{"id":643,"date":"2022-03-11T17:53:28","date_gmt":"2022-03-11T21:53:28","guid":{"rendered":"http:\/\/desdeeltejado.com\/?p=643"},"modified":"2022-03-12T20:42:05","modified_gmt":"2022-03-13T00:42:05","slug":"maria-josefa-mujia-la-alondra-de-la-enlutada-lira","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/desdeeltejado.com\/index.php\/2022\/03\/11\/maria-josefa-mujia-la-alondra-de-la-enlutada-lira\/","title":{"rendered":"Mar\u00eda Josefa Muj\u00eda, la alondra de la \u201cenlutada lira\u201d"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mar\u00eda Josefa Muj\u00eda, la poeta ciega del \u201ccoraz\u00f3n enjuto,\ncubierto de negro luto\u201d, la \u201calondra\u201d de la \u201cenlutada lira\u201d, vio la luz, el\ncolor, los matices y las formas, que los ojos le negaban, a trav\u00e9s de sus\nsentimientos. Descubri\u00f3, como dir\u00eda Jos\u00e9 Saramago, que la ceguera cubre la\napariencia del mundo, pero deja intacta la realidad, detr\u00e1s de un velo negro,\nque ella supo descorrer con su poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hija del coronel espa\u00f1ol Miguel Muj\u00eda y de la\nchuquisaque\u00f1a Andrea Estrada, &nbsp;qued\u00f3 ciega a los catorce a\u00f1os,\ncircunstancia que marc\u00f3 toda su producci\u00f3n po\u00e9tica. Seg\u00fan sus bi\u00f3grafos,\n&nbsp;perdi\u00f3 la vista a causa del llanto que le provoc\u00f3 la muerte de su padre,\npor quien sent\u00eda adoraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El historiador, bi\u00f3grafo y cr\u00edtico literario Gabriel Ren\u00e9\nMoreno (1834-1908), su amigo y confidente epistolar, &nbsp;la describe como una\nmujer \u201cbella, pura, sumida en la soledad y negra noche\u201d, &nbsp;dotada de \u201cclara\ny precoz inteligencia\u201d (<em>Estudios de\nliteratura boliviana<\/em>), en tanto que el escritor y poeta Jos\u00e9 Macedonio\nUrquidi (1883-1978) dice que era una persona \u201cdulce y encantadora\u201d, un \u201calma\nenternecida y selecta\u201d (<em>Bolivianas\nilustres<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el mayor elogio a su poes\u00eda fue formulado por el\nfil\u00f3logo y cr\u00edtico literario espa\u00f1ol Marcelino Men\u00e9ndez y Pelayo (1856-1912),\nquien escribi\u00f3 que los versos de la poeta ciega \u201ctienen m\u00e1s intimidad de\nsentimiento l\u00edrico\u201d que todo lo que hab\u00eda visto hasta entonces en el Parnaso\nboliviano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nacida en Sucre el 26 de noviembre de 1812, primog\u00e9nita\nentre seis hermanos, su infancia transcurri\u00f3 en los dram\u00e1ticos d\u00edas de la\nguerra de independencia. Su nombre completo era Mar\u00eda Josefa Catalina Muj\u00eda\nEstrada. Gabriel Ren\u00e9 Moreno describe la historia de su vida como \u201ccorta y\nsencilla\u201d, \u201csolitaria y retirada\u201d, a causa de su ceguera. De acuerdo con Urquidi,\nera \u201csencilla y conmovedora\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La muerte de su padre \u2013relata su confidente epistolar\u2013 le\nprodujo \u201cel m\u00e1s profundo dolor, caus\u00e1ndole el continuado llanto la p\u00e9rdida\nabsoluta de la vista\u201d. Ricardo Muj\u00eda (1860-1938), poeta como ella y sobrino\nsuyo, escribi\u00f3 que la \u201cnegra noche circund\u00f3 aquel esp\u00edritu \u00e1vido de\ncontemplaciones, sediento de ideal\u201d, en plena adolescencia, \u201c\u00a1cuando despuntaba\nsu belleza, cuando comenzaba a sonre\u00edr la esperanza y cuando ya era el apoyo de\nsu santa madre!\u201d. &nbsp;Como dir\u00eda ella refiri\u00e9ndose a s\u00ed misma, \u201cse\nenturbiaron sus pupilas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuentan sus bi\u00f3grafos que, durante su ni\u00f1ez, hizo grandes\ny sorprendentes progresos en su educaci\u00f3n y en el estudio de varios idiomas. La\ndesgracia le sobrevino cuando empezaba a dedicarse a la lectura, principalmente\nde los grandes cl\u00e1sicos, y al estudio de las bellas artes. \u201cDesde entonces\nprincipia para la joven una vida de lento martirio y de triste soledad, en que\nsu existencia se consume poco a poco\u201d, escribe Moreno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La familia hizo lo imposible para mitigar su mal, pero sus\nesfuerzos \u2013y los de la medicina de la \u00e9poca\u2013 fueron vanos. Uno de