{"id":394,"date":"2022-02-27T17:26:10","date_gmt":"2022-02-27T21:26:10","guid":{"rendered":"http:\/\/desdeeltejado.com\/?p=394"},"modified":"2022-02-27T17:26:10","modified_gmt":"2022-02-27T21:26:10","slug":"la-guerrilla-que-contamos-la-historia-en-el-momento-mismo-de-su-desarrollo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/desdeeltejado.com\/index.php\/2022\/02\/27\/la-guerrilla-que-contamos-la-historia-en-el-momento-mismo-de-su-desarrollo\/","title":{"rendered":"\u201cLa guerrilla que contamos\u201d:  La historia en el momento mismo de su desarrollo"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Fernando Salazar\nParedes<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para empezar debo se\u00f1alar que presentar un libro, no es cosa\nf\u00e1cil. Es m\u00e1s bien, espinoso porque, primero, uno tiene la obligaci\u00f3n de leer\nel libro, en un pa\u00eds donde hace falta leer libros, aunque algunos se jacten de\ntener miles de ellos y otros solo leen las arrugas de sus abuelos.<\/p>\n\n\n\n<p>Segundo, uno tiene que medir sus palabras para no disgustar\nni a los autores, que tanto se han afanado en producir el libro, ni defraudar a\nla audiencia que, seguramente, est\u00e1 esperando un breve resumen que los incite a\ncomprarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, en trat\u00e1ndose de un libro escrito por colegas,\namigos y coet\u00e1neos, la cosa se puede tornar comprometedora al haber sido parte\nde una misma generaci\u00f3n de periodistas que hemos experimentado aventuras y\ndesventuras profesionales y, en algunos casos, hasta personales.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el especial cari\u00f1o que profeso a los autores de este\nlibro acept\u00e9 correr el riesgo que implica este desaf\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Escribir y publicar un libro en Bolivia es una aventura per\ns\u00e9. Escribir en t\u00e1ndem un testimonio sobre un acontecimiento hist\u00f3rico,\nimplica, para los autores, un especial y delicado esfuerzo de convergencia,\ncomplementaci\u00f3n y paciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Rescatar tres visiones sobre un mismo tema, despu\u00e9s de\ncincuenta a\u00f1os es, en s\u00ed, un reto a la memoria y a la capacidad de remembranza\ncuando los hechos han discurrido en el tiempo y la madures que otorga una vida\nvivida, los hacer evocar con un lente tal vez algo diferente. <\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, el libro refleja pulcritud y apego a los hechos\nque se relatan; eso s\u00ed, con una mirada m\u00e1s experimentada, se describe todo\naquello reportado desde el lugar de los hechos en el albor de una carrera, con\nentusiasmo juvenil, con pasi\u00f3n profesional y con cierta saludable candidez.<\/p>\n\n\n\n<p>Conozco a Jos\u00e9 Luis, Juan Carlos y Humberto desde antes de\nla guerrilla del Che. La lectura de su libro me trajo nost\u00e1lgicos recuerdos de\nlas redacciones de <em>Presencia<\/em> y de <em>Hoy<\/em>, donde ejercimos un periodismo honesto\ny combativo. Pocos, muy pocos, casi ninguno, hab\u00edamos estudiado periodismo,\npero abrazamos la carrera con pasi\u00f3n y entrega. Fuimos una generaci\u00f3n que abri\u00f3\nsurcos para que surjan medios de comunicaci\u00f3n respetables y respetados. <\/p>\n\n\n\n<p>Los tres autores, el que habla, junto a&nbsp; Andr\u00e9s Soliz Rada, Juan Le\u00f3n Cornejo, Oscar\nPe\u00f1a Franco y los hermanos Carvajal, entre otros, pertenecemos a esa generaci\u00f3n\nque se faj\u00f3 para hacer valer el derecho de los periodistas a tener opini\u00f3n\npropia, no repetitiva a la de las empresas period\u00edsticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Con ese objetivo, estuvimos juntos en ese original\nexperimento que se llam\u00f3 <em>Prensa Semanario\nLibre<\/em> que fue, sin lugar a dudas, el medio de comunicaci\u00f3n con mayor tiraje\nen la historia de Bolivia, pues alcanz\u00f3 poco mas de 60.000 ejemplares impresos\nen la rotativa del ex diario <em>La Naci\u00f3n<\/em>\npor el Sindicato de Trabajadores de la Prensa de La Paz.