{"id":1339,"date":"2025-08-31T17:13:08","date_gmt":"2025-08-31T21:13:08","guid":{"rendered":"https:\/\/desdeeltejado.com\/?p=1339"},"modified":"2026-03-13T17:15:40","modified_gmt":"2026-03-13T21:15:40","slug":"tupiza-en-el-recuerdo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/desdeeltejado.com\/index.php\/2025\/08\/31\/tupiza-en-el-recuerdo\/","title":{"rendered":"Tupiza en el recuerdo*"},"content":{"rendered":"\n<p>Seg\u00fan el dicho popular, un viaje se vive tres veces: cuando lo so\u00f1amos, cuando lo vivimos y cuando lo recordamos. El libro de Hugo Jos\u00e9 Su\u00e1rez, <em>Tupiza, un viaje hacia los recuerdos<\/em> (Editorial 3600), recoge esos tres momentos: los sue\u00f1os de su autor, sus vivencias y sus recuerdos. El sue\u00f1o de la Tupiza que imaginaba antes de conocerla, la experiencia que vivi\u00f3 cuando la conoci\u00f3 y, finalmente, el recuerdo de esa vivencia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>V\u00edctor Hugo dijo alguna vez que \u201cviajar es nacer y morir a cada instante\u201d. El viaje es una met\u00e1fora de la vida misma. Como toda aventura, tiene un nacimiento y una muerte, dos momentos vitales en la existencia de un ser humano. Llegar es nacer, partir es morir.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo viaje nace en la imaginaci\u00f3n y muere en el recuerdo, muere cuando la memoria ajusta cuentas con la realidad. Recordamos lo que sentimos m\u00e1s que lo que vivimos. Y, escribimos, como dijo Garc\u00eda M\u00e1rquez, no lo que vivimos, sino lo que recordamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ibn Battuta, el gran explorador marroqu\u00ed que recorri\u00f3 durante veinte a\u00f1os parte de \u00c1frica, Europa, Oriente Medio, Asia central y China a mediados del siglo XIV, dijo que \u201cviajar te deja sin palabras\u201d, pero que cada viaje te convierten en \u201cun narrador de historias\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los viajes han convertido Hugo Jos\u00e9 Su\u00e1rez en un narrador de historias. De hecho, tiene un libro de viajes y fotograf\u00edas, a manera de bit\u00e1cora virtual, que lleva por t\u00edtulo <em>Viajar, mirar, narrar<\/em>, publicado en 2018.<\/p>\n\n\n\n<p>Su\u00e1rez recuerda su visita a Tupiza y Santa Rosa, la hacienda de sus abuelos maternos, Jos\u00e9 Mar\u00eda y Elena, ubicada entre Nazareno y Suipacha, a pocos kil\u00f3metros de Tupiza, una finca construida en 1840, cuyo primer propietario fue el presidente Aniceto Arce. Diputado, empresario, intelectual, pol\u00edtico liberal y emprendedor, don Jos\u00e9 Mar\u00eda Su\u00e1rez arriesg\u00f3 todo su capital para rehabilitar Santa Rosa. Y lo logr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor escribe: \u201cTupiza estuvo presente en el relato de mi familia desde que tengo memoria. Objetos, an\u00e9cdotas, historias, fotos, visitas. Como el eco permanente de un per\u00edodo que marc\u00f3 a mi madre, mi t\u00edo y mi abuela, resonaba alguna referencia en cualquier conversaci\u00f3n. Era el pasado, siempre reanimado en la palabra, siempre actualizado en el relato\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Transcurrieron d\u00e9cadas antes de conocerla. Finalmente surgi\u00f3 la posibilidad y viaj\u00f3 acompa\u00f1ado de once miembros de su familia. Para todos los integrantes de la partida, escribe, \u201cTupiza resonaba de distinta manera\u201d, porque cada uno se hab\u00eda hecho su propia idea del pueblo del que tanto hab\u00edan o\u00eddo hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>Beatriz, la hija del patriarca, les dice al partir: \u201cVoy para compartir con ustedes el lugar donde fui m\u00e1s feliz y m\u00e1s triste en mi vida a la vez\u201d. \u00bfPor qu\u00e9?, le pregunta Hugo Jos\u00e9. \u201cPorque era la reina del lugar \u2013le responde\u2013, y porque