{"id":1477,"date":"2026-05-28T13:37:32","date_gmt":"2026-05-28T17:37:32","guid":{"rendered":"https:\/\/desdeeltejado.com\/?p=1477"},"modified":"2026-06-02T13:42:04","modified_gmt":"2026-06-02T17:42:04","slug":"presagios-una-escritura-geologica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/desdeeltejado.com\/index.php\/2026\/05\/28\/presagios-una-escritura-geologica\/","title":{"rendered":"\u201cPresagios\u201d, una escritura geol\u00f3gica"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"935\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Presagios-Santa-Cruz-935x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1478\" srcset=\"https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Presagios-Santa-Cruz-935x1024.jpg 935w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Presagios-Santa-Cruz-274x300.jpg 274w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Presagios-Santa-Cruz-768x841.jpg 768w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Presagios-Santa-Cruz-863x945.jpg 863w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Presagios-Santa-Cruz-99x108.jpg 99w, https:\/\/desdeeltejado.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Presagios-Santa-Cruz.jpg 1143w\" sizes=\"auto, (max-width: 935px) 100vw, 935px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Magela Baudoin<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Presagios<\/em> es un libro de cuentos discreto, de no m\u00e1s de sesenta p\u00e1ginas, en el que me demor\u00e9 casi dos semanas. Denso, hermoso, mineral, desactiv\u00f3 mis sistemas defensivos de lectora habituada a los resortes del cuento y me puso a trabajar. De pronto me vi, martillo, mapa y lupa de campo en mano, frente a esta escritura geol\u00f3gica que obliga a excavar estratos de la memoria que presionan nuestro presente y abren grietas en la historia oficial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siguiendo a Cristina Rivera Garza, una escritura geol\u00f3gica vuelve visibles las capas colectivas del lenguaje. No entiende la escritura como un acto individual y \u201coriginal\u201d, sino como una superficie sedimentada por voces, archivos, citas, restos culturales y experiencias compartidas. Escribir, desde ah\u00ed, supone des-sedimentar y escuchar lenguajes ya habitados por otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Geol\u00f3gicos, entonces, son los cuentos de Juan Carlos Salazar. Su misterio se sostiene en almanaques, boleros, documentos judiciales, canciones populares, cartas, supersticiones, leyendas orales, archivos mineros y plegarias religiosas. El libro entero funciona como una excavaci\u00f3n de memorias hist\u00f3ricas y sensibles de Bolivia. Cada relato trabaja sobre aquello que qued\u00f3 depositado en la experiencia colectiva y que regresa para interpelarnos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Salazar desaf\u00eda en todo el libro la concepci\u00f3n lineal de la historia, la t\u00edpica del Capitaloceno depredador. En cambio se ocupa de las temporalidades que surgen entre las rendijas de los adoquines, de los diarios viejos, de la luna inmensa y crepuscular que nos mira diminutos desde el espacio exterior y alumbra por igual, el chaco desolado y sangrante, las vetas plateadas de una mina exhausta, las conspiraciones independentistas o los papeles fatigados de una biblioteca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, \u201cEl viejo Casiano\u201d recuerda las revueltas pace\u00f1as, las recorre y las anticipa en una caminata&nbsp; nocturna que desordena la cronolog\u00eda republicana. Casiano las ve venir porque las ha so\u00f1ado \u2013viejo amauta\u2013 y porque ese \u201cpopulacho\u201d que avanza por la ciudad no pertenece solo al presente: trae consigo la carga de otras sublevaciones vencidas, aplazadas, traicionadas y todav\u00eda vivas, como heridas abiertas. La Paz aparece entonces como una ciudad estratificada, donde los adoquines sellan cada levantamiento como episodio concluido, mientras el cuento deja o\u00edr su rugido de r\u00edo subterr\u00e1neo: \u201c\u00a1Ay La Paz de las rebeliones, de las conjuras y de las conspiraciones!