Robinson Crusoe sobrevivió 28 años en la isla de la “Desesperación”, como la bautizó, en “estado de naturaleza” y sin comunicación con otros seres humanos. Pero la soledad y la incomunicación del náufrago, aún antes del rescate de Viernes, era relativa, porque el héroe de la novela del periodista y novelista inglés Daniel Defoe (1660-1731) compensaba sus “necesidades comunicativas” con la lectura de los libros y el uso de las herramientas e instrumentos que logró rescatar del naufragio, “recursos socioculturales” que le permitían establecer una “comunicación intrapersonal”.
Así lo entendía Raúl Rivadeneira Prada (1940-2017), teórico de la comunicación, quien sostenía que aún en las condiciones de vida solitaria, la comunicación está presente a través de la transmisión de información (sintáctica), los significados de los mensajes (semántica) y sus efectos sobre la conducta humana (pragmática).
Rivadeneira Prada consideraba que la comunicación es “un fenómeno psicosocial básico, sin el cual resulta impensable la misma sociedad”, tanto más si “la información e intercambio de ella es conditio sine qua non para el desarrollo de la vida psíquica, biológica y social de cualquier ser humano individual”.
Al estudio de este fenómeno dedicó gran parte de su vida profesional.
Periodista, abogado, escritor, docente universitario y académico, Rivadeneira Prada fue un pionero en el estudio de la comunicación social a nivel latinoamericano. Sus libros La opinión pública (1976) y Periodismo (1977), dos clásicos con más de 20 ediciones desde su publicación en México, fueron textos oficiales en las escuelas y facultades de Periodismo y Comunicación Social de varias universidades del continente.
Nacido en Sucre el 7 de mayo de 1940, estudió Derecho en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y realizó un curso de especialización en periodismo en el Instituto Konrad Adenauer de Alemania (1965-1966). Con una larga experiencia en la docencia universitaria, fue profesor de Periodismo en la Escuela de Ciencias de las Comunicación del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), de Guadalajara, México; Asesor académico en la Universidad Autónoma de Baja California, de Tijuana, México (1974-1977), y director de la carrera de Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana (1993-1999).
Como periodista, dirigió el diario católico Presencia, de La Paz (1998-1999). Discípulo del crítico Juan Quirós, fue un activo colaborador de la revista Signo.
Publicó más de treinta libros sobre teoría de la comunicación y periodismo, lexicografía y lingüística, narrativa y crítica literaria, y centenares de artículos periodísticos y ensayos sobre los temas de su especialidad.
En su primer libro, La opinión pública, analizó el complejo fenómeno de la opinión pública a la luz de la teoría general de los sistemas, en tanto que en el segundo, Periodismo, realizó un examen metodológico de los símbolos y códigos de la prensa escrita y un análisis del mensaje, la noticia, la opinión pública, la propaganda, la libertad de prensa y otros temas de la comunicación.
El alemán Otto A. Baumhauer, uno de los más prestigiosos teóricos de la comunicación de la segunda mitad del siglo pasado, autor de La situación de las ciencias de la comunicación, La comunicación y el entorno,y Comunicación y educación, lo elogió por “la reflexión teórica y científica de los fenómenos psicosociales” de la comunicación y por haber mostrado “de modo ejemplar una serie de interrelaciones en los sistemas comunicativos, de la que resultan las opiniones públicas, controles sociales y climas comunicativos”.
Publicó seis libros sobre lexicografía, como Lexicosas (2009) y La pureza del idioma (2013), y otros seis sobre crítica literaria: Rulfo en llamas (1980), El teatro de evocación de Guillermo Francovich (1989), El grano en la espiga (1997), Troja literaria (2002), Escritores en su tinta (2009), La escritura inaugural de Mario Vargas Llosa (2012), y un libro testimonial sobre el Teatro Experimental Universitario de la UMSA: Historia del TEU (1999).
Con Carlos Coello, Mario Frías Infante y Carlos Castañón Barrientos, integró el equipo de lexicógrafos bolivianos que incorporó 2.809 bolivianismos a la última edición del diccionario de la Real Academia de la Lengua.
Fue el primero en realizar una aproximación a la narrativa de Rulfo (El llano en llamas y Pedro Páramo) desde el punto de vista de la teoría general de sistemas, aporte que el escritor Alfonso Gumucio Dagron, comunicador como él, describió como “un desafío innovador, casi temerario”. En la presentación de Rulfo en llamas, ensayo publicado originalmente en México, el poeta Jesús Urzagasti señala que el trabajo de Rivadeneira pone al descubierto “el secreto orden, el andamiaje oculto de un artista y poeta”, en la obra rulfiana.
Según el poeta y periodista Pedro Shimose, fue “uno de los narradores más notables de su generación y un excelente crítico literario”, cuya “trayectoria como periodista, lexicógrafo y profesor universitario relegó injustamente su obra literaria a un segundo plano”. Como narrador, publicó El tiempo de lo cotidiano (1987), Colección de vigilias (1992), Tiempo de ficción (2007) y El saxofonista y su perro cantor (2013).
Ingresó a la Academia Boliviana de la Lengua el 26 de septiembre de 1985 con el discurso “Lenguaje y era audiovisual”. La respuesta estuvo a cargo del periodista e historiador Rodolfo Salamanca Lafuente. Ocupó la silla F y dirigió la corporación de 2005 a 2011. También fue miembro de número de la Academia de Ciencias de Bolivia y de la Academia Boliviana de la Historia.
Rivadeneira Prada se ocupó ampliamente de la comunicación política a partir del análisis de los discursos partidarios, la propaganda y el manejo mediático de los partidos, sobre todo en los periodos electorales, como lo hizo en La guerra de los insultos (1979) y en El laberinto político en Bolivia (1984).
Fue uno de los primeros en abordar el tema de la globalización desde la perspectiva de la comunicación política. En un ensayo publicado en abril de 2008 (“Globalización de la comunicación y democracia”), señaló que la globalización “es un problema de opinión pública, pero no de una opinión pública tradicionalista, conservadora de papeles institucionalizados”, sino de “una opinión pública que disuelve la frontera entre sociedades ricas en información y sociedades pobres en información”.
Rivadeneira Prada supo conjugar la práctica con la teoría, como reportero y teórico de la comunicación. Daba crédito al valor empírico vocacional, pero también al conocimiento, porque, al fin y al cabo, como decía, “el estudio del periodismo es inseparable del de la comunicación humana” y sobre todo del “sistema de comunicación de masas”.
Defensor intransigente de la libertad de prensa y luchador por los derechos civiles, presidió la Asociación de Periodistas de La Paz (1970-71) en un periodo crítico de la historia nacional, entre 1970 y 1971, y sufrió las consecuencias de su activismo durante las dictaduras de Hugo Banzer Suárez y Luis García Meza como exiliado en Argentina y México.
Sostenía que “la censura y la propaganda son tan antiguos como cualesquiera otras formas de intervención en las cuestiones públicas o privadas”, y que “los formadores de opinión han sido y son los más perseguidos por el Estado o por quienes detentan la autoridad que emana de él; por organizaciones sociopolíticas o económicas y aun por individuos”. Falleció en La Paz el 18 de mayo de 2017.