mi papi muri\u00f3 all\u00e1, y todo se me vino abajo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, claro, la peque\u00f1a ciudad que los recibi\u00f3 estaba lejos de ser el pueblo que ellos hab\u00edan imaginado, muy distinto al que cobij\u00f3 a la familia a mediados del siglo pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>No me llama la atenci\u00f3n, porque a m\u00ed, como tupice\u00f1o, me ocurri\u00f3 exactamente lo mismo en mi primer retorno, despu\u00e9s de 50 a\u00f1os. Me ocurri\u00f3 lo mismo en mi primer retorno, digo, porque el segundo me supo diferente.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor cita a manera de ep\u00edgrafe una hermosa frase del poeta mexicano Rub\u00e9n Bonifaz Nu\u00f1o, quien dijo alguna vez: \u201cRegreso a donde nunca estuve\u201d. Viajar a Tupiza, para Hugo Jos\u00e9, fue exactamente eso, regresar a un lugar donde nunca estuvo antes; para un tupice\u00f1o, ser\u00eda regresar al lugar del que nunca hab\u00eda salido.<\/p>\n\n\n\n<p>El fundador de las letras tupice\u00f1as, Eduardo Wilde (1844-1913), qui\u00e9n naci\u00f3 y vivi\u00f3 en Tupiza a mediados del siglo XIX, hace en una hermosa descripci\u00f3n de su pueblo natal en su novela <em>Aguas abajo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Wilde describe a Tupiza como una villa \u201cmodesta, elemental y rara\u201d, con solo dos calles, la calle izquierda y la calle derecha, nombres que no se justificaban porque la izquierda era m\u00e1s derecha que la otra, y porque pod\u00edan cambiar de nombre seg\u00fan la direcci\u00f3n del transe\u00fante; una villa donde \u201cno hab\u00eda peri\u00f3dicos, ni demagogos ilustres, ni tribunos hip\u00f3critas y abnegados, ni defensores profesionales de los derechos del pueblo, nombrados por s\u00ed mismos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad \u2013dice Wilde\u2013, all\u00ed no hab\u00eda un pueblo \u201cpropiamente hablando\u201d, sino \u201cun reducido n\u00famero de habitantes\u201d, quienes \u201ctrabajaban mansamente, se divert\u00edan en las fiestas, rezaban a sus santos, enterraban sus muertos (muy pocos, por cierto) y dejaban correr la vida seg\u00fan como ven\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no dir\u00eda que el pueblo en el que transcurri\u00f3 mi infancia era el mismo de Wilde. Ni el de la familia Su\u00e1rez. Pero, probablemente, algo le quedaba, porque los pueblos, como se sabe, no son sus calles, sus plazas ni sus construcciones, sino el esp\u00edritu que vive en su gente y que pervive en sus tradiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En su descripci\u00f3n del pueblo que encontr\u00f3, Hugo Jos\u00e9 nos habla de los tamales envueltos en chala y las humintas aromatizadas con albahaca, que guardan el mismo sabor de anta\u00f1o; del pan que sabe a pueblo; de los almacenas repletos de tambores de coca y lej\u00eda de distintos colores y formas; de su mercado \u00fanico, donde \u2013nos dice\u2013 \u201cel tiempo parece tener otro ritmo\u201d, y de su escuelita pueblerina, donde yo aprend\u00ed a leer.<\/p>\n\n\n\n<p>Menciona a personajes que conoc\u00ed en mi ni\u00f1ez y adolescencia: las hermanas Egu\u00eda, el doctor Inchauste, Don Juli\u00e1n el boticario, Don Marcos Lozano y el anarquista L\u00edber Forti, mi amigo y mentor, quien \u2013\u00a1oh sorpresa!