{"id":479,"date":"2022-02-28T21:38:41","date_gmt":"2022-03-01T01:38:41","guid":{"rendered":"http:\/\/desdeeltejado.com\/?p=479"},"modified":"2022-03-01T20:44:30","modified_gmt":"2022-03-02T00:44:30","slug":"jorge-suarez-el-sonetista-de-la-copla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/desdeeltejado.com\/index.php\/2022\/02\/28\/jorge-suarez-el-sonetista-de-la-copla\/","title":{"rendered":"Jorge Su\u00e1rez, el sonetista de la copla"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jorge Su\u00e1rez no cantaba ni tocaba la guitarra. Tampoco declamaba bien, pero lo intentaba, a fuerza de convicci\u00f3n y sentimiento. Lo primero que ped\u00eda al guitarrista de turno en las noches de bohemia era acompa\u00f1amiento para recitar <em>Manuel sombrerero<\/em>, su \u201cpoema musical\u201d en ritmo de cueca, bailecito y redoble. Aclaraba la voz con un trago seco y se lanzaba a contar la epopeya de uno de los tantos h\u00e9roes an\u00f3nimos de la revoluci\u00f3n del 9 de Abril. Claro, no era un buen declamador, pero s\u00ed un gran poeta y narrador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Enfundado a reventar en su abrigo gris de siempre, bufanda al cuello, ped\u00eda bailecito y empezaba: <em>Rompe la alborada el trueno \/ tr\u00e1gico de cribadora \/ y trepida la ametralladora \/ ronca desde el hondo callej\u00f3n moreno.<\/em> Aspiraba profundamente su Derby, lanzaba la bocanada de humo y v\u00e1monos con el redoble:<em> \u00a1Baja de los cerros, baja! \/ \u00a1Baja, Manuel sombrerero! \/ Que te espera en el desfiladero \/ una rosa roja para tu mortaja. <\/em>Rasguido doble, otro seco y se va la primerita de la cueca: <em>Palomitay, dale un beso \/ de despedida a Manuel, \/ con tu boquita de miel \/ dale un beso palomita, \/ ma\u00f1ana dir\u00e1s un rezo, \/ ni te acordar\u00e1s de \u00e9l<\/em>. Con o sin acompa\u00f1amiento, sus sonetos sonaban a copla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era su \u00e9poca de \u201cpoeta social\u201d, en los albores de los 70, aunque no era conocido como tal, sino como periodista, oficio con el que se ganaba la vida. Ya hab\u00eda publicado <em>\u00a1Hoy! Fricas\u00e9<\/em> (1953), con F\u00e9lix Rospigliosi, <em>Los melodramas aut\u00e9nticos de pol\u00edticos id\u00e9nticos<\/em> (1960) y <em>Eleg\u00eda a un reci\u00e9n nacido<\/em> (1964); perge\u00f1aba uno a uno sus <em>Sonetos con infinito<\/em>, que publicar\u00eda a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1976, y probablemente <em>El otro gallo<\/em> ya revoloteaba en su cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En su \u201csociedad po\u00e9tica\u201d, a la que bautizaron con derroche de humor como el \u201cConsorcio de ingenieros del Soneto\u201d (COSINETE), Su\u00e1rez y Rospigliosi \u201cacometieron el soneto en todas sus formas\u201d y cantaron al yatiri, al liwi-liwi, a la imilla, al heladero, a la solterona, al varita, a la birlocha, al cargador, al conscripto, al hualaicho, al lustrabotas y al botabasura, entre otros personajes del pueblo, pero tambi\u00e9n a lugares tan emblem\u00e1ticos como la Calle Comercio, el tambo, Churubamba, el thantakhatu y el Pan\u00f3ptico. Y, por supuesto, \u00a1al fricas\u00e9!