El director de Página Siete es el Premio Nacional de Periodismo

El director de Página Siete, Juan Carlos Salazar del Barrio, es el ganador del Premio Nacional de Periodismo 2016 que confiere la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP).

«Este es el principal  y más antiguo reconocimiento a una trayectoria de vida y de trabajo en los medios de comunicación”, señala el comunicado de  la organización de periodistas.

El Premio Nacional es un galardón muy prestigioso que fue recibido por periodistas como Alberto Zuazo, Huáscar Cajías, Ana María Romero de Campero, Mario Castro, José Gramunt, entre otros destacados.

Salazar está al frente de Página Siete desde 2013 y recientemente anunció su retiro del periodismo activo y la dirección de este matutino después de un ataque sistemático del Gobierno.

Trayectoria de Salazar 

Nacido en Tupiza en 1945, se inició en la Agencia de Noticias Fides (ANF), de la que es cofundador con el padre José Gramunt, en 1964; formó parte del equipo fundador del diario Hoy, de La Paz, en 1968, y colaboró con diversos medios en la década de los años 60, como el diario Presencia y el recién fundado Canal 7 de televisión. Formó parte de la primera promoción de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana (UCB), en 1970. 

En 1967 le tocó cubrir la guerrilla del Che Guevara, enviado por Fides y la agencia DPA, una cobertura periodística emblemática que marcó el inició de su carrera de más de 40 años en la agencia alemana. Ha sido corresponsal en Bolivia, Argentina, México, América Central y el Caribe  entre 1967 y 1998, y corresponsal concurrente en La Habana, Cuba, durante la década de los 80. También se ha desempeñado como editor internacional del diario Excélsior, de México, entre 1976 y 1977.

Tiene una amplia experiencia en la cobertura de conflictos. Además de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia, le tocó cubrir los procesos de militarización del Cono Sur de América Latina y la «guerra sucia” argentina (1971/76), la guerra civil centroamericana (1980/92) y el levantamiento indígena zapatista de Chiapas (1994), entre otros.

Como corresponsal, ha informado desde América Latina y Europa sobre todo tipo de acontecimientos, desde campeonatos mundiales de fútbol y Juegos Olímpicos, hasta cumbres presidenciales, conferencias internacionales, giras papales, desastres naturales y eventos culturales, y ha entrevistado a decenas de personajes de la política, el deporte y cultura.

Director de DPA

A fines de 1998 fue designado director del Servicio Internacional en Español de DPA, con sede en Madrid, cargo que desempeñó durante 12 años hasta su jubilación, el 31 de diciembre de 2010.

Fue el primer jefe no alemán de un servicio internacional de esa agencia.

Participó como conferencista y ponente en seminarios, cursos y talleres de periodismo en universidades de México y España. Dirigió una mesa del congreso sobre Información, Poder y Ética en el Siglo XXI en el Fórum Universal de las Culturas 2004, auspiciado por la Unesco, en Barcelona.

Es coautor del Manual de Estilo de DPA (Hamburgo, Alemania, 2006) y coordinador del libro De buena fuente (Madrid, España, 2010). Desde 2012 es docente de Periodismo y Redacción de Noticias de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica de Bolivia (UCB). En noviembre de 2010 fue nominado entre los 100 Personajes Latinos de España, distinción patrocinada por varias instituciones, entre ellas la Casa de América, la Comunidad de Madrid y la Secretaría General Iberoamericana, por su contribución al desarrollo social, cultural y económico de España y América Latina.

A su retorno a Bolivia, a mediados de 2011, fue designado Asesor Ejecutivo de la Agencia Fides (ANF), cargo que desempeñó hasta el retiro del padre Gramunt, en mayo de 2013. En junio se incorporó al quincenario Nueva Crónica, como editor general. El 15 de septiembre de 2013 asumió la dirección del diario Página Siete. Además, fue exiliado en la dictadura banzerista y fue un estrecho colaborador de Marcelo Quiroga.