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed comprobamos que ser periodista en Bolivia, y escribir\ncon la verdad a cuestas, es enfrentarse a los riesgos de las amenazas en\nalgunos casos, las agresiones en otros y, finalmente, la intolerancia de\nquienes creen que el manejo de la cosa p\u00fablica les otorga una impunidad\npermanente. <\/p>\n\n\n\n<p>Somos pocos los que quedamos. En el camino se fueron muchos,\ncomo Juan Le\u00f3n Cornejo, mi hermano del alma, Juan Javier Zevallos que contrajo\nmatrimonio en mi casa en Quito, Ra\u00fal Rivadeneira Prada, Alfredo Arce Carpio,\nOscar Pe\u00f1a Franco, Andr\u00e9s Sol\u00eds Rada, Eliodoro Ayll\u00f3n, mi inseparable compa\u00f1ero\nen el exilio, V\u00edctor Hugo Sandoval, \u00c1ngel Torres Sejas, Ren\u00e9 Villegas, Daniel\nRodr\u00edguez, Jos\u00e9 Baldivia, y muchos otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Este libro lo tiene todo. Un contenido y un alcance serio,\nprofundo e interesante. Un pr\u00f3logo cabal y detallado como suele escribir sus\nart\u00edculos Gonzalo Mendieta Romero, un aventajado alumno m\u00edo en la Universidad\nMayor de San Andr\u00e9s. La presentaci\u00f3n hecha por Harold Olmos es impecable y\nretrata fielmente esos tiempos gloriosos del periodismo boliviano a los que los\ntres autores dieron su invalorable aporte que hoy emerge vigoroso en este texto\nque presentamos.<\/p>\n\n\n\n<p>En resumen, el libro trata de una historia testimonial del\nexperimento guerrillero liderado por Ernesto Guevara en la Bolivia&nbsp; de 1967.&nbsp;\nLos tres corresponsales son testigos de primer orden de esos ocho meses\nen que, efectivamente, la guerrilla fue de conocimiento p\u00fablico, pese a que\nGuevara ya estaba en el pa\u00eds desde Noviembre de 1966.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde una perspectiva amplia, es la historia efectiva de una\nincursi\u00f3n militar irregular for\u00e1nea al territorio nacional, la misma que fue\nrepelida por sus fuerzas armadas regulares. Constituye, seguramente, la \u00faltima\nvictoria de las fuerzas armadas bolivianas en una confrontaci\u00f3n b\u00e9lica. De ah\u00ed\nque uno de los autores, Jos\u00e9 Luis Alc\u00e1zar, en una cr\u00f3nica que le\u00ed en estos\nd\u00edas, expresa: \u201cLo que m\u00e1s me impact\u00f3 fue, sin duda, cuando fui testigo de\nmuertos y heridos, de miedos, de arrojo, de valent\u00eda de esas tropas que\nacompa\u00f1\u00e9\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un testimonio, que cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s, desmitifica la\nfigura de un \u00eddolo en la historia pol\u00edtica latinoamericana sin acudir al\ndiscurso barato de la derecha, sino mas bien con datos, reflexiones y\nconclusiones contundentes que dan lugar a ese hilo novedoso que, seg\u00fan\nVacaflor, es muy dif\u00edcil encontrar en los aproximadamente ochenta libros que se\nhan escrito sobre la aventura guerrillera del Che en Bolivia.<\/p>\n\n\n\n<p>En la primera parte, Juan Carlos Salazar, con dominio\nperiod\u00edstico sin par, nos da el gran contexto de lo que \u00e9l denomina los\nmaravillosos a\u00f1os sesenta, tanto en el mundo como en Bolivia lo que permite al\nlector, especialmente al que no est\u00e1 adentrado en la tem\u00e1tica, ubicarse en el\nespacio tiempo hist\u00f3rico. Sit\u00faa tambi\u00e9n a la profesi\u00f3n de periodista con todas\nlas limitaciones que ten\u00eda en ese entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>Es interesante la descripci\u00f3n que hace Juan Carlos de varios\nactores que se desenvolv\u00edan desde el momento en que, en una ma\u00f1ana primaveral\nde Noviembre de 1966, en el hotel Copacabana de La Paz, h\u00e1bilmente camuflado,\nGuevara se instala en Bolivia para cumplir su prop\u00f3sito. Pol\u00edticos, periodistas\nnacionales y extranjeros, militares, desfilan en esta primera parte para\nreflejar la tarea periodista cuando las noticias deb\u00edan transmitirse por\ntel\u00e9grafo y las fotos eran enviadas en rollos de pel\u00edcula.