Se acordó del Che, del Granma, de la revolución. Estuvimos escuchándolo hasta las cinco de la mañana.
Después me tocó volverlo a ver en Cuba. Es una semblanza complicada, larga, porque él es un personaje que polariza. Si muestras un lado positivo o negativo, te van a cuestionar.
Este y otros libros demuestran que un periodista nunca se jubila, ¿en qué trabaja ahora?
Ahora estoy trabajando otro libro para el próximo año, también autobiográfico, sobre la cobertura de conflictos armados: la guerra sucia en Argentina, la guerra centroamericana, Chiapas, el periodo especial en Cuba, que es otra forma de guerra, y los primeros atentados yihadistas en Europa que también me tocó cubrir.
Son otras facetas del periodismo. Con la jubilación dejas la coyuntura para hacer otra cosa. Yo creo que hay momentos para todo, y hay siempre cosas que contar. Ya lo he dicho ya con el libro La Guerrilla que contamos: un periodista cuando cubre algún acontecimiento importante siempre vive dos historias: la que cuenta y escribe para sus lectores; y la historia que vive para contar esa historia. Entonces lo que estoy haciendo es el reportaje del reportaje.
¿Cómo evalúa al actual periodismo boliviano?
En todas partes hay buen periodismo y mal periodismo, buenos periodistas y malos periodistas, buenos medios y malos medios. Pero hay un hecho: la prensa boliviana no tiene recursos y es difícil hacer algo sin dinero. Hay gente talentosa que no tiene posibilidades ni de roce: por ejemplo en los alegatos en La Haya estaba acá toda la prensa chilena; lo lógico era que nosotros enviemos periodistas bolivianos a Chile, pero no hubo recursos.
Lo que sí me preocupa es que los propios periodistas no lean, a veces ni periódicos. No puedes hacer buen periodismo si no lees buen periodismo. También sostengo que este es un oficio que se aprende. Al periodismo escrito lo va a salvar el buen periodismo y allí no hay nada que inventar.
41 esbozos biográficos de gente poco común
Semejanzas: Esbozos biográficos de gente poco común recoge las historias de vida de 41 personajes, en su mayoría bolivianos, “que lo único que tienen en común es, precisamente, que son poco comunes”, resume el autor del libro, Juan Carlos Salazar.
La obra, publicada por Plural, se presentará este jueves 7 de junio en el auditorio VIP de la Biblioteca de la Universidad Católica Boliviana (calle 2, Obrajes,). Y el sábado 9, en la Feria del Libro de Santa Cruz.
Las semblanzas se dividen de acuerdo con la actividad de los personajes. En el área de Cultura figuran: Enrique Arnal Velasco: Quico a la arrabbiata; Pepe Ballón Sanjinés: El héroe anónimo; José Bayro Corrochano: El carnaval de la vida: Luis Ramiro Beltrán Salmón: El adelantado; Héctor Borda Leaño: Con el idioma de la rabia; Robert Brockmann: El recreador de la historia; Amalia Decker: Protagonista de tragedias reales, creadora de ficciones.
Gabriel García Márquez: Un boliviano de corazón; Manuel Leguineche: El descubridor de la “República del Quiquibey”; Hugo Rodas Morales: Marcelo Quiroga, biografía de una fascinación; Juan Rulfo: Un tal Rulfo…; Gregorio Selser: El cronista de Sandino; Mario Vargas Llosa: Entre “dictaduras perfectas” y democracias imperfectas; y Luis Zilveti Calderón: El músico del silencio.
«La semblanza de Arnal resulto breve pero no quise tocarla porque cuando uno siente que un texto está redondo es mejor no tocarlo”, comenta Salazar.
En el área de Sociedad incluye semblanzas de: José María Bakovic: El hombre de las cábalas; Domitila Barrios de Chungara: La mujer símbolo; María Barzola: Fundadora de la saga de luchadoras mineras; Luis Espinal: La noche de los desalmados; Liber Forti: El “luchador amoroso por la justicia”; José Gramunt de Moragas: “Navigare necesse est, vivere non est necesse”. Liber Forti fue un gran amigo e influencia en mi niñez en Tupiza.
Con Espinal tuve una relación singular: “él era mi subalterno en Fides y también mi catedrático en la universidad”, comenta Gato y añade: “Lucho era un hombre sencillo, tímido, nunca quería estar por encina de nadie. A los tres días de su asesinato, mataron al obispo de San Salvador, a monseñor Romero, y Espinal pasó al segundo plano. En su humildad hasta en el martirio cedió protagonismo”.
También están los retratos de Juan Pablo II: El viajero incómodo; César Luis Menotti: El “filósofo” del fútbol y… la política; Augusto Montesinos Hurtado: El Canalla ; Reynaldo Peters : Un canto a la libertad en papel higiénico; Gustavo Sánchez Salazar: El hombre que sabía demasiado. “El Chino Sánchez es el periodista que arrestó a Klaus Barbie cuando fue subsecretario de Gobierno. Se lo veía mucho en Cuba y los amigos lo llamábamos ‘nuestro hombre en La Habana’”, dice el autor.
En Política están: Salvador Allende: El “héroe romano”; Gloria Ardaya: Una mujer agradecida con la vida; José Chingo Baldivia: “¡Qué felices somos!”; Fidel Castro Ruz: El superviviente; Roger Cortez Hurtado: Los “12 apóstoles” de los años de fuego; Filemón Escóbar: Filippo, el vendaval; Loyola Guzmán: Un encuentro en la selva “entre damas y caballeros”; Cayetano Llobet: Así nomás había sido… Tano; Carlos Mesa Gisbert: Testigo, cronista y protagonista de la historia; Víctor Paz Estenssoro: Paradigma de una época; José Antonio Quiroga Trigo: La saga de los Quiroga Santa Cruz; Marcelo Quiroga Santa Cruz: La última campaña; Simón Reyes: Un hombre “curtido ante la muerte”; Eduardo Rodríguez Veltzé: Un negociador pragmático en busca del tiempo perdido, y Hernán Siles Zuazo: De puño y letra, al borde del abismo.