Carta de Carlos Mesa a la APLP

«Tengo el honor de postular al periodista Juan Carlos Salazar como candidato al Premio Nacional de Periodismo de este año.

Considero a Juan Carlos como uno de los periodistas más importantes de Bolivia de los últimos 50 años, con una carrera de innegable excelencia, iniciada en 1967 con la cobertura de la guerrilla que Ernesto Che Guevara organizó en Bolivia. Ese trabajo lo realizó para la Agencia de Noticias Fides (ANF) y la agencia alemana DPA.

Salazar estuvo vinculado luego a la agencia alemana durante más de cuatro décadas, tiempo en el que trabajó como corresponsal en varios países y después como jefe del Servicio en Español, con base en Madrid, uno de los más altos cargos obtenidos por algún periodista boliviano en el exterior. A su regreso al país, trabajó primero en ANF y luego, desde 2013, fue director de Página Siete, cargo en el que demostró firmeza, profesionalismo y valentía. Adjunto a la presente el Curriculum Vitae que estoy seguro será detalladamente analizado por el jurado del Premio Nacional”.

Página Siete – 19 de noviembre de 2016

El Director de Página Siete, Juan Carlos Salazar, es Premio Nacional de Periodismo 2016

ANF / La Paz

El director de Página Siete, Juan Carlos Salazar, ganó el Premio Nacional de Periodismo 2016, informó este viernes el presidente de la Asociación de Periodistas de La Paz, la entidad que entrega la condecoración.

«Era un excelente candidato, creo que el colega Juan Carlos Salazar es un gran Premio Nacional”, dijo a ANF Nelson Martínez, presidente de la Asociación.

Martínez destacó la trayectoria de 52 años de Salazar como periodista, iniciada en 1964, cuando fue uno de los periodistas fundadores de la Agencia de Noticias Fides (ANF), junto al padre José Gramunt de Moragas.

«Salazar es un periodista de mucha valía y mucha responsabilidad”, agregó Martínez. El presidente de la APLP se mostró complacido por la elección y dijo que el jurado del premio, que estaba conformado por su persona y los integrantes del Tribunal de Honor, destacaron la candidatura de quien resultó vencedor este año.

Salazar se ha visto envuelto en varias polémicas con el Gobierno debido a que diversas autoridades han lo han atacado a él y a su medio debido a sus posturas independientes. Junto a otros medios y periodistas, Página Siete es considerado como parte de un supuesto «cártel de la mentira” por parte del Ejecutivo.

El Premio Nacional es muy prestigioso. En el pasado lo han vencido periodistas de la talla de Ana María Romero, Luis Ramiro Beltrán, Carlos Mesa, Mariano Baptista y Gramunt de Moragas.

Salazar anunció recientemente su renuncia a Página Siete, que se cumplirá el 31 de diciembre próximo, para retirarse del periodismo activo, según dijo, y dedicarse a otras actividades, como escribir un libro sobre su experiencia en la cobertura periodística de la captura del guerrillero Ernesto «Che” Guevara en 1967, y perseguir con su labor de catedrático de comunicación en la UCB.

Salazar desarrolló su carrera profesional en Bolivia, luego en América Latina, como corresponsal de la Deutsche Presse-Agentur (DPA) en varios países del continente, y como director del servicio en español de esa agencia durante 12 años, hasta 2010, en Madrid.

Tras volver a Bolivia fue primero asesor de ANF y luego director de Página Siete.

Página Siete – 18 de noviembre de 2016

J.C. Salazar se retira del periodismo activo y de la dirección de Página Siete

Ivone Juárez /  La Paz 

El periodista  Juan Carlos Salazar anunció su decisión de retirarse de la dirección de Página Siete y del periodismo activo el 31 de diciembre próximo, después de 52 años de ejercicio profesional.

«El 31 de diciembre dejó la dirección de Página Siete. No sólo me retiro del diario, sino del periodismo activo”, afirmó el periodista, que asumió la dirección de este periódico el 15 de septiembre de 2013.