<\/p>\n\n\n\n<p>Salazar nos recuerda que en ese entonces aun no hab\u00eda, en\nBolivia, una escuela de formaci\u00f3n de comunicadores sociales o periodistas pero\nque la cobertura de la guerrilla fue un bautizo de fuego para los periodistas\nbolivianos enviados al escenario de batalla como corresponsales de guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>En una s\u00edntesis hist\u00f3rica muy relevante, Juan Carlos termina\nsu parte record\u00e1ndonos que entre el estallido de guerrilla, en marzo de 1967, y\nla ca\u00edda del general Juan Jos\u00e9 Torres, en agosto de 1971, pasando por lo que \u00e9l\ndenomina como el culebr\u00f3n de los despojos del Che, la seguidilla de golpes\nrevolucionarios y contra-revolucionarios y la instalaci\u00f3n del \u201csoviet\u201d de la\nAsamblea Popular, Bolivia fue la meca de un peregrinaje incesante de\nperiodistas, editores y escritores de todo el mundo. <\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Luis Alc\u00e1zar \u2013conocido entre los periodista como <em>Fidias<\/em>, por su trabajo en la radio Fides\ny la agencia noticiosa del mismo nombre\u2013 le da el contenido medular al libro\npues se apropia leg\u00edtimamente de m\u00e1s de la mitad del texto en un enjundioso\nan\u00e1lisis y relato de lo que fue, en su verdadera realidad, el experimento\nguerrillero, aportando importantes datos sobre la limitada capacidad de\nestrategia militar y combativa del l\u00edder guerrillero, las diferencias con sus\ncolegas, sus errores y desaciertos y, sobretodo, su obsesi\u00f3n de establecer un\nfoco guerrillero y combatir en su natal Argentina. <\/p>\n\n\n\n<p>Esta menci\u00f3n sobre la Argentina, que tambi\u00e9n la hace\nSalazar, me recuerda el libro del franc\u00e9s Pierre Kalfon <em>\u201cEl Che Guevara, una leyenda de nuestro siglo\u201d<\/em> en la que el autor\nse\u00f1ala que el guerrillero, se jact\u00f3 con un reportero en su pa\u00eds manifestando:\nen Argentina me instalo con veinticinco hombres en las sierras de San Luis y\ntodo el ejercito ser\u00e1 incapaz de sacarme de all\u00ed\u201d. Esa petulancia, tan propia\ndel Che, pronto se tornar\u00eda en desastre.<\/p>\n\n\n\n<p>El objetivo de Ernesto Guevara no era Bolivia, sino\nArgentina, como se sostiene en este libro.&nbsp;\nYa en 1962, el Che hab\u00eda ideado un plan armado para Argentina que\nfracas\u00f3 en Salta en 1964.&nbsp; En 1967,\nvolver\u00eda a intentarlo, esta vez utilizando a Bolivia como una suerte de\noperaci\u00f3n puente. Seg\u00fan los estrategas de La Habana, la columna encabezada por\nGuevara que deb\u00eda marchar a la Argentina, depend\u00eda del crecimiento y desarrollo\nde la escuela de guerrilleros en \u00d1ancahuaz\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el Che ten\u00eda esa obsesi\u00f3n, Alc\u00e1zar ten\u00eda otra: la de\nentrevistar a Ernesto Guevara, la de realizar la entrevista del siglo. La\nmuerte del guerrillero en La Higuera abort\u00f3 el sue\u00f1o largamente acariciado por\nJos\u00e9 Luis. Se tuvo que conformar con ser el periodista que lanzara la primicia\nque conmovi\u00f3 al mundo: la captura y ejecuci\u00f3n del Che Guevara.