{"id":867,"date":"2022-08-11T09:14:52","date_gmt":"2022-08-11T13:14:52","guid":{"rendered":"http:\/\/desdeeltejado.com\/?p=867"},"modified":"2026-02-17T10:11:25","modified_gmt":"2026-02-17T14:11:25","slug":"de-la-cronica-a-la-ficcion-poetica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/desdeeltejado.com\/index.php\/2022\/08\/11\/de-la-cronica-a-la-ficcion-poetica\/","title":{"rendered":"De la cr\u00f3nica a la ficci\u00f3n po\u00e9tica"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Por Alfonso Gumucio Dagron<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/IMG_20230813_161105-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1191\" srcset=\"https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/IMG_20230813_161105-768x1024.jpg 768w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/IMG_20230813_161105-225x300.jpg 225w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/IMG_20230813_161105-1152x1536.jpg 1152w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/IMG_20230813_161105-1536x2048.jpg 1536w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/IMG_20230813_161105-863x1151.jpg 863w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/IMG_20230813_161105-81x108.jpg 81w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/IMG_20230813_161105-scaled.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">{\u00abcapture_mode\u00bb:\u00bbAutoModule\u00bb,\u00bbfaces\u00bb:[\u00ab1199_599_1619_1026\u00bb]}<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Q<\/strong>ue esta sea la primera incursi\u00f3n en la ficci\u00f3n de Juan Carlos Salazar del Barrio no significa que se trate de un ejercicio primerizo. Por el contrario, es una obra madura, trabajada como quien pule una escultura de m\u00e1rmol hasta limar todas sus asperezas. No me sorprende la destreza que caracteriza a <em>Figuraciones<\/em> (2021), porque a lo largo de 50 a\u00f1os de periodismo, el <em>Gato<\/em> Salazar ha cultivado la cr\u00f3nica, un g\u00e9nero m\u00e1s cercano a la literatura que al periodismo: se nutre de hechos reales para convertirlos en el lenguaje universal de la narrativa de ficci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobran ejemplos de escritores\nque desde la cr\u00f3nica han derivado en la mejor literatura. Hemingway o Garc\u00eda\nM\u00e1rquez son ejemplos emblem\u00e1ticos, pero hay muchos m\u00e1s. La misma experiencia\nvital que nutre la cr\u00f3nica de un periodista acucioso, desarrolla la creatividad\nde un narrador para quien el lenguaje no es un desaf\u00edo, sino un r\u00edo sobre el\nque navega con despreocupada soltura.<\/p>\n\n\n\n<p>La brevedad del libro (62\np\u00e1ginas) recuerda la precisi\u00f3n en el lenguaje que caracteriza los cuentos de\nBorges o de Rulfo, quienes se admiraban mutuamente (como sabemos a ra\u00edz de un\nencuentro entre ambos). En los relatos de Juan Carlos Salazar, existe esa misma\nvoluntad: no utilizar m\u00e1s palabras que las necesarias. Hay escritores que\nestiran sus textos para ocupar m\u00e1s p\u00e1ginas y otros que hacen lo contrario para\nconcentrar la esencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos cuentos que tienen valor\nintr\u00ednseco como ficciones, ser\u00e1n mejor disfrutados por lectores que conocen la\nhistoria reciente de Am\u00e9rica Latina, aquella que el cronista-cuentista ha\nvivido de cerca. La lectura ser\u00e1 a\u00fan m\u00e1s beneficiosa si el lector reconoce los\nhechos que inspiran a Juan Carlos Salazar. Tenemos ventaja quienes hemos vivido\nen M\u00e9xico y Centroam\u00e9rica y podemos reconocer el cuento que nos habla al o\u00eddo\nsobre la guerrilla salvadore\u00f1a o los zapatistas, entre otros gui\u00f1os\ncontextuales que se inscriben a la par en la historia personal y en la Historia\ngrande, adem\u00e1s de una complicidad etaria, por as\u00ed decirlo, con los lectores que\nest\u00e1n en el s\u00e9ptimo piso de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un orden temporal en el\nlibro. El primer cuento, <em>Casilda<\/em>,\napela a la memoria m\u00e1s remota, las historias vividas en la infancia, rodeadas\nde misterio y fascinaci\u00f3n. El autor podr\u00eda escribir un libro entero con las\nmemorias rumiadas en el subconsciente durante d\u00e9cadas, pero prefiere\ncontenerse, por el momento, con este relato que tiene brochazos costumbristas y\nun toque de realismo m\u00e1gico.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo cuento, <em>El triste Pizarro<\/em>, aborda una etapa de\njuventud en la que lectores de la misma edad podemos reconocernos en los\neucaliptos que rodean el pueblo, las lecturas de Emilio Salgari, los\nenamoramientos prematuros y clandestinos, entre otras se\u00f1ales que van trazando\nun camino que inevitablemente lleva lejos del lugar donde uno vivi\u00f3 de ni\u00f1o y\njoven.<\/p>\n\n\n\n<p>Debo confesar mi debilidad por\n<em>\u00bfAcaso crees en Dios?