«Cuando Raúl Garáfulic, presidente del directorio de Página Siete,  me hizo el honor de invitarme a hacerme cargo de la dirección del diario, yo acepté el encargo por dos años, pero mi gestión  se prolongó a tres. Creo que ha llegado la hora del retiro”, dijo el periodista, conocido en el medio periodístico  como El Gato.

Salazar,  quien ejerció el periodismo   durante 52 años  (40 en  el extranjero), se jubiló el 31 de diciembre de  2010 en España. De regreso a Bolivia, aceptó colaborar con el padre José Gramunt, director de la Agencia de Noticias Fides (ANF), de la que es cofundador, y después  con  Página Siete.

«En 2010 me jubilé en Madrid, cuando dirigía  la agencia de noticias alemana DPA. Regresé a Bolivia con la idea de hacer efectivo mi retiro, pero se produjo la salida de Raúl Peñaranda , debido al acoso del Gobierno, y Garáfulic me ofreció hacerme cargo de Página Siete”, recuerda.

Salazar expresó su agradecimiento a Garáfulic y a  los ejecutivos de Página Siete por haberle dado la oportunidad de  cerrar su carrera profesional   en Bolivia y en Página Siete,  «el diario  más importante  e  influyente  de Bolivia”.

De los 52 años que tiene de experiencia, 40 los  forjó en el extranjero:  Argentina, México, Centroamérica,  Cuba y España. Salió del país en  1971 como exiliado político de la dictadura. 

«Me tocó trabajar en diferentes circunstancias, bajo todo tipo de gobiernos: bajo dictaduras militares, en Bolivia y Argentina; en gobiernos autoritarios y en situaciones de guerra, en Centroamérica, y   en democracia, en España”, comenta.

Consultado sobre la coyuntura política en la que le tocó dirigir  Página Siete, declaró: «Fueron tres años difíciles, muy duros, debido al acoso permanente del Gobierno, pero mi trabajo estuvo siempre orientado a defender la independencia del diario y los valores con los que fue creado.

Página Siete   no es un diario opositor, es un diario independiente del poder político y del poder económico. Su trabajo puede o no satisfacer al poder, pero no estamos aquí para eso, sino para servir  a nuestros lectores”.

El Gato Salazar  espera mantenerse en la cátedra universitaria y terminar los trabajos bibliográficos que tiene postergados. En enero próximo presentará un libro a «seis manos”,  con Humberto Vacaflor y José Luis Alcázar, sobre la emblemática  cobertura de la guerrilla del Che Guevara, hace 50 años, de la  que fueron protagonistas.

Página Siete – 30 de octubre de 2016

Voces, ecos e imágenes en la mediación de los medios

Manuel Leguineche, un veterano corresponsal de guerra español que cubrió la mayoría de los conflictos bélicos del siglo XX, dice que la prensa y los partidos políticos son instituciones democráticas que se necesitan mutuamente y, por tanto, son complementarias; “son profesiones que viven la una de la otra”, pero, al mismo tiempo, son dos oficios enfrentados. La relación entre periodistas y políticos, apunta Leguineche, es “una constante de doble filo” por los términos en que se produce, y en gran parte porque los políticos “desean escuchar los ecos más que las voces”, escuchar los ecos de sus propias acciones y propuestas e ignorar las voces de la sociedad.

Bien podríamos decir que las voces y los ecos de los actores sociales y políticos que participan en el debate público, y las imágenes que recogen y reflejan los medios de comunicación, están en el trasfondo de la excelente y novedosa investigación sobre la mediación de los medios impresos en tiempos electorales realizada por Claudio Rossell Arce.

El autor pone bajo la lupa el debate entre los agentes de la sociedad política y la sociedad civil en la “esfera pública”, donde los medios y los partidos discuten asuntos que interesan a la sociedad en su conjunto, en un diálogo, una “conversación social”, que el autor define como la “esencia de la democracia”. Y capta ese debate en un momento especial, las campañas electorales, un espacio -nos dice-, donde “la comunicación política se desarrolla hasta los extremos”, es decir el mejor escenario posible para ver en acción no sólo a políticos y candidatos en su afán por conquistar el voto ciudadano -diríamos en su propia salsa-, sino también a los actores de las sociedad civil y los medios de comunicación en su relación con el mundo político.