<\/p>\n\n\n\n<p>Rescato, para terminar esta parte, la sensaci\u00f3n que Jos\u00e9\nLuis sinti\u00f3 y que la describi\u00f3 en <em>Presencia<\/em>\nel 10 de Octubre de 1967 cuando estuvo frente al cuerpo inerte del guerrillero:\n\u201cUn cad\u00e1ver ya frio de quien ardi\u00f3 siempre en fuego interior tratando de\nplasmar en hechos el ideal pol\u00edtico que anim\u00f3 su vida desde su adolescencia. Un\nideal equivocado, si se quiere, pero que fue el motor de todos sus actos.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Debo, ya ingresando a la \u00faltima parte, coincidir con el\nhistoriador Robert Brokmann. Si Salazar y Alc\u00e1zar tratan de ser objetivos y\nequilibrados en sus relatos, Humberto Vacaflor toma, m\u00e1s bien, el rumbo de la\ncr\u00edtica irreverente y la audacia de emitir juicios de valor, aderezados con\namenas iron\u00edas y sarcasmos. Seguramente por este su estilo, Humberto es un\ncolumnista muy le\u00eddo y gustado por sus adeptos e, inclusive, sus colegas, y, a\nla vez, temido y perseguido por quienes detentan el poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Vacaflor, la historia del Che en Bolivia es una\nhistoria triste. Comenz\u00f3 \u2013dice\u2013 siendo un drama, paso a ser tragedia y termina\ncomo personaje de una funci\u00f3n de titiriteros inescrupulosos que usan su imagen\npara disfrazar sus tropel\u00edas. Curiosamente, Humberto ilustra su opini\u00f3n con una\nfotograf\u00eda del Presidente Evo Morales junto al retrato del guerrillero Ernesto\nGuevara.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Humberto, despu\u00e9s de leer los diarios de Guevara, que\nmisteriosamente llegaron a manos de la empresa rematadora Sotheby\u2019s; confiesa:\n\u201cqued\u00e9 entonces con la sensaci\u00f3n de tristeza que produce haber repasado,\ndurante tantas horas, las p\u00e1ginas escritas por un personaje que anduvo perdido\nen Bolivia en una campa\u00f1a mal pensada, mal ejecutada, pero en la cual \u00e9l cre\u00eda\nfirmemente\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El Che, que sosten\u00eda que s\u00f3lo existe un sentimiento mayor\nque el amor a la libertad: el odio a quien te la quita, tiene la particular\nvirtud, despu\u00e9s de muerto, de despertar la \u00edntima faceta humana del mordaz,\nprovocador y cr\u00edtico Vacaflor que, sin querer queriendo, exterioriza un sublime\nsentimiento de tristeza por la suerte de su cong\u00e9nere.<\/p>\n\n\n\n<p>Confieso que he saboreado el libro y me deleitado de\nprincipio a fin. No solo porque se trata de un excelente trabajo hist\u00f3rico\nperiod\u00edstico, sino porque est\u00e1 escrito con claridad y con una ilaci\u00f3n poco\ncom\u00fan cuando se escribe a seis manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus autores son, a la vez, los tres principales\nprotagonistas. Los tres son periodistas de vocaci\u00f3n, aquellos que nacen, viven\ny seguramente terminaran sus existencias como periodistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Han transitado la mejor de las escuelas de periodismo que es\nla redacci\u00f3n de un peri\u00f3dico o de un medio de comunicaci\u00f3n. Aprendieron en las\nduras aulas de la vida.&nbsp; Sus docentes\nfueron sus directores, jefes de redacci\u00f3n y sus propios colegas. Sus trabajos\npr\u00e1cticos lo realizaron cubriendo sus fuentes cotidianamente y su exitoso\nexamen de grado fue esta historia \u00edntima de una cobertura emblem\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay desde luego un otro protagonista de primer orden:\nErnesto Che Guevara. De \u00e9l se pueden decir muchas cosas, algunas buenas, muchas\nmalas. Como todo personaje sobresaliente, ha tenido y tiene, apologistas y\ndetractores. Para unos ha sido un palad\u00edn de la libertad y de la lucha\nantiimperialista, para otros un sanguinario pol\u00edtico que antepon\u00eda su prop\u00f3sito\nante cualquier sentimiento humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s, personalmente puedo afirmar que el\nChe hizo so\u00f1ar a mi generaci\u00f3n.