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En \u201cAlmanaque\u201d, Salazar pone en contacto el archivo material y popular del tiempo \u2013el almanaque Bristol, con sus santorales y predicciones astrol\u00f3gicas\u2013, con el tiempo colosal de la Luna, que rige la guerra, la tierra y los \u00f3rdenes del firmamento. Ese archivo menor guarda memorias laterales de la historia y las enlaza con el archivo brutal de la Guerra del Chavo, sedimentado bajo el territorio como acumulaci\u00f3n de muerte. Desde la trinchera, entre listas de ca\u00eddos y partes militares, el narrador recuerda su almanaque, y la escritura hace coincidir ambos registros hasta volverlos inseparables. El presagio astral y el documento b\u00e9lico participan entonces de una misma econom\u00eda de la muerte, bajo una luna inmensa que no trae hasta nosotros solo cad\u00e1veres, sino la persistencia material de esas vidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En <em>Presagios<\/em>, los muertos nunca desaparecen del todo. En \u201cBolero\u201d, Ra\u00fal Shaw Moreno atraviesa la noche pace\u00f1a como una presencia convocada por la memoria musical. Lo importante no es el efecto fant\u00e1stico en s\u00ed, sino la forma en que la canci\u00f3n popular funciona como aparato de conocimiento para entender aquel tiempo y este. Las letras de los boleros se intercalan en los di\u00e1logos y producen una escritura desapropiativa entra\u00f1able, capaz de unir memoria \u00edntima, cultura popular e historia colectiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En \u201cSuplente\u201d, la sustituci\u00f3n adquiere una dimensi\u00f3n pol\u00edtica y afectiva. Un cura ocupa el lugar de \u201cLucho el bueno\u201d, para intentar salvarlo, y el cuento parece preguntarse qu\u00e9 habr\u00eda ocurrido si otro hubiese sido el destino, si la historia hubiera tomado apenas un desv\u00edo m\u00ednimo. La sustituci\u00f3n introduce as\u00ed una l\u00f3gica ucr\u00f3nica y colectiva: las vidas no aparecen aisladas, sino entrelazadas por relevos, cuidados y riesgos compartidos. Sustituir no significa borrar una identidad, sino asumir provisionalmente el lugar del otro, entrar en su peligro, cargar su posibilidad de muerte. Frente a la maquinaria del terror, Salazar imagina entonces una comunidad fr\u00e1gil donde los cuerpos todav\u00eda pueden imponerse entre la violencia y la desaparici\u00f3n, aunque fracasen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLegado\u201d es quiz\u00e1 el cuento que mejor dialoga con la idea de escritura geol\u00f3gica, porque se construye literalmente sobre un trabajo de excavaci\u00f3n archiv\u00edstica. Un hijo revisa el desv\u00e1n del padre muerto y encuentra peri\u00f3dicos, manuscritos, cartas, libros antiguos, cuadernos de notas y relatos fragmentarios sobre un minero desaparecido. El archivo no aparece ordenado ni estabilizado: es una masa homog\u00e9nea de materiales corro\u00eddos por el tiempo, donde la investigaci\u00f3n no conduce a una resoluci\u00f3n plena, sino a una proliferaci\u00f3n de huecos. Cada estrato descubierto abre otro vac\u00edo. El cuento establece as\u00ed una equivalencia decisiva entre miner\u00eda y escritura: el padre busca vetas documentales del mismo modo en que los mineros buscan vetas de plata. Ambos procedimientos implican perforar superficies, descender a profundidades inciertas, leer se\u00f1ales dispersas y exponerse al derrumbe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLa bicha\u201d puede leerse desde un desplazamiento antropoc\u00e9ntrico. Entender el cuento exige aceptar otro orden de conocimiento: el del mundo animal, con sus se\u00f1ales, ritmos y formas de advertencia. La bicha, vizcacha enorme que muestra o esconde el mineral, no funciona como simple amenaza fant\u00e1stica ni como criatura decorativa; introduce una inteligencia no humana que desestabiliza la seguridad con que los personajes interpretan el entorno. Sus signos obligan a leer la naturaleza no como paisaje disponible, sino como una materia viva que registra, responde y devuelve la violencia recibida. El cuento deja entrever un saber animal capaz de denuncias, sin discurso expl\u00edcito, la depredaci\u00f3n humana del mundo natural.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiero cerrar esta lectura geol\u00f3gica de <em>Presagios<\/em> con una precisi\u00f3n importante. Este libro no vuelve sobre los restos \u2013guerras, revoluciones, minas agotadas, sistemas pol\u00edticos derrumbados\u2013 para tratarlos como ruinas. Salazar los leer desde una escritura que entiende la investigaci\u00f3n como cuidado y justicia: excavar no para ordenar cad\u00e1veres ni fijar una verdad definitiva, sino para escuchar lo que persiste entre los sedimentos de la historia. Por eso, all\u00ed donde el archivo oficial acumula p\u00e9rdidas, esta escritura encuentra continuidad, v\u00ednculos y belleza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Santa Cruz de la Sierra, 28 de junio de 2026.-<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Magela Baudoin Presagios es un libro de cuentos discreto, de no m\u00e1s de sesenta p\u00e1ginas, en el que me demor\u00e9 casi dos semanas. Denso, hermoso, mineral, desactiv\u00f3 mis sistemas defensivos de lectora habituada a los resortes del cuento y me puso a trabajar. 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