Rossell Arce se pregunta qué actores de la esfera pública –políticos, sociales y estatales-reciben atención y cobertura de los medios de comunicación, en qué proporción participan de la agenda mediática, qué orientación tienen los mensajes que producen esos agentes, qué instituciones aparecen en los medios como representativas de la sociedad civil, qué hechos se convierten en noticia y cuáles en opinión, a quiénes se dirigen los mensajes de los agentes que proveen los hechos noticiosos a los medios y a quiénes los mensajes que los medios presentan como opinión.

En resumen: cómo mediaron los medios impresos de comunicación en el contexto de las elecciones generales.

Y encuentra interesantes respuestas en el muestreo y análisis de 1.342 publicaciones de seis diarios de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz de las campañas electorales de 1985, 1989, 1993, 1997, 2002 y 2005, durante las dos semanas previas al día de la elección.

Yo quisiera concentrarme  en algunas de las conclusiones que,  aunque lógicas, dado el contexto de la investigación –las campañas electorales-, no dejan de ser sorprendentes y en alguna medida preocupantes.  

El autor nos recuerda que los agentes de la sociedad civil compiten con los de la sociedad política por la notoriedad en la esfera pública a fin de recibir atención, traducida en cobertura, de los medios de comunicación, que operan en este espacio no sólo como canales de comunicación entre los diferentes actores políticos y sociales, sino también como agentes con voz propia, que interpelan y aconsejan  por igual al resto de los actores.

Al actuar en esos dos sentidos, añade Rossell Arce, los medios ejercen al menos tres funciones: el de la mediación, al recoger hechos noticiosos para ponerlos a disposición de las audiencias; el de la interpretación, al ofrecer visiones ampliadas de esos hechos, dando lugar a reacciones; y el de la opinión, al comentar esas informaciones en artículos y editoriales.

En su obra clásica, “Teoría del periodismo: cómo se forma el presente», Lorenzo Gomis, varias veces citado por el autor, nos dice que “el periodismo interpreta la realidad social para que la gente pueda entenderla, adaptarse a ella y modificarla”. Y recuerda que la interpretación tiene siempre dos caras: la comprensión y la expresión. Si el intérprete ha comprendido mal, expresará mal, y a la inversa.

Rossell Arce sostiene, por su parte, que  “los medios de comunicación vehiculan los mensajes de los partidos políticos, pero no lo hacen de modo acrítico ni mucho menos complaciente (….)”, sino que al hacerlo están mediando  entre los distintos actores que participan en la esfera pública discutiendo esos mensajes”.

El cómo se produce esta conversación social es el centro de atención de su investigación. Y su importancia radica, como él mismo nos dice, en que los medios tienen la gran virtud de que por su naturaleza poseen mayor poder persuasivo sobre sus audiencias (…) al constituirse en mensajeros  de “lo-que-es-verdad” (o al menos de “lo-que-es-real”).

Por su parte, la sociedad civil, representada por instituciones plurales y autónomas respecto del Estado que promocionan el debate público,  participa en el debate no sólo otorgando su aquiescencia o manifestando su desacuerdo con los sociedad política, sino con su participación como destinataria de los mensajes e imágenes o como entidad con voz propia que plantea problemas y exige respuestas.

Es así que la sociedad civil se vale de la esfera pública para promover debates abiertos y libres para llevar a los gobernantes la voz de los gobernados, demandando soluciones y respuestas a sus necesidades o poniendo en cuestión el rumbo de las instituciones de gobierno y las decisiones que adoptan. Y lo hacen no solamente a través de los sistemas de representación popular, sino de los medios de comunicación.