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Naci\u00f3 en La Paz el 26 de marzo de 1931 y muri\u00f3 en Sucre el 27 de julio de 1998. Tras egresar del colegio San Calixto, viaj\u00f3 a Cochabamba con Rospigliosi para asistir a un festival de poes\u00eda, donde cautiv\u00f3 con sus versos de \u201ctono revolucionario\u201d, a decir del poeta Jos\u00e9 Antonio Ter\u00e1n Cabero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegaron poco despu\u00e9s del triunfo de la revoluci\u00f3n del 52. Su\u00e1rez decidi\u00f3 quedarse para estudiar Derecho, pero pronto abandon\u00f3 la carrera para dedicarse al periodismo en el diario <em>El Mundo<\/em>, que dirig\u00eda V\u00edctor Zannier, el periodista que a\u00f1os m\u00e1s tarde llevar\u00eda el diario y las manos del Che Guevara a Cuba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cUn d\u00eda de esos, de pronto, apareci\u00f3 al frente de la casa. No s\u00e9 qui\u00e9n le ayudar\u00eda a encontrar mi domicilio, pero ah\u00ed estaba, solo, con el pelo alborotado y los ojos enrojecidos. Estaba muy cansado, ten\u00eda palpitaciones en el pecho. Ya desde entonces ten\u00eda ese problema, ten\u00eda la presi\u00f3n alta. No hab\u00eda dormido. Pidi\u00f3 algo para aliviarse, le ofrecimos agua, no sab\u00edamos qu\u00e9 malestar era el suyo ni acert\u00e1bamos con alguna medicina. Repos\u00f3 un rato y luego se fue a descansar. Lo acomodamos y se ech\u00f3 a dormir\u201d, rememor\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s Ter\u00e1n Cabero, el famoso <em>Soldado<\/em> Ter\u00e1n, en un testimonio recogido por Luis H. Antezana. Era el Su\u00e1rez de cuerpo entero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El excanciller Gustavo Fern\u00e1ndez, por entonces un joven estudiante de Derecho, estaba pensionado con Su\u00e1rez y Rospigliosi en la casa de Do\u00f1a Julia, la mam\u00e1 del <em>Soldado<\/em>, y recuerda la rivalidad entre ambos poetas. \u201cNo eran broncas, m\u00e1s bien eran pullas, burlas, juegos mordaces. Se llevaban muy bien, pero se pinchaban y provocaban constantemente\u201d, que no eran otra cosa que la prolongaci\u00f3n de las \u201cc\u00e1usticas escaramuzas\u201d que sosten\u00edan ambos en la Alcald\u00eda, donde trabajaban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue en esa \u00e9poca, a fines de los 50 o principios de los 60, antes de retornar a La Paz, que se distanci\u00f3 \u2013nadie sabe por qu\u00e9\u2013 de Rospigliosi. \u201cJorge era en su juventud no s\u00f3lo bromista sino, alguna vez, hasta perverso\u201d, confi\u00f3 Ter\u00e1n a Antezana. \u201cSol\u00eda burlarse de los versos del pr\u00f3jimo y los tergiversaba con cierta maldad provocativa\u201d. Para muestra, sus melodramas aut\u00e9nticos y sus epitafios. Esa manera de ser, seg\u00fan el periodista Jos\u00e9 Luis Alc\u00e1zar, le ganaba muchas antipat\u00edas, puesto que no todos entend\u00edan sus s\u00e1tiras ni sus iron\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ter\u00e1n recuerda que Su\u00e1rez y Rospigliosi emprendieron una pol\u00e9mica en verso, \u201cdesbordante de veneno y de calificaciones insultantes\u201d. Su\u00e1rez firmaba sus columnas como <em>Paspart\u00fa<\/em>. \u201cRospigliosi lo llamaba <em>Pasparsucio<\/em> (\u2026), algo muy penoso para quienes admir\u00e1bamos el talento de ambos amigos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, con \u201cel pelo alborotado y los ojos enrojecidos\u201d, sudoroso y asesando, como lo describe Ter\u00e1n, Su\u00e1rez sub\u00eda por la calle Ayacucho hasta la plaza Murillo, donde estaba ubicada la redacci\u00f3n de <em>Jornada<\/em>, el \u00faltimo peri\u00f3dico pace\u00f1o de prensa plana y tipos m\u00f3viles, que fund\u00f3 el 4 de noviembre