Prólogo al Manual de Periodismo

Por Claudio Rossell Arce*

Hoy más que nunca, el periodismo. En tiempos de desinformación generalizada, de triunfo de las relaciones públicas –otro nombre de la propaganda, E. Bernays dixit–, de posverdad como el lugar más extremo de la postmodernidad, donde las certezas se desvanecen en el aire y ya no se sabe en qué creer, el periodismo. Como instrumento de conocimiento, de interpretación sucesiva de la realidad, que la comprende y la explica, y en el camino la construye para el colectivo. El periodismo, como oficio de profesionales que conocen el método de interpretación, así como conocen y dominan las técnicas asociadas al esfuerzo de transformar hechos en noticias, y, sobre todo, tienen profundas convicciones éticas, necesarias para el enorme papel que les corresponde desempeñar en la sociedad.

De eso se trata el Manual de Periodismo que el periodista y maestro de este oficio Juan Carlos Salazar del Barrio nos ofrece, un imprescindible texto de referencia y apoyo en la formación de nuevos profesionales de la comunicación con vocación para el “mejor oficio del mundo”. En este breve, pero profundo y preciso volumen, Juan Carlos destila décadas de experiencia con grabadora al hombro (sí, eran grandes como carteras), cámara fotográfica colgada del cuello, lápiz y libreta en la mano, y, sobre todo, una mirada inquieta y curiosa, que hizo de él un gran periodista y narrador, y formador de nuevas generaciones de periodistas profesionales.

En tiempos de transformación del ecosistema mediático que dio origen al periodismo profesional y sus diferentes técnicas y tecnologías, cuando la información y la desinformación fluyen a un ritmo que nadie alcanza a controlar, provocando toda clase de trastornos en el individuo y en los grupos, el oficio periodístico puede y debe alzarse como un faro que ofrece una versión sana de la realidad; en las páginas de este Manual se encuentran el qué del oficio, el quién, el cuándo, el dónde y, fundamentalmente, el cómo y el por qué.

Comenzando con una caracterización poco ortodoxa de “medio de comunicación”, como el espacio donde confluyen no los medios técnicos sino el conjunto de personas que los operan para producir una versión “mediada” de la realidad, Salazar introduce a quien se inicia en los caminos del periodismo profesional a una minuciosa explicación de cómo se hace noticia, de la manera en que se producen los textos periodísticos, de las formas que adoptan estos textos, y enriquece un ya de por sí completo Manual con abundantes ejemplos de lo mejor del periodismo en español.

Desde el por qué y para qué de las cinco preguntas que dan inicio a la estructura de la pirámide invertida, hasta los secretos para convertir un hecho cualquiera en una pieza periodística, es decir, un relato sobre la realidad, el autor revisa minuciosamente los diferentes aspectos de la práctica del oficio y el modo en que se emplean las técnicas. Su completa explicación de los géneros periodísticos permite al aprendiz saber cuál de las posibles formas del texto periodístico emplear, pero, sobre todo, por qué hacerlo.

Más adelante, Salazar pasa revista a las variadas clasificaciones del quehacer periodístico, explicando las diferencias entre unas y otras, así como dando cuenta de las distintas formas de recoger, producir e interpretar la información que se ofrece según estos marcos institucionales, que si antes se encontraban reunidos en la edición del diario con sus diferentes secciones, hoy tiene forma de sitios web y perfiles personales de nicho, es decir, crecientemente especializados y al mismo tiempo ampliamente disponibles.

En un extenso apartado sobre la función social del periodismo, la ética y los tiempos de posverdad, el autor ofrece no solo detallada información sobre los mecanismos de autorregulación que el periodismo tiene en Bolivia, así como sus procedimientos, sino, también, una bien madurada postura de por qué hacer periodismo, que a su vez es un poderoso alegato en favor de las escuelas de periodismo profesional, como la Carrera de Comunicación Social que él mismo dirigió entre 2021 y 2025, donde se han formado, a lo largo de casi seis décadas, las y los periodistas más relevantes de la escena mediática.

Por último, nos recuerda que en el complejo entramado del quehacer periodístico las audiencias son tan importantes como las fuentes, y si bien son muchos los manantiales de las que beben, toca a los discursos periodísticos hacerse cargo de todas las dimensiones de la comunicación social, pues, como dice al cierre de este Manual, “hoy más que nunca es importante formar ciudadanos con espíritu crítico, informados y conscientes de lo que reciben y leen a través de las redes”.

*Jefe de las carreras de Comunicación Social y Comunicación Digital Multimedia de la Universidad Católica Boliviana.