<\/em>, por la\nmagistral narraci\u00f3n de una historia en dos tiempos paralelos. Atr\u00e1s qued\u00f3 la\nTupiza (no mencionada expl\u00edcitamente) y ahora estamos en el M\u00e9xico del P\u00faas, el\nfamoso campe\u00f3n de boxeo con conciencia social, un \u00eddolo mexicano. Tambi\u00e9n el\nM\u00e9xico de la pasi\u00f3n de Cristo en Iztapalapa, una tradici\u00f3n cultural que crece\ncada a\u00f1o m\u00e1s. El cuento teje la violencia simb\u00f3lica religiosa y la violencia\nreal del bajo mundo en un personaje cuyo nombre emblem\u00e1tico es Jes\u00fas Salvador.\nUn gran cuento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLos lugares son como la ropa,\nsientan bien o mal a las personas&#8230;\u201d. Aunque el narrador evita\nsistem\u00e1ticamente nombrar pa\u00edses, ciudades o lugares que inspiran sus relatos,\nes inevitable reconocerlos y reconocerse en ese ir y venir entre M\u00e9xico y\nBolivia.<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente un cuento, El\nsanto prestado, vincula ambos pa\u00edses a trav\u00e9s de una historia de narcotr\u00e1fico\nque sucede en el Chapare (que tampoco se menciona). Aqu\u00ed tambi\u00e9n la cultura\npopular, que se expresa en creencias religiosas y mitos urbanos, marca la lectura,\nmejor aprovechada por quienes tienen antecedentes sobre Jes\u00fas Malverde, el\nsanto clandestino de los narcos. La influencia del narcotr\u00e1fico mexicano en el\nboliviano es irrefutable, muy lejos de las inocentes influencias culturales que\nhace 50 a\u00f1os se limitaban a las pel\u00edculas de Jorge Negrete y Cantinflas, o a la\nproliferaci\u00f3n de la m\u00fasica de mariachis. Ahora dominan los nuevos \u201cvalores\u201d que\ndescomponen la sociedad: la ostentaci\u00f3n del oro y de la muerte. No digo m\u00e1s\nsobre este cuento que describe esa involuci\u00f3n a trav\u00e9s de un personaje\nemblem\u00e1tico: Jacinto.<\/p>\n\n\n\n<p>Disfruto cuando el autor me\nconvierte en c\u00f3mplice de su experiencia literaria. Me sucedi\u00f3 tambi\u00e9n con <em>Quitapesares<\/em>, las mu\u00f1equitas de tela que\nhacen los mayas, y que cumplen una funci\u00f3n similar a los \u201catrapasue\u00f1os\u201d de los\nind\u00edgenas ojibwa (hilos tejidos en un aro con plumas de ave, que se cuelgan\nsobre la cama para proteger de las pesadillas). De entrada, con las menciones\nde Jacmel, La Habana, Chiapas, Par\u00eds y Madrid, me sent\u00ed pisando territorio conocido,\ny m\u00e1s a\u00fan con los gui\u00f1os a la Maga de Cort\u00e1zar (a quien no menciona porque\nser\u00eda redundante hacerlo). Hemos caminado pasos similares en m\u00e1s de cuatro\nd\u00e9cadas lejos de Bolivia, y eso es algo que nutre la memoria compartida. El\ncuento es una delicada historia de amor, que nace en tierra zapatista.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Aqu\u00ed vive la muerte<\/em> subraya\nla intolerancia y absurdo de ciertos movimientos armados que ajustician a sus\npropios camaradas, como sucedi\u00f3 con el poeta Roque Dalton en la guerrilla\nsalvadore\u00f1a. No es necesario que se mencione el apellido para reconocer su\nimpronta en este relato que contiene descripciones po\u00e9ticas hermosas, que me\nhubiera gustado citar aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>El libro se cierra con <em>El espejo<\/em>, sensible relato en primera\npersona del guerrillero m\u00e1s emblem\u00e1tico en sus \u00faltimos minutos de vida, antes\nde ser acribillado a balazos. Si no fuera por el dibujo de Luis Zilveti,\nquedar\u00eda en el aire ese famoso apodo de tres letras que ha sido inmortalizado\nen tantos filmes, ensayos, cuentos y poemas. La perspectiva subjetiva supera a\notros relatos sobre lo sucedido en la escuelita de La Higuera.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Figuraciones<\/em> Juan Carlos Salazar infiere que el lector es un c\u00f3mplice informado, cultivado y sensible. Como en la poes\u00eda, el autor no precisa ofrecer todos los detalles, sino que invita a recorrer el espacio imaginario compartido que representa toda lectura.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.paginasiete.bo\/letra-siete\/de-la-cronica-a-la-ficcion-poetica-GD3467989\">https:\/\/www.paginasiete.bo\/letra-siete\/de-la-cronica-a-la-ficcion-poetica-GD3467989<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><strong>P\u00e1gina Siete &#8211; Domingo, 07 de agosto de 2022<\/strong><strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong><strong><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Alfonso Gumucio Dagron Que esta sea la primera incursi\u00f3n en la ficci\u00f3n de Juan Carlos Salazar del Barrio no significa que se trate de un ejercicio primerizo. Por el contrario, es una obra madura, trabajada como quien pule una escultura de m\u00e1rmol hasta limar todas sus asperezas. 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