&nbsp; No hab\u00eda\nutop\u00eda en la que \u00e9l no estuviera presente y eso nadie se lo va a quitar.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso es que Humberto recalca que, a pesar de su derrota,\nel Che gan\u00f3 batallas despu\u00e9s de muerto y Kalfon afirma que, a pesar de ser un\ngran imprecador, aquel que profiere palabras con el vivo deseo de que alguien\nsufra da\u00f1o, tambi\u00e9n fue un portador de sue\u00f1os. <\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1n, adem\u00e1s, los militares bolivianos, aquellos que, seg\u00fan\nVacaflor, se transforman tanto\u2026 que pocos los reconocemos.&nbsp; Se autocalifican como pundonorosos.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre escuch\u00e9 esta palabra repetida muchas veces, y nunca\npude comprender su verdadero significado hasta que lo busqu\u00e9 en el diccionario.<\/p>\n\n\n\n<p>Tener pundonor quiere decir tener un sentimiento de orgullo\no amor propio que anima a mantener una actitud y apariencia dignas y\nrespetables.<\/p>\n\n\n\n<p>Al igual que Humberto, Jos\u00e9 Luis y Juan Carlos, he sufrido\nlos rigores de la dictadura. Hemos sido perseguidos y exiliados por Banzer;\napresados, torturados y exiliados por Luis Garc\u00eda Mesa y Luis Arce G\u00f3mez.&nbsp; De ah\u00ed que me resulta muy dif\u00edcil\nsincronizarlos con el pundonor.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero que hay militares con pundonor, los hay. Y en esta\nhistoria de la guerrilla ha habido uno que ha actuado con actitud y apariencia\ndigna, respetable y honorable.<\/p>\n\n\n\n<p>Desempe\u00f1ando su deber como militar que cumple ordenes, y\ndefiende la soberan\u00eda patria, captur\u00f3 al Che y lo entrego vivo a sus superiores\ndel comando de la Octava Divisi\u00f3n del Ej\u00e9rcito.<\/p>\n\n\n\n<p>El entonces capit\u00e1n Gary Prado Salmon, militar boliviano,\nactu\u00f3 pundonorosamente. Hoy, esos titiriteros a los que alude Humberto\nVacaflor, no le perdonan su pundonor.<\/p>\n\n\n\n<p>Para finalizar, me hago esta interrogante: \u00bfEs este un libro\nde historia o es simplemente un compendio de las reminiscencias de tres\nperiodistas?<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta la encuentro en Ryszard Kapu\u015bci\u0144ski,\nconsiderado uno de los periodistas mas admirados a nivel global; \u201cel maestro\u201d,\ncomo lo llam\u00f3 Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez. Kapu\u015bci\u0144ski no estudio periodismo. &nbsp;En su libro \u201cLos c\u00ednicos no sirven para este\noficio\u201d, escribi\u00f3: \u201cTodo periodista es un historiador. Lo que hace es\ninvestigar, explorar, describir la historia en su desarrollo.&nbsp; El buen y el mal periodismo se diferencia\nf\u00e1cilmente: en el buen periodismo, adem\u00e1s de la descripci\u00f3n del acontecimiento,\nten\u00e9is tambi\u00e9n la explicaci\u00f3n de por qu\u00e9 ha sucedido; en el mal periodismo, en\ncambio, encontramos solo la descripci\u00f3n, sin ninguna conexi\u00f3n o referencia con\nel contexto hist\u00f3rico.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cLa guerrilla que\ncontamos\u201d<\/em>, edici\u00f3n ya agotada, gracias a sus tres autores, es el reflejo\nfehaciente del buen periodismo que es historia en el momento mismo de su\ndesarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p>Adquieran el libro, no solo para tenerlo; adqui\u00e9ranlo para leerlo, estoy seguro que lo disfrutaran.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>(Palabras pronunciadas en la presentaci\u00f3n del libro <em>La guerrilla que contamos<\/em> en Santa Cruz de la Sierra, en Octubre de 2017).<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fernando Salazar Paredes Para empezar debo se\u00f1alar que presentar un libro, no es cosa f\u00e1cil. 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