{"id":648,"date":"2022-03-11T17:56:58","date_gmt":"2022-03-11T21:56:58","guid":{"rendered":"http:\/\/desdeeltejado.com\/?p=648"},"modified":"2022-03-11T17:56:58","modified_gmt":"2022-03-11T21:56:58","slug":"la-higuera-el-fin-de-los-de-barba-y-melena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/desdeeltejado.com\/index.php\/2022\/03\/11\/la-higuera-el-fin-de-los-de-barba-y-melena\/","title":{"rendered":"La Higuera: el fin de los de barba y melena"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Augusto Vera Riveros<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Haciendo de lado toda valoraci\u00f3n ideol\u00f3gica, qui\u00e9n no\nsabe algo del Che Guevara\u2026 La leyenda de su vida p\u00fablica \u2013sobre todo en\nBolivia\u2013 ha llegado a o\u00eddos de gran parte de los latinoamericanos. En la d\u00e9cada\nde 1970, la juventud de la clase media alta quiso emular el rostro de esa\nfigura, dej\u00e1ndose crecer el cabello y la barba, aunque no tuvieran muchos pelos\nen la cara.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 el hecho de m\u00e1s notoriedad de &nbsp;1967 fue la\npromulgaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n Pol\u00edtica del Estado; su vigencia super\u00f3 los 40\na\u00f1os. Pocas semanas despu\u00e9s, tres muy j\u00f3venes periodistas de formaci\u00f3n\nautodidacta encontraban la oportunidad de comenzar una carrera exitosa en ese\n\u00e1mbito y con una prueba de fuego: periodismo de guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego de 50 a\u00f1os, Jos\u00e9 Luis Alc\u00e1zar, Juan Carlos\nSalazar y Humberto Vacaflor narran sus experiencias de una cobertura que, en el\nfrente de operaciones, sin duda fue de algo m\u00e1s que sobresaltos, y que <em>La guerrilla que contamos<\/em> traduce con\nesmero pero tambi\u00e9n con picard\u00eda. En 280 p\u00e1ginas, la editorial Plural nos presenta\nlo que sus autores subtitulan como la historia \u00edntima de una cobertura\nemblem\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>En un razonamiento l\u00f3gico, parecer\u00eda il\u00f3gico que estos\ntres audaces un poco m\u00e1s que adolescentes se hayan armado, en representaci\u00f3n de\nsus casas period\u00edsticas, de apenas una libretita de apuntes y, en alg\u00fan caso,\nde una m\u00e1quina fotogr\u00e1fica, &nbsp;y que transcurrido medio siglo cuenten sus\nexperiencias del levantamiento armado dirigido por Ernesto Che Guevara.<\/p>\n\n\n\n<p>La &nbsp;lectura de ese libro me hizo caer en cuenta que\nno resulta descabellado haberlo hecho &nbsp;luego de tantos a\u00f1os, porque la\nrutilante carrera de sus autores ha servido, entre otras cosas, precisamente\npara comprender con genial madurez lo que aquel lejano 1967 signific\u00f3 para la\nposterior influencia del guerrillero en el pensamiento de los pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para cubrir un conflicto de las caracter\u00edsticas del que <em>La guerrilla que contamos<\/em> trata, se\nrequiere de una formaci\u00f3n mayor que la de cualquier otro periodista, porque\nadem\u00e1s de los conocimientos b\u00e1sicos que todos necesitan para desarrollar no\nsolo labor informativa, sino de corresponsal\u00eda, se debe poseer t\u00e9cnicas\nespec\u00edficas que, unidas a la experiencia y la prudencia, eviten en la medida de\nlo posible los indudables riesgos que corren. Algunos conflictos b\u00e9licos en el\nmundo dieron como resultado, en proporci\u00f3n, m\u00e1s muertes de periodistas que de\nmilitares.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cr\u00f3nicas, divididas en tres partes y cada una escrita\npor uno de los coautores, establecen que ni Alc\u00e1zar, Salazar o Vacaflor, sab\u00edan\nc\u00f3mo funcionaba el ej\u00e9rcito ni sus aparatos de censura para obtener informaci\u00f3n\nde ellos y no caer en los partes, &nbsp;que no siempre son ciertos. El libro\nm\u00e1s bien evidencia que los militares, cuyo centro de operaciones era Camiri, s\u00ed\nconoc\u00edan por la experiencia que solo la edad hace posible, el funcionamiento de\nlos medios de comunicaci\u00f3n y sus periodistas para encontrar la forma de evitar\nque \u00e9stos obtengan informaciones que resulten ventajosas para