El mensaje del Papa Francisco con motivo de la Jornada
Mundial de las Comunicaciones Sociales constituye, en sí mismo, una lección de
periodismo, una cátedra magistral del buen periodismo y la comunicación social.
Francisco apela a las palabras de Juan, “Ven y lo verás”,
para decirnos a periodistas y comunicadores: “Ir y ver”, como “el mejor método
de comunicación humana auténtica”, ir y ver, que es la primera lección que todo
periodista debe aprender para poder relatar, en palabras del Papa, “la vida que
se hace historia”.
Al escuchar su mensaje no podemos menos que recordar a los
viejos maestros, quienes nos enseñaban el abecedario de este hermoso oficio,
que es el de “ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas y
escucharlas”, para contar la realidad, no solo para entenderla y adaptarnos a
ella, sino también para modificarla.
Cuentan que el joven Mark Twain, cuando quiso ganarse la vida
como periodista, se acercó al director del diario de su pueblo y le preguntó:“¿En
qué consiste ser periodista?”. El veterano editor le respondió: “Salga a la
calle, mire lo que pasa y cuéntelo con el menor número de palabras”.
Mark Twain, quien había fracasado en todos los oficios en los
que había incursionado, así lo hizo, salió, vio y contó lo que vio, y se
convirtió no solo en periodista, sino en el gran escritor que todos conocemos.
Francisco nos habla con la misma autoridad del editor
experimentado. Para poder relatar la vida que se hace historia, nos dice, es
necesario salir y ponerse en marcha, ir a ver lo que pasa en nuestra comunidad,
en nuestro país, en el mundo, hablar con las personas, escucharlas y recoger
sus opiniones sobre la realidad que nos circunda.
Hay que “desgastar las suelas de los zapatos”, nos dice, al instarnos
a aplicar el “método todo más sencillo” para conocer una realidad, que es el de
salir al encuentro de la gente para verificar de la manera más honesta lo que
acontece en el mundo, para darle oportunidad a la sociedad de tomar la palabra
y ofrecer su testimonio.
Pero Francisco no solo nos habla como lo haría el jefe de
redacción de cualquier medio, sino, y sobre todo, nos habla como pastor.
En ocasiones como estas es bueno evocar a los cuatro
evangelistas, a Mateo, Marcos, Lucas y Juan, considerados por los católicos
como los primeros periodistas del cristianismo. Desde el punto vista
periodístico formal, ¿no es cada Evangelio una crónica perfecta?
El Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces,
con 191 palabras, y el de la bodas de Caná, con 224, por ejemplo, son grandes
reportajes. Si hubiese habido un periódico en la Galilea de entonces,
seguramente hubiesen ocupado la portada del medio. Podríamos citar todos y cada
uno de los evangelios, textos que reúnen las características propias del género
estrella del periodismo: información, testimonios, descripciones e imágenes,
que permiten a los autores del Nuevo Testamento recuperar y recrear la
atmósfera, el ambiente y las emociones que rodearon a los principales hechos de
la vida de Jesús.
Los evangelistas no solo recogieron la Buena Nueva, sino que
la difundieron. Y precisamente en eso radica la misión del periodista y el
comunicador. No limitarse a buscar la verdad, sino también a difundirla. No
basta conocerla, estar bien informado, sino darla a conocer, dar testimonio de
lo que vemos, porque, como nos enseñó Luis Espinal, el periodista mártir,
“callar es lo mismo que mentir”.
Francisco nos habla como comunicador y como pastor. “Vengan y
verán”, nos dice, como dijo Cristo a sus primeros discípulos, y nos invita a
“ir y ver”, a caminar hasta encontrar la verdad para difundirla.
Nos advierte contra el riesgo de limitarnos a producir
“periódicos fotocopia”, a elaborar noticieros “sustancialmente iguales”, sin
salir a la calle, y nos alerta del peligro de la información construida en las
redacciones frente al computador y desde las redes sociales.
Nos invita, pues, como el mejor redactor jefe, a recuperar el
género de la investigación y el reportaje en beneficio del periodismo de
calidad, de un periodismo que interpela la realidad, que busca la verdad de las
cosas y se concentra en la vida concreta de las personas.
El periodismo, como relato de la realidad, nos dice, requiere
de la capacidad de ir allá donde nadie va, de un movimiento y de un deseo de
ver. Precisa de la curiosidad, la apertura y la pasión del periodista. Sus
palabras me recordaron a un viejo jefe de redacción que decía a sus colegas:
“la noticia está donde nadie la ve”. Como la noticia, muchas veces la verdad
está donde no se ve.
El Papa Francisco habla como pastor y como profeta.
Nos advierte sobre los nuevos males del siglo XXI. Las redes
sociales, nos dice, pueden multiplicar nuestra capacidad de contar y de
compartir; la tecnología nos da la posibilidad de ofrecer una información de
primera mano, útil y oportuna, pero al mismo tiempo nos sitúan ante el evidente
riesgo de una comunicación carente de controles, manipulable y manipuladora.
Son instrumentos formidables, nos dice, que nos exigen
responsabilidad como usuarios y como consumidores.
Los periodistas hemos abandonado en muchos casos el principio
básico de la verificación de datos, el fact checking, víctimas, como somos, de
la “dictadura del clic”. La verificación, es bueno recordarlo, es la primera
herramienta para combatir ese mal del siglo XXI que son las fake news.
“Ir y ver”, nos repite Francisco, instándonos a volver al
rigor como esencia de la práctica periodística, a primar los hechos, a apostar
por la investigación, teniendo en cuenta que la investigación está en la base
misma del buen periodismo.
La paradoja de nuestro tiempo es que estamos viviendo en un
mundo hiperconectado y con un acceso sin precedentes a la información de todo
tipo, pero, por eso mismo, estamos más expuestos que nunca a la manipulación y
al engaño.
Pero el problema, como nos dice el Papa, no son las redes
sociales ni la tecnología, que son los instrumentos que tiene la gente para
interactuar en el seno de la sociedad, sino nosotros mismos como agentes y
sujetos de esa interacción.
Por eso mismo, hoy más que nunca es importante formar ciudadanos con espíritu crítico, informados y conscientes de lo que reciben y leen a través de las redes, capaces de hacer por sí mismos lo que hoy hacen los verificadores: chequear y verificar la información, antes de compartirla. Y a esto nos invita el Papa Francisco, a “ir y ver” lo que ocurre en nuestro entorno y en el mundo, para que seamos los agentes de la verdad y los anticuerpos del engaño, la desinformación y la manipulación.
(Texto leído en el acto académico de la Universidad Católica
Boliviana San Pablo con ocasión de la LV Jornada de las Comunicaciones Sociales).
ANF – 16 de mayo de 2021