de 1964. Aunque el vespertino apareci\u00f3 el mismo d\u00eda del golpe del general Ren\u00e9 Barrientos Ortu\u00f1o, Su\u00e1rez siempre neg\u00f3 que su peri\u00f3dico hubiese sido financiado por el militar golpista, concretamente por su ministro de Gobierno, Antonio Arguedas, como dec\u00edan las malas lenguas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En mancuerna con otro periodista de talento, Mario Rueda Pe\u00f1a, <em>El Gato<\/em>, hizo escuela en cr\u00f3nica roja. Eran legendarios los t\u00edtulos de su secci\u00f3n policial, en los que mezclaba la s\u00e1tira con la picaresca criolla. \u201cCholita perdi\u00f3 la honra por recuperar su sombrero\u201d, titul\u00f3 en una ocasi\u00f3n a toda p\u00e1gina. Su\u00e1rez \u2013el <em>Loco<\/em> para sus amigos- sosten\u00eda que su vespertino viv\u00eda de sus ventas y de la publicaci\u00f3n de edictos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNo hago periodismo para ganarme la vida. Es para m\u00ed una vocaci\u00f3n tan viva como la literatura. No podr\u00eda saber si empec\u00e9 haciendo periodismo o empec\u00e9 haciendo literatura, pero no alcanzo a concebir mi propia obra al margen de una u otra actividad\u201d, declar\u00f3 en una ocasi\u00f3n. En todo caso, para \u00e9l, periodismo y literatura eran oficios complementarios, dos formas de escritura, las dos caras de una misma medalla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Periodista al fin y al cabo, fue el \u00fanico poeta que cant\u00f3 al canillita: <em>Entre una polvareda de grises barrenderos \/ \u2013carne de alba estrujada, blanco ni\u00f1o morado\u2013 \/ caen en tu silencio n\u00edqueles usureros \/ que hacen el pan m\u00e1s bueno y el dolor m\u00e1s cantado. \/ Las horas febrilizan tus pasos pregoneros \/ llegando tu peque\u00f1o coraz\u00f3n desbocado \/ donde asoma el fantasma de los ojos severos \/ que en los negros inviernos te destroza el costado<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante los gobiernos militares de Alfredo Ovando Candia y Juan Jos\u00e9 Torres (1969-71) fue embajador en M\u00e9xico y Argentina. El golpe de Hugo Banzer Su\u00e1rez lo sorprendi\u00f3 en Buenos Aires. Tras un largo exilio, retorn\u00f3 a Bolivia para dedicarse de lleno al quehacer literario, aunque tambi\u00e9n ejerci\u00f3 el periodismo en el diario <em>El Correo del Sur<\/em> de Sucre. En los a\u00f1os 80, dirigi\u00f3 el Taller de Cuento Nuevo en Santa Cruz, donde, seg\u00fan el poeta Homero Carvalho, se forjaron \u201calgunos de los m\u00e1s importantes narradores cruce\u00f1os, benianos y chaque\u00f1os\u201d. Y public\u00f3 <em>El otro gallo<\/em> (1982).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el \u201chumito blanco\u201d y el \u201caroma rubio\u201d de su Derby, al que le dedic\u00f3 un poema, \u201coculto en la bufanda de su invierno\u201d, era un personaje de su propia poes\u00eda, el caminante que va dejando \u201crosas de polvo sobre la calzada\u201d, el poeta que va \u201crompiendo con la frente el d\u00eda\u201d, un \u201crayo de otro cielo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>(Dibujo de Marcos Loayza) <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>P\u00e1gina Siete &#8211; 19 de agosto de 2018<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jorge Su\u00e1rez no cantaba ni tocaba la guitarra. Tampoco declamaba bien, pero lo intentaba, a fuerza de convicci\u00f3n y sentimiento. 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