\u2013 fue el gran amor de la abuela Elena tras la muerte del abuelo Jos\u00e9 Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En la lectura me reconozco y reconozco a la Tupiza de siempre. La de Wilde, la de Hugo Jos\u00e9 y, por supuesto, la m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Un enclave, como bien lo describe, \u201cen un valle luminoso tapizado de maizales, molles y sauces llorones\u201d, ba\u00f1ado por las aguas dorados de su r\u00edo y arropado por sus cerros colorados; un pueblo de artistas y gente bohemia, que un diplom\u00e1tico espa\u00f1ol describi\u00f3 hace 40 a\u00f1os como la \u201cSantillana cant\u00e1brica de Bolivia\u201d por su vida cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>L\u00edber Forti dec\u00eda que Tupiza es un pueblo que da \u201cla sensaci\u00f3n de un sentimiento fant\u00e1stico, que es el amor\u201d, en una descripci\u00f3n que recuerda a la definici\u00f3n que alguna vez ofreci\u00f3 Garc\u00eda M\u00e1rquez del m\u00edtico <em>Macondo <\/em>como \u201cun estado de \u00e1nimo\u201d. Tupiza es el Macando boliviano.<\/p>\n\n\n\n<p>Los descendientes de Jos\u00e9 Mar\u00eda y Elena visitan Nazareno y Suipacha para conocer la \u201ccasa grande\u201d de Santa Rosa, ubicada entre ambas aldeas. Hugo Jos\u00e9 se encuentra con pueblos fantasmas, caser\u00edos que han perdido la vida; casas abandonadas, con puertas de madera viejas y muros de adobe cay\u00e9ndose a pedazos, techos destruidos por el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su madre le cuenta que en el hotel de Don Marcos Lozano, en Nazareno, el \u00fanico del pueblo, hoy abandonado, se realizaban grandes fiestas, a las que acud\u00eda la \u00e9lite de la regi\u00f3n, muy bien arreglada. Una historia que escuch\u00e9 de mi madre, puesto que la hacienda de mi bisabuela, Charaja, estaba ubicada frente a Nazareno, al otro lado del r\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>De Santa Rosa, nos dice, no quedaba \u201cni el eco del grito que fue\u201d; solo adobes, tierra, polvo, plantas e insectos; un trozo de azulejo, un diminuto pedazo de vidrio de lo que fue un vitral y un elegante adorno encima de los arcos del solario de la entrada.<\/p>\n\n\n\n<p>Hugo Jos\u00e9, adem\u00e1s de narrador, es un excelente fot\u00f3grafo. Yo dir\u00eda un excelente \u201cnarrador gr\u00e1fico\u201d. Y como suele hacer en todos su viajes, adem\u00e1s de tomar notas, registr\u00f3 con su c\u00e1mara las im\u00e1genes de Tupiza, Nazareno y Suipacha. All\u00ed est\u00e1n las paredes, las puertas, las ventanas, los portales y, claro, las gentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Las im\u00e1genes me recordaron a otro gran fot\u00f3grafo y narrador: Juan Rulfo. Y, por supuesto, a <em>Pedro P\u00e1ramo<\/em>, porque estoy seguro de que Hugo Jos\u00e9 detect\u00f3 en las ruinas que recorri\u00f3 los murmullos y latidos de sus antiguos moradores; la m\u00fasica de las fiestas y el terso pasar de las p\u00e1ginas de los cientos de libros que dice que albergaba la fabulosa biblioteca de la \u201ccasa grande\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Al terminar el viaje, Hugo Jos\u00e9 escribe: \u201cNos vamos con la misma nostalgia, con ese sentimiento extra\u00f1o de visitar un cementerio que todav\u00eda alberga algunas memorias que se niegan a morir\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor cita como otro ep\u00edgrafe una frase del escritor y fil\u00f3sofo mexicano Jos\u00e9 Vasconcelos, quien dijo que \u201cun libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancol\u00eda\u201d. Y es lo que siente el lector al recorrer las p\u00e1ginas de <em>Tupiza, un viaje hacia los recuerdos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>(*) Texto le\u00eddo en la presentaci\u00f3n de T<em>upiza, un viaje hacia los recuerdos <\/em>en la Feria Internacional del Libro de La Paz, el 1 de agosto pasado.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seg\u00fan el dicho popular, un viaje se vive tres veces: cuando lo so\u00f1amos, cuando lo vivimos y cuando lo recordamos. El libro de Hugo Jos\u00e9 Su\u00e1rez, Tupiza, un viaje hacia los recuerdos (Editorial 3600), recoge esos tres momentos: los sue\u00f1os de su autor, sus vivencias y sus recuerdos. 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