sus hermanos,\nAugusto, acudi\u00f3 en su ayuda y consuelo, convirti\u00e9ndose, a decir de Urquidi, en\nla persona que la guiaba \u201cen los eternos crep\u00fasculos y sombras de su noche\noscura\u201d, como lector y escribiente. Era \u00e9l quien le le\u00eda los libros de la\nbiblioteca paterna y el que transcrib\u00eda sus versos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seg\u00fan Ricardo Muj\u00eda, jam\u00e1s revisaba ni correg\u00eda los\npoemas que le dictaba a su hermano. \u201cLas estrofas eran r\u00e1pidamente concebidas\u201d,\ny cada verso era \u201cuna improvisaci\u00f3n m\u00e1s o menos animada, seg\u00fan el sentimiento\npredominante en este esp\u00edritu so\u00f1ador\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su aislamiento y aguda sensibilidad le ayudaron a crearse\nun mundo interior de belleza que supo plasmar en cada uno de sus versos.\n&nbsp;Seg\u00fan el poeta y cr\u00edtico literario \u00d3scar Rivera-Rodas (<em>La poes\u00eda hispanoamericana del siglo XIX<\/em>),\nMar\u00eda Josefa sustituy\u00f3 \u201clas im\u00e1genes representativas de la realidad externa \u2013con\nla que ya no tiene relaci\u00f3n sensible\u2013, por la corriente de sentimientos y\npensamientos que la llevan de una emoci\u00f3n a otra, por su experiencia\nsubjetiva\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gabriel Ren\u00e9 Moreno ten\u00eda registradas \u201cunas cuarenta\ncomposiciones\u201d suyas, de las cuales s\u00f3lo cuatro o cinco hab\u00edan visto la luz\np\u00fablica. Las dem\u00e1s permanec\u00edan in\u00e9ditas y eran conocidas \u00fanicamente en el\nc\u00edrculo de la familia y de los amigos. Fue precisamente Augusto, quien, sin el\nconsentimiento de su hermana, mostr\u00f3 el poema La ciega a un amigo suyo, quien\nlo convenci\u00f3 de publicarlo en el diario Eco de la Opini\u00f3n de Sucre, en 1850.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En las ocho estrofas de <em>La ciega<\/em>, uno de sus poemas m\u00e1s conocidos y celebrados, la autora\ndesgrana su desventura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Todo es noche, noche oscura<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ya no veo la hermosura<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>De la luna\nrefulgente,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Del astro\nresplandeciente<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>S\u00f3lo siento su\ncalor,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>No hay nube que el\ncielo dora,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ya no hay alba, no\nhay aurora<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>De blanco y rojo\ncolor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ya no es bello el\nfirmamento,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ya no tiene\nlucimiento<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Las estrellas en el\ncielo;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Todo cubre en negro\nvelo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ni el d\u00eda tiene\nesplendor,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>No hay matices, no\nhay colores,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ya no hay plantas,\nya no hay flores,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ni el campo tiene\nverdor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Pobre ciega\ndesgraciada,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Flor en su abril\nmarchitada,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Qu\u00e9 soy yo sobre la\ntierra?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Arca do tristeza\nencierra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Su m\u00e1s tremendo\namargor;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Y mi coraz\u00f3n\nenjuto,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Cubierto de negro\nluto,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Es el trono del\ndolor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al analizar los versos de La ciega, \u00d3scar Rivera Rodas\ndice que si en algunos destacan &nbsp;la imagen, en otros es la emoci\u00f3n;\n\u201cmientras en aquellos la emoci\u00f3n es casi completamente cubierta por la imagen,\nen \u00e9stos desaparece la imagen y predomina la emoci\u00f3n\u201d. \u201cLos n\u00facleos\nsignificativos \u2013sostiene\u2013 son aqu\u00ed sentimientos: noche triste, confusi\u00f3n,\npavor, nada, lobreguez, horror. De hecho, estos t\u00e9rminos implican im\u00e1genes.