los insurgentes o\nque deterioren su imagen ante la opini\u00f3n p\u00fablica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Empero, una cosa es segura: a quienes fueron enviados al\nconflicto armado les sobr\u00f3 ese olfato que el periodista debe poseer para acceder\na la informaci\u00f3n que las circunstancias a veces pueden negar. A pesar de ello,\nlos corresponsales, a m\u00e1s de galantear a alguna moza chaque\u00f1a, nunca perdieron\nla compostura ni la prudencia &nbsp;en un evento que, independientemente de sus\nconvicciones progresistas muy propias de la juventud, puso en juego la\nseguridad del Estado. Su agudeza y la posibilidad ya no solo de transmitir los\nhechos, sino de llegar hasta el propio guerrillero y lograr una entrevista, no\nles dej\u00f3 perder el norte de un trabajo que, en resumen de cuentas, sirve hoy de\ndocumento fundamental para la averiguaci\u00f3n del mito que representa todav\u00eda hoy\nel argentino-cubano.<\/p>\n\n\n\n<p>Confieso que antes de leer <em>La guerrilla que contamos<\/em> ninguna de mis lecturas sobre el tema me\nhab\u00eda permitido saber que despu\u00e9s de un grupo de avanzada que el Che hab\u00eda\nenviado a la zona de \u00d1ancahuaz\u00fa y su propia aprobaci\u00f3n a las caracter\u00edsticas\ngeogr\u00e1ficas del lugar, el objetivo central era su propio pa\u00eds, Argentina, desde\ndonde ten\u00eda planeado instaurar el germen de su revoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00d1ancahuaz\u00fa y sus alrededores fueron concebidos como lugar\nde formaci\u00f3n y escuela de guerrilleros, &nbsp;y solo una indiscreci\u00f3n de uno de\nlos insurgentes &nbsp;hizo que se descubriera su presencia en el sudeste\nboliviano, obligando a que se desataran los duros enfrentamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta fascinante la lectura de las tres partes que\ncomponen la obra. Cada una con un estilo propio, pero todas con un denominador\ncom\u00fan: la descripci\u00f3n de las limitaciones de aquellos a\u00f1os, que obligaban a\nredoblar el ingenio period\u00edstico, disfrutando en cierta forma del oficio a\npesar de exponer sus propias vidas. Los tres hacen cr\u00f3nicas no solo de la\ninsurgencia guerrillera en Bolivia, sino de su propia actividad period\u00edstica.\nPodr\u00eda decirse que el entonces \u201cm\u00e1s soltero de todos\u201d \u2013como se autodefine en la\nobra el propio Vacaflor\u2013 de una iron\u00eda que ha pervivido hasta hoy &nbsp;como\nconsumado columnista, fue tambi\u00e9n el m\u00e1s resuelto del grupo. Eso le vali\u00f3 su\nexpulsi\u00f3n de la zona militar y, por supuesto, de la cobertura b\u00e9lica.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus inicios, Alc\u00e1zar, Salazar y Vacaflor hicieron\nperiodismo de guerra, el m\u00e1s extremo del &nbsp;ya riesgoso oficio del\n&nbsp;periodismo. La labor de este equipo &nbsp;fue heroica y entre todo el\ncaudal de informaci\u00f3n que obtuvieron \u2013y con ella el enriquecimiento de la\nhistoria\u2013 solo un objetivo qued\u00f3 trunco: el de entrevistar al mito\nviviente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tocar las manos a\u00fan calientes del Che luego de su ejecuci\u00f3n, en la escuelita de La Higuera, pudo ser el consuelo de uno de ellos. Quiz\u00e1\u2026 pero ah\u00ed terminaron los intensos meses de despachos, tertulias y chismes en medio de colegas de todo el mundo, militares y esp\u00edas, de los que el restaurante Marietta del pueblo fue su escenario. La Higuera, distante a unos 60 Km de Vallegrande, se llevaba no solo al comandante insurrecto, sino de alguna manera a todos los \u201cj\u00f3venes de barba y melena\u201d, como en la p\u00e1gina 50 de la obra se los describe, y que sobrevivieron a ese d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>P\u00e1gina Siete &#8211; 1 de marzo de 2020<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Augusto Vera Riveros Haciendo de lado toda valoraci\u00f3n ideol\u00f3gica, qui\u00e9n no sabe algo del Che Guevara\u2026 La leyenda de su vida p\u00fablica \u2013sobre todo en Bolivia\u2013 ha llegado a o\u00eddos de gran parte de los latinoamericanos. 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