Y aquí surge una de las conclusiones más llamativas de la investigación:

La observación establece que los agentes de la sociedad política tienen una presencia protagónica en los medios  de comunicación en desmedro de los actores de la sociedad civil. Un 46 por ciento de los textos tienen como origen del hecho noticioso a los candidatos y sus portavoces, mientras que los agentes de la sociedad civil tienen “voz propia” solamente en un siete por ciento y los representantes de los órganos estatales en 14 por ciento.

Esto indicaría que los actores políticos logran con creces su propósito de imponer sus mensajes en la agenda mediática. Se dirá que es lógico, dado que la campaña electoral está precisamente para eso, para que los  candidatos promuevan su imagen y los partidos sus propuestas.

A la luz de este dato, el acceso y la cobertura de la sociedad civil en los medios de comunicación es escasa en comparación a la que reciben los agentes políticos. Es tal vez por ello, como señala el autor, que “el retrato de la realidad (que ofrece la muestra) sea más parecido a las expectativas e intereses de los políticos (…) que al de las organizaciones sociales en toda su heterogeneidad”.

Si creemos como James Carey, uno de los creadores del Proyecto para la Mejora de la Calidad del Periodismo lanzado por la Universidad de Harvard hace casi dos décadas, que “el periodismo no es más que un modo de transmitir y amplificar las conversaciones de la gente”, coincidiremos en que en este contexto los medios no cumplen cabalmente su misión de vehicular las preocupaciones e inquietudes de la sociedad a la esfera política.

Pero no es sólo un problema de los medios. Y aquí viene otra conclusión significativa del investigador, según la cual son los representantes políticos los que más demandas formularon, en un 40 por ciento, contra apenas un 17 por ciento de la sociedad civil. Y lo más curioso, como apunta Rossell Arce, es que dichas demandas no fueron formuladas a la sociedad política, sino a la propia sociedad civil.

La investigación constata por otra parte que “los medios de comunicación analizan, interpretan y juzgan los hechos noticiosos adoptando posiciones, haciendo críticas y recomendaciones, y sobre todo ofreciendo opiniones razonadas acerca de los procesos en marcha”. 

En este sentido, como apunta el autor, los medios no sólo son influidos en el debate por los otros agentes de la esfera pública, sino que hacen posible la influencia de unos sobre otros e influyen con su propia voz sobre todos ellos.

La conclusión general de la investigación es que “la mediación opera de manera permanente en los contenidos de los medios y que los más beneficiados de esta función son los agentes de la sociedad política, pues reciben cobertura con mayor frecuencia, apareciendo más en las páginas de los medios, por lo general a través de declaraciones de los personajes dotados de notoriedad, pero también porque son objeto de más comentarios de parte de esos medios”.

Rossell Arce sostiene que el fruto de la discusión que desarrollan los agentes políticos y sociales en la esfera pública debería influir sobre las decisiones de los gobernantes, concretando así “la democracia de manera cotidiana”. Y la mediación de los medios de comunicación es crucial en la realización de la “conversación social” para tal fin.

Rossell Arce dice que queda mucho por indagar en el ámbito de la mediación de los medios en épocas electorales, pero sin lugar a dudas su trabajo es meritorio no sólo por su rigor académico, sino por su carácter precursor.

Me parece igualmente una lectura obligada para los responsables de los medios si quieren ofrecer una cobertura equitativa y equilibrada en épocas electorales, teniendo en cuenta, en palabras de Bill Kovach y Tom Rosenstiel, que  “el propósito principal del periodismo es proporcionar a los ciudadanos la información que necesitan  para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos”.

Finalmente, quisiera destacar el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer a la Carrera de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana, en general, y a la investigación de sus docentes, a través del fondo concursable Dr. Salvador Romero Pittari, que tiene en el trabajo de Rossell Arce un primer y exitoso fruto.

(*) Texto leído en la presentación del libro “La mediación. Medios y elecciones en Bolivia”, de Claudio Rossell Arce, el 28 de abril de 2015.