\nPero lo que se subraya aqu\u00ed es que la imagen se pone al servicio del\nsentimiento\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como afirma el historiador Josep M. Barnadas, los versos\nde Mar\u00eda Josefa \u201cprovocaron inmediatos ecos po\u00e9ticos\u201d de sus contempor\u00e1neos,\ncomo Manuel &nbsp;Jos\u00e9 Cort\u00e9s, Mariano Ramallo, Manuel Jos\u00e9 Tovar y Daniel\nCalvo. &nbsp;Seg\u00fan Gabriel Ren\u00e9 Moreno, \u201cle\u00eddos y rele\u00eddos en todos los\nc\u00edrculos de la capital, produjeron m\u00e1s efecto del que podr\u00eda esperarse\u201d. Muy\npocos conoc\u00edan personalmente a su autora y todos se preguntaban \u201cqui\u00e9n era este\ncisne misterioso que desde su l\u00f3brego nido daba al aire tan sentidos acentos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pocos d\u00edas despu\u00e9s de que se publicara <em>La ciega<\/em> en el <em>Eco de la Opini\u00f3n<\/em>, Manuel Jos\u00e9 Cort\u00e9s le respondi\u00f3 con un poema en\nel mismo peri\u00f3dico:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Priv\u00f3 a tus ojos de\nla lumbre hermosa<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Del luminar del\nd\u00eda, airado el Cielo;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>De noche larga,\ntriste y tenebrosa<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Extendi\u00e9ndose en tu\nvida el denso velo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Pero dentro de ti,\nclaro, sereno<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El sol del genio\nbrilla refulgente:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Su luz alumbra de\nportentos lleno<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Un &nbsp;nuevo\nmundo que cre\u00f3 tu mente.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cY fue natural que otras liras vibrasen en triste y\narmonioso concierto con la de la ciega. Est\u00e1 con todo lo que la rodeaba, joven\nbella, pura, sumida en soledad y negra noche, atribulada todav\u00eda m\u00e1s por la\np\u00e9rdida de algunos seres amados, y siempre llena de humilde resignaci\u00f3n y de\nvida intelectual, encerraba todo lo que tiene de bello y sublime el dolor: era\nun manantial de poes\u00eda y de inspiraci\u00f3n\u201d, escribi\u00f3 Moreno. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En <em>El \u00e1rbol de la\nesperanza<\/em>, poema elogiado por Marcelino Men\u00e9ndez y Pelayo, establece un\nparalelismo entre el destino y la desventura de un \u00e1rbol marchito y seco y su\npropia desgracia:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00c1rbol de esperanza\nhermoso,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>En copa y ramas\nfrondoso<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Y elevado yo te vi:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ora en el suelo\ntendido,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Destrozado y\nabatido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Te miro, \u00a1triste de\nm\u00ed!<br>\n&nbsp;<br>\n(\u2026)<br>\n&nbsp;<br>\nSiendo de edad aun temprana,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>En tu corteza yo\nufana<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Catorce letras\ngrab\u00e9;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>No eran dichas\nilusorias,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ni de amores ni de\nglorias<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Las palabras que\ntrac\u00e9.<\/em><br>\n<em>&nbsp;<br>\nContigo se ha derribado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Todo el bien\nimaginado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Que el pensamiento\ncre\u00f3;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Cual oscilaci\u00f3n\nligera<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Toda ilusi\u00f3n\nhechicera<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Contigo ya se\nextingui\u00f3.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seg\u00fan Barnadas, Mar\u00eda Josefa, a quien atribuye \u201ctonalidades\nexclusivamente personales\u201d, suele reflejar en su obra \u201csu atribulada condici\u00f3n,\nsu aislamiento del mundo exterior, pero sin excluir una humilde resignaci\u00f3n\u201d.\nLa describe como la \u201cpoetiza del dolor\u201d y afirma que s\u00f3lo excepcionalmente se\nencuentra en ella \u201ctonos m\u00e1s radiantes\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En su modestia y humildad, Muj\u00eda cre\u00eda que sus poemas no\nestaban a la altura de lo que ella consideraba una verdadera obra literaria.\n\u201cMis pobres composiciones en verdad no son m\u00e1s que una miserable arcilla para\nser mezcladas entre las bellas flores del genio y no merecen salir a la luz\np\u00fablica\u201d, le respondi\u00f3 a Gabriel Ren\u00e9 Moreno cuando \u00e9ste le pidi\u00f3 que le\nenviara sus poes\u00edas para su publicaci\u00f3n. &nbsp;\u201cComo autora, propietaria de\nellas, tengo derecho para impedir el que salgan impresas, porque no son dignas\nni de ser le\u00eddas\u201d. No s\u00f3lo eso, sino que lleg\u00f3 a pedirle que \u201ceche al fuego\u201d\nlas que ten\u00eda en su poder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Considerada una de las primeras representantes del\nromanticismo en Bolivia y \u201cfundadora\u201d de la poes\u00eda nacional, destac\u00f3 con otros\nintelectuales de los primeros a\u00f1os de la Bolivia independiente, como Nataniel\nAguirre, Manuel Jos\u00e9 Cort\u00e9s y Adela Zamudio, quien tambi\u00e9n le rindi\u00f3 homenaje\ncon un poema del mismo nombre, La ciega. Su obra estaba dispersa en decenas de\nperi\u00f3dicos de Bolivia, Am\u00e9rica y Europa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El investigador Gustavo Jord\u00e1n R\u00edos rescat\u00f3 684 manuscritos,\ntodos dictados por Mar\u00eda Josefa, incluidas, 328 poes\u00edas, una novela (<em>A la Virgen Sant\u00edsima del Rosario<\/em>) y\ndecenas de cartas personales, material que fue publicado en el libro <em>Obras completas<\/em>. Su autor considera a la\npoeta como \u201cuna mujer iluminada por la divinidad\u201d, no s\u00f3lo porque habiendo\nperdido completamente la vista a los 14 a\u00f1os nunca dej\u00f3 de producir, sino\nporque sus poemas \u201ceran dictados de una sola vez y sin que los revisara o\nvolvieran a le\u00e9rselos\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mar\u00eda Josefa se hundi\u00f3 en una depresi\u00f3n profunda tras la\nmuerte de su hermano Augusto, en 1854, y el posterior fallecimiento de su\nhermana Micaela, esposa del poeta Mariano Ramallo, quien hab\u00eda sustituido a Augusto\ncomo gu\u00eda y compa\u00f1\u00eda. Falleci\u00f3 en Sucre el 30 de julio de 1888, aquejada de\nm\u00faltiples dolencias f\u00edsicas, ciega y sorda. &nbsp;Sus restos desaparecieron del\ncementerio de Sucre, donde fueron sepultados por su sobrino Ricardo.\nAparentemente fueron enterrados en una fosa com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como dijo un peri\u00f3dico de la \u00e9poca, sus \u00faltimas poes\u00edas\n\u201cten\u00edan algo de los cantos de los cisnes moribundos\u201d. En la \u00faltima estrofa\n&nbsp;de <em>La ciega<\/em>, escribi\u00f3: <em>\u201cAgotada mi esperanza\/ Ya ning\u00fan remedio\nalcanza,\/ Ni una sombra de delicia\/ A mi existencia acaricia;\/ Mis goces son el\nsufrir:\/ Y en medio de esa desdicha\/ S\u00f3lo me queda una dicha,\/ Y es la dicha de\nmorir\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En su poema dedicado a la fe, religiosa como era, habla de\nla muerte como esperanza, la dicha que ha de encontrar en \u201cuna regi\u00f3n eterna y\nde ventura,\/ y que ser\u00e1 del alma resignada\/ dulce morada\u201d. &nbsp;Esperanza y\nconsuelo, porque, al fin y al cabo, como dir\u00eda Jos\u00e9 Saramago: \u201cEn la muerte la\nceguera es igual para todos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Dibujo de Marcos Loayza <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>P\u00e1gina Siete &#8211; 16 de febrero de 2020<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda Josefa Muj\u00eda, la poeta ciega del \u201ccoraz\u00f3n enjuto, cubierto de negro luto\u201d, la \u201calondra\u201d de la \u201cenlutada lira\u201d, vio la luz, el color, los matices y las formas, que los ojos le negaban, a trav\u00e